Inicio Opinión El PAN: primero como tragedia, después como farsa… pero sigue vivo (por...

El PAN: primero como tragedia, después como farsa… pero sigue vivo (por José Reyes)

CIUDAD DE MÉXICO, 18OCTUBRE2025.- Militantes panistas durante la marcha del relanzamiento del Partido Acción Nacional (PAN) que partió del Monumento a la Revolución rumbo al Ángel de la Independencia. FOTO: MARIO JASSO/CUARTOSCURO.COM

José Reyes Doria

@jos_redo

Abundaron las burlas por “relanzamiento” del PAN. Los memes lapidarios no se hicieron esperar. Las descalificaciones éticas e ideológicas, unas más ingeniosas, otras más ramplonas, fulminaron el estertor panista. En diversos sentidos, tanto en su nuevo lema de “patria, familia y libertad”, como en el coqueteo con líderes y movimientos de la ultraderecha internacional, el evento de relanzamiento dejó como primera impresión que el PAN es un partido desdibujado, vacío, débil y sin liderazgos propios. La puesta en escena panista asemejó a un reality show, como la Casa de los Famosos, aunque casi todos los presentes son de mala fama.

Las críticas desde el oficialismo orgánico y el aparato de propaganda del régimen hicieron rápidamente lo suyo, en la mayoría de los casos recurriendo al mismo esquema reduccionista y maniqueo que los promotores del PAN. De entre la comentocracia afín al régimen, llama la atención la opinión de Viri Ríos, quien alerta sobre algo obvio en un análisis político menos pasional: el PAN no está muerto, y, potencialmente, es el partido que, llegado el momento, será el sucesor de Morena en el poder.

Por ello, vale la pena abordar otro ángulo para revisar los movimientos que está realizando el partido conservador mexicano. Desde su fundación, el PAN fue la única fuerza política reconocida por el régimen, en un sistema político donde el partido de Estado, el PRI, era materialmente invencible. Pero en el sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari (1988-1994), el PAN llevó al extremo el pragmatismo y se convirtió en un aliado poderoso del régimen priista. Salinas fue el encargado de intensificar la instauración del modelo neoliberal en México, y los panistas lo respaldaron con verdadero júbilo.

Porque el programa económico neoliberal, en lo sustancial, coincidía con la doctrina del PAN. Además, el PAN logró que le reconocieran victorias en elecciones de gubernaturas, y, junto con diversos movimientos sociales y el PRD, obligaron a reformas al sistema político-electoral que nivelaron un poco el juego electoral. Los años noventa fueron el momento de mayor poder e influencia del PAN, yo diría que en ese lapso influyeron más en los destinos del país que en el lapso en que ocuparon la Presidencia de la República (2000-2012 con Fox y Calderón).

De hecho, el panismo se jactaba en los noventas de haber obtenido una contundente victoria cultural, pues su doctrina económica y política había sido adoptada e implementada por el régimen priista. De fondo, está el hecho de que el PRI, para ese entonces, ya era un partido claramente neoliberal de derecha. El PAN en la Presidencia de la República fue realmente estéril y desastroso en algunos aspectos. Fox le entregó la operación política al PRI en el Congreso, en las gubernaturas, en las regiones; se apoyó en las estructuras priistas sindicales, campesinas, empresariales.

Por eso, el PAN apenas pudo llegar a un segundo sexenio con Felipe Calderón. El desencanto social con el PAN-Gobierno fue brutal, y tuvieron que echar a andar una verdadera elección de Estado en 2006, para impedir que llegara AMLO. En esas condiciones, Calderón incurrió en una de las más grandes irresponsabilidades que haya cometido Presidente alguno, que fue la guerra descontrolada contra el narcotráfico, que, como hoy sabemos, en parte fue una guerra de complicidades con los carteles, y desató una ola de violencia criminal que, ni el gobierno de Enrique Peña Nieto ni el de AMLO pudieron ni quisieron enfrentar.

Dos sexenios, doce años duró en el poder nacional el PAN. Tan profundo fue el malestar de la sociedad mexicana, que en 2012 ocurrió algo que parecía improbable: en un acto que rayó en el masoquismo, la gente votó por el regreso del PRI al poder. Incorregible nato, el priismo llegó a la Presidencia de la República con hambre y voracidad incontenibles, la corrupción arrasó con todo, con impunidad, cinismo y desmesura. De esa forma, en 2018 la gente expresó su deseo de borrar del mapa, para siempre si fuera posible, al PAN y al PRI. El PRI ya está muerto, el PAN sigue vivo.

