El liberalismo mexicano ha sido siempre pro-estadunidense. Autor: Venus Rey Jr.

Se ha oficializado ya la visita del presidente Andrés Manuel López Obrador al presidente Trump. El canciller Ebrard anunció que ha sido recibida la invitación por parte del gobierno de Estados Unidos y que el presidente mexicano estará en Washington los días 8 y 9 de julio.

Los críticos del presidente encuentran en este viaje un desatino, pues hay un proceso electoral en Estados Unidos, y Trump busca la reelección, de modo que, si bien es presidente, también es candidato a la presidencia para el periodo que va del 20 de enero de 2021 al 20 de enero de 2025. Los opositores del presidente ven en este viaje una repetición, pero a la inversa, de lo que sucedió en 2016, cuando el entonces candidato Donald Trump fue recibido con honores por el presidente Peña Nieto: los demócratas vieron esta visita como un aval del gobierno mexicano a la candidatura de Trump. López Obrador y sus seguidores criticaron duramente a Peña Nieto por este hecho. Pero ahora las cosas de algún modo se repiten. En efecto, no podemos tapar el sol con un dedo y negar que el candidato/presidente Trump usará la visita de su homólogo mexicano electoralmente, y tampoco podemos negar que el partido demócrata se sentirá agraviado. Por eso muchas voces han manifestado que sería mejor hacer el viaje una vez pasada la elección en Estados Unidos, lo cual ocurrirá el martes 3 de noviembre.

Sin embargo, el martes 30 de junio, López Obrador declaró que la pertinencia del viaje es ahora, no en noviembre, pues la visita se da, según explicó, en el contexto de la entrada en vigor del T-MEC, que es el 1 de julio. ¿Por qué esperar tantos meses? Un viaje en noviembre, según López Obrador, perdería todo el sentido de oportunidad. Para el presidente mexicano, el T-MEC es de fundamental importancia, lo ha dicho muchas veces y es notorio que finca la recuperación económica de México en ese tratado. Las cosas no serán tan fáciles, pues Estados Unidos atraviesa una crisis inédita, pero ese es otro tema.

No se puede negar que con este viaje el presidente estará de facto apostando por un Trump vencedor. Puede que AMLO sea consciente de ello, o no, pero eso no quita a nadie esa impresión, especialmente a los demócratas. Si la apuesta es por Trump y Trump pierde, AMLO perderá también; y la pérdida será aún mayor si a ese encuentro no asiste Justin Trudeau. Pero si gana Trump, López Obrador ganará mucho. El problema es que, en este momento, las encuestas favorecen por más de dos dígitos al candidato demócrata. Una apuesta así parece temeraria. Pero, como López Obrador ha dicho innumerables veces, no hay que andarse con medias tintas ni titubeos, es momento de tomar partido. Y en el caso de la elección de los Estados Unidos, el presidente mexicano se decanta con claridad.

Nunca pensé que vería al líder de la izquierda mexicana decantarse por el presidente americano más conservador y antimexicano del último siglo, pero eso es lo que está pasando, insisto, esté AMLO o no consciente de ello. No me imagino las piruetas silogísticas que harán algunos de sus seguidores como John Ackerman, Héctor Díaz Polanco, Yeidckol Polevnsky, Manuel Bartlett o Dolores Padierna, para justificar esta visita, celebrarla –como todo lo que siempre le celebran– y armonizarla con el nacionalismo y la posición política muy de izquierda (pro-cubana, pro-venezolana) que pregonan. Se las ingeniarán. Seguramente Ackerman hará referencia a la cercanía que tuvo el presidente Juárez con los Estados Unidos. Y ese es precisamente el quid de este artículo: el liberalismo mexicano (del XIX, del XX o del XXI) ha sido y es profundamente pro-yankee.

