El más peligroso de los autoengaños: la normalidad. Autora: Emma Rubio

Imagen ilustrativa. Foto: OEM-Informex.

Fue el primero de diciembre del 2019 cuando el mundo comenzó a cambiar. La sociedad sin darse cuenta estaba a punto de perderlo todo y a cederlo todo por el horror que le ponía de cara a la muerte. Desde entonces, muchos seres humanos han muerto, algunos han estado a punto y otros siguen llorando la muerte de aquellos que le ponen ante la evidencia de su propia mortandad.

En el inicio hubo sus momentos románticos en los que la flora y la fauna recuperaron su territorio, las personas desde sus balcones se sentían uno mismo y se sentían con ganas de ser solidarios y amigos, algunos seres vivos se dieron cuenta de su propia existencia y cobraron conciencia al respecto y decidieron realizar un cambio importante en su vida pero el hartazgo llegó, el miedo a morir se ha ido convirtiendo poco a poco en un terror oculto bajo el manto del egoísmo, lo peor de la raza se está comenzando a manifestar. Aquellos que tenían tendencia controlada a ser soberbios ya no la controlan, los que temían mostrar sus cualidades más oscuras ya no pueden contenerlas y de pronto, el mundo se ha modificado sin que nos demos cuenta por el hecho de aferrarnos a la vida que conocimos antes.

Basta ver las noticias día con día, mismas notas con una que otra variante para disimular el gran círculo de miseria en el que nos encontramos; una miseria que se trata de disimular tras la ola de mentiras que hoy parece ser la verdad por excelencia. La gran paradoja se hace manifiesta en el momento que la gran mentira es la única verdad que prevalece y no me refiero a que estemos siendo víctimas de conspiraciones ni falta que hace que otros muevan los hilos (aunque sí los mueven), por nuestra propia cuenta, hemos cedido voluntad y conciencia al juego perverso de manipulación y el proceso de deshumanización.

Fue el primero de diciembre del año 2019 cuando la humanidad comenzaba su transformación acaeciendo en un gran retroceso a la bestialidad, en donde se prefiere jugar a la nueva normalidad tratando de engañar la propia mente con la fantasía de lo normal. No, no es normal habitar un mundo delirante.

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El delirio es justo el hilo conductor de esta narrativa humana, de ahí mi pavor a lo que se adviene. Generaciones que han estado creciendo en un mundo en el que sus padres y madres desconocen, yo me pregunto ¿cómo educar en tiempos de pandemia cuando nunca antes se experimentó una? ¿qué forma obtendrá la educación después de la pandemia? La realidad nos engulle como una especie de Leviatán pero ahora no es el Estado como en su momento lo supuso Hobbes, ahora es la misma sociedad esa gran bestia que nos engulle y nos pasa por cada una de sus más voraces extremidades haciendo de cada uno de nosotros seres potencialmente violentos por el terror a ser exterminados. Pretender que el mundo siga siendo el que era previo a ese primero de diciembre es inocente, incluso hasta inconsciente. Añorar el pasado es perder el tiempo, por lo cual, quizá sea ya tiempo de dar paso a lo único que nos puede ayudar a sobrevivir de nosotros mismos: la filosofía. Es justo el momento preciso para hacernos las preguntas adecuadas, mirar hacia nuestro interior y replantearnos como diría Píndaro ¿quién queremos llegar a ser? ¿hay aún tiempo? ¿la esperanza podrá ser una nueva forma de hacer política? ¿la noción de justicia desde dónde habrá que comprenderla? ¿realmente todos los seres humanos somos iguales o ya nos dimos cuenta de algo más? ¿somos libres, de hecho, realmente hemos sido libres alguna vez? Ante todos estos cuestionamientos lo único que puedo concluir es que si aún queda un ápice de esperanza en la humanidad no hay más vía que el camino de la filosofía, pues eso es justo volver al origen, enfocarnos en el pensamiento humano y lo que conlleva tomarlo en serio puesto que la pregunta primordial en un momento de la filosofía fue ¿qué es el ser? Quizá ahora ese cuestionamiento primordial sea ¿sabes quién quieres ser? En el momento que se hagan de lado esos miedos ocultos tras la cara de la prepotencia, el egoísmo y la falta de empatía quizás… solo quizás, en ese momento, logremos descubrir quiénes somos realmente y por ende, qué futuro nos depara.

Emma Laura Rubio Ballesteros
Emma Laura Rubio Ballesteros

Licenciada en filosofía, maestra en educación y especialista en Teoría Crítica y hermenéutica, certificada en educación socioemocional. Autora de diversos artículos en revistas académicas

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