Aquí es donde viene al caso el título de esta columna. Recordemos el comienzo de la célebre obra de Marx, El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte: los hechos y los personajes históricos se presentan, por así decirlo, dos veces, la primea como tragedia, la segunda como farsa. En el libro de Marx, Luis Bonaparte y su golpe de Estado en Francia a mediados del siglo XIX, era una farsa en comparación con la dimensión trágica heroica del gran Napoleón Bonaparte.

Así, la llegada al poder del PAN tuvo la dimensión trágica de sacar al PRI de la Presidencia de la República e imponer su doctrina económica y social como eje de la misión estatal entre 1989 y 2012. Fue una dimensión trágica, no en el sentido de que haya sido una desgracia, sino porque fue un cambio intenso en el imaginario político, si bien ya dijimos que en el fondo tanto el PRI como el PAN estaban hermanados por el credo neoliberal, y se fundieron en la cultura política priista del patrimonialismo, la corrupción y la impunidad (mucho de esa cultura priista sigue viva).

Hoy, el “nuevo” PAN hace un relanzamiento pretendidamente espectacular. Trata de emular el triunfalismo fundado del panismo de los años noventas, cuando Carlos Castillo Peraza, Diego Fernández de Cevallos y Luis H. Álvarez proclamaban la victoria cultural del PAN y auguraban con arrogancia que su conquista de la Presidencia de la República era inevitable. Pero hoy, el PAN está lejísimos de esa aura de poder, sus liderazgos son impresentables o inexistentes sin alcance nacional, y su relanzamiento se pareció más a la presentación de una nueva marca de jabón. El nuevo logo del PAN es similar al de una bolsa de detergente. La segunda vez, como farsa, tenía razón Marx.

Pero, a riesgo de entrar en alguna contradicción con lo anterior, me parece que, en un análisis político exento de ideologías y fobias, no es razonable dar por muerto al PAN. Para decirlo claramente: en algún momento, en 5 o 15 o 30 años, Morena y el bloque claudista-obradorista perderán el poder, y el partido político que, hoy, tiene más potencial para ser el sucesor es el PAN.

Porque el PRI está prácticamente muerto. Movimiento Ciudadano no tiene vocación ni capacidades para aspirar al poder nacional. El PT y el Verde tampoco tienen vocación de poder nacional, además de que su alianza con Morena les es sumamente funcional, hasta ahora.  A menos que surgiera un partido nuevo con vocación y potencia para ganar la Presidencia de la República, pero eso es poco probable, y ya ocurrió con el propio Morena. Difícilmente ocurriría nuevamente en el mediano plazo.

Para los seguidores y simpatizantes de la llamada Cuarta Transformación, es impensable que, llegado el momento, el PAN sea el sucesor de Morena. Morena es un movimiento-gobierno de izquierda y popular, piensan sinceramente sus seguidores; y en buena medida, así es. Entonces, sería cuasi diabólico que el pueblo eligiera en un momento, próximo o lejano, al PAN para echar del poder a los amigos del pueblo. Pero, en mi opinión, lo que ha determinado los golpes de timón del Pueblo en las urnas, como en el año 2000 o en 2018, no ha sido la postura ideológica, o al menos no sólo eso, sino el sentimiento y la percepción de hartazgo ante el abuso, la robadera y el cinismo de los gobernantes.

Ahora, si vemos una línea del tiempo, en México la mayor parte del tiempo histórico ha gobernado una fuerza política de derecha o de centroderecha o de centro. Los gobiernos de izquierda o populares han sido la excepción, antes de la 4T solo existe el antecedente del gobierno de Lázaro Cárdenas (1934-1940). Entonces, lo más probable es que en la próxima alternancia sea el PAN el sucesor de Morena.

Hoy el régimen de la 4T luce invencible, pero nada es para siempre y la política es impredecible. El PAN sería el sucesor por el sencillo hecho de que está ahí, vivo y con vocación de poder. Ha sido la fuerza política dominante en la década de los noventas, y gobernó México en la primera década del siglo XXI. Ha competido por el poder, lo ha ganado, lo ha dilapidado y lo ha perdido, pero lo conoce.

La cuestión es cuándo y cómo ocurriría esa alternancia. Puede ser de forma pacífica o convulsionada, puede ser con una apertura panista a sectores sociales y escisiones de Morena que moderen el credo derechista del PAN. También puede ser un corrimiento radical hacia la ultraderecha medieval con personajes como Ricardo Salinas Pliego que se adueñen o compren al PAN. ¿Cuándo? Ese es el misterio de la política y la historia. Los seguidores de la 4T que estarán mil años en el poder, sus adversarios sueñan con que ya, que mañana mismo se derrumbe la 4T.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

Deja un comentario

Discover more from Julio Astillero

Subscribe now to keep reading and get access to the full archive.

Continue reading