Los conservadores mexicanos del XIX fueron pro-franceses, y los liberales fueron pro-americanos. No existió algo así como “pro-mexicano” en ninguno de los dos bandos. Desde la primera Constitución Federal de 1824, los liberales emularon al pie de la letra el federalismo de los Estados Unidos, mientras los conservadores pugnaban por un gobierno centralista, lo cual pronto lograron. Entre 1835 y 1836 se consolidó la independencia de Texas, y poco después, entre 1846 y 1848, los estadunidenses dieron a México el golpe más duro hasta la fecha. Ninguna otra nación había causado –ni hasta la fecha ha causado– más daño a México que los Estados Unidos, así que no resulta fácil creer que inmediatamente después, en la década de 1850, con la derrota aún muy fresca, los liberales hayan confraternizado con los americanos. En 1858, tan sólo a diez años de la “anexión” de más de medio México a Estados Unidos, Juárez rogaba el apoyo de los americanos para sostener su presidencia interina. Con tal de ser reconocido presidente, Juárez entregó a perpetuidad el istmo de Tehuantepec a los americanos, lo cual luce tan antipatriótico como traer a un emperador europeo patrocinado por Francia. Para fortuna nuestra, el tratado McLane-Ocampo no fue ratificado por el Senado estadunidense (en otro momento explicaré por qué; desde luego no fue por hacernos un favor). Los liberales condenaban a los conservadores porque éstos buscaban el apoyo de Francia, pero la verdad es que liberales y conservadores por igual mendigaron el apoyo, respectivamente, de Estados Unidos y Francia. ¿Y México? Nada. Todo era cuestión de tener el poder.

A fin de cuentas, el bando ganador fue el liberal. Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz fueron sus campeones. Juárez habría sido ese dictador liberal de no haber sido sorprendido por la muerte; Lerdo habría sido ese frívolo y diletante dictador de no ser porque lo tumbó Díaz. En Díaz el liberalismo mexicano del XIX, tan admirado por López Obrador y sus seguidores, alcanzó su apoteosis. Los liberales entregaron el país a los Estados Unidos, más que a cualquier otra nación. Tan malos fueron los liberales como los conservadores, pero como los primeros ganaron, escribieron la historia.

El presidente Obrador opta por los Estados Unidos. Y qué bueno. El T-MEC es, digamos, un seguro que protege a México de convertirse en una república bolivariana. Los opositores del presidente no deberían estar tan alarmados con el asunto del viaje. El grupo más de izquierda de la 4T debería estar horrorizado. Pero vivimos en un mundo en donde la lógica no impera, un mundo al revés, un mundo en el que lo absurdo se vuelve lo normal.

Y para que no vaya a haber un mal entendido y se piense que soy anti-yankee, he de confesar que, siendo muy liberal, como lo soy, desde luego simpatizo con Estados Unidos. Claro que detesto el conservadurismo estadunidense cuya más infame figura es Donald Trump, pero en Estados Unidos también hay fuerzas progresistas y vanguardistas. Son esas fuerzas las que lo han convertido en la máxima potencia mundial.

@VenusReyJr

1 COMENTARIO

  1. Buen análisis Julio, pero seria bueno también analizar la otra cara de la moneda, a los conservadores, ver sus egocentrismo y entregiusmo al extranjero, bueno debo reconocer también los liberales ante ciertas urgencias debieron ceder ante las presiones externas. Pero recordemos quien gobernaba cuando en el siglo XIX perdimos la mitad de territorio y como cedieron torcieron el poder para ver entregado al clero, (me refiero al siglo XIX), pero sin embargo ante el Pos-Revolución Mexicana, poco a poco han ido desecalando y regresando cierto poder al clero y también han sabido crear otras herramientas de manipulación hacia el pueblo para desarmar todo lo que se gano con mucho esfuerzo y sangre durante la historia de este país (guerra de reforma, intervención francesa, Revolución Mexicana y otras).

    P.D. Debo reconocer que hacer tiempo que veo y te sigo, en tu canal de “Youtube” pero unas semanas atrás trato que sea poco tiempo, algo así como un resumen, debido a que también, tanta mala noticias (no lo digo por tu persona sino por el panorama Nacional), me hacen sentir triste y decepcionado.

    Saludos Julio Hernández y mis mejores deseos para Usted y su familia.

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