Inicio Opinión El pensar como agradecimiento. Autora: Emma Rubio

El pensar como agradecimiento. Autora: Emma Rubio

“Nuestra tarea es impregnar esta tierra provisoria y perecedera tan profundamente en nuestro espíritu, con tanta pasión y paciencia, que su esencia resucita en nosotros invisible”, decía Rilke en la Elegias de Duino. Nuestro hacer cotidiano, nuestro deber ser, implica llegar a realizarlo sobre lo invisible para construirlo y de este modo hacerlo visible. Me explico: según el poeta nosotros debemos crear de lo más prístino lo que es tangible. Sin embargo, el mundo nos asombra de tal modo, que nos arrebata de nuestra propia existencia y terminamos siendo esclavos del diario vivir.

Lo invisible nos sorprende y es entonces cuando nos cedemos a la más pura manifestación del ser, a nuestro deseo, decía Baudelaire, “queremos tanto ese fuego que nos quema el cerebro, hundirnos en el fondo del abismo, infierno, cielo ¿qué importa?” Sin embargo, en estas fechas nos da por ponernos reflexivos y hasta optimistas pues no falta quien aún cree en sí mismo y la esperanza de que “ahora sí”…

Yo tan solo veo una sola posibilidad para sobrevivir a este caótico, interesante, surrealista mundo. Y esa única posibilidad es la de pensar. Pensar a lo Heidegger, es decir, pensar perteneciendo al ser, a la escucha del ser. Pensar para el mago de la Selva Negra, no es otra cosa que pensar en el ser en cuanto pertenece a él y lo escucha y por lo mismo, lo recuerda. Pensar, entonces, es recordar y agradecer. Pensar es entonces recordar y recordarse (el Gedanc alemán). Pensar para el “rey secreto del pensamiento” como lo llamó Hanna Arendt, pone una pista en un juego de etimologías que termina siendo muy develador, lo cual me parece fascinante y muy ad hoc para estos tiempos si se comprende. Lo intentaré explicar: Heidegger toma la palabra Denken (pensar), An-denken, Gedächtnis (recuerdo) y Dank (gratitud). De ahí que para Heidegger pensar sea recordar y agradecer porque Gedanc, al parecer, tendría su equivalente en el término Muot que significa alma o corazón en un sentido mucho más radical que el coeur pascaliano. Heidegger con esto, nos pone de manifiesto un ejemplo de cómo las definiciones conceptuales de las palabras, pueden ser una atrofia lingüística. Así pues el Gedanc tiene su sede en el recuerdo y la gratitud.

En la gratitud el alma recuerda lo que tiene y es. Recordando así y parafraseo al pensador, el alma se piensa a sí misma como propiedad de aquello a lo que pertenece no solo en el sentido de sumisión, sino sujeta en virtud del recogimiento que escucha. La gratitud primigenia es el deberse al otro. Y si esto nos lo tomamos en serio, es entonces el pensamiento el acto de ser en relación a los otros. Es así como fundamos mundos y el fundar es “abrir” el hacerse aparecer ante el mundo, decir la esencia de las cosas, nombrar al todo, quizá a dios diría Heidegger, Así, Ser, mundo, cosas, dios forman la constelación en que se desenvuelve la existencia humana. Y es aquí donde entra el más auténtico modo de existencia, el habitar poético. (Empédocles, III,78)

“Ser cada uno uno mismo:
eso es la vida; que nosotros, los otros,
somos ensueño de eso.”

Pensar en el fin de algo como en este caso, el fin de un ciclo; demanda sin duda pensar en el sentido más estricto del acto, es decir, agradecer. Pensar es agradecer y es por ello que hoy invito a que más que hacernos banales promesas a nosotros mismos, mejor agradezcamos el simple hecho de tener la capacidad de pensar, pues ante un mundo como el que habitamos mas vale que nutramos el pensamiento y hagamos de este mundo una digna morada. Hoy los tiempos nos demandan humildad, humanidad y no razones.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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