«El lado correcto de la historia». Autor: Alberto Carral

Una parte importante de la comentocracia está sometiendo el recrudecimiento de la crisis política en Venezuela a maniqueísmos y reduccionismos que oscurecen el conflicto en el país sudamericano, la política exterior de Estados Unidos en América Latina y la participación de países de la región en este proceso político. Esta producción de discursos maniqueos suele estar acompañada de juicios morales, su tratamiento es expuesto como un dilema entre lo correcto y lo incorrecto, entre lo bueno y lo malo del acontecer político latinoamericano. Con este tipo de juicios se pretende encuadrar una idea de verdad, presuntamente evidente a ojos de todos o para una abrumadora mayoría social.

A pesar de la elocuencia de los juicios morales, o bien, de la legitimidad de quien los enuncia, la idea del «lado correcto de la historia» es maniquea y categórica; es decir, aplica planteamientos absolutos en donde existen posibilidades de gradaciones y matices para el análisis, ni admite la construcción de terceras o cuartas alternativas en donde hay probabilidades para generar discusión. La «verdad» maniquea del «lado correcto de la historia» es profundamente agresiva, se concibe a sí misma como la única expectativa para hallar soluciones satisfactorias a los conflictos, busca imponer su relato a quienes no comparten sus métodos.

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El caso Venezuela no implica optar entre soberanía popular, la capacidad de los pueblos para elegir libremente a sus representantes, y soberanía nacional, la capacidad de autodeterminación de los pueblos. La retórica del «lado correcto de la historia», en los hechos, emplaza el debate público a decidir por alguna de estas manifestaciones de capacidad y autoridad popular. En nombre de la libertad y la democracia, el maniqueísmo moral anula cualquier intento por conciliar las soberanías nacional y popular.

Para unos, Venezuela necesita ser rescatada del caudillismo, la violencia callejera y el éxodo originado por la pobreza, sin importar que se hipoteque el futuro de la soberanía nacional. Para otros, el país sudamericano requiere protección contra el imperialismo y los intereses mezquinos latinoamericanos, empeñando así la soberanía popular con procesos electorales cuyo distintivo es la inequidad y la simulación. Con todo, la retórica del «lado correcto de la historia» que empuña una parte de la comentocracia alimenta falsos debates y oposiciones maniqueas. La realidad es más escurridiza que cualquier cosa que se pueda decir acerca de ella, pues se niega a ser tratada como una bombilla que, o está prendida o está apagada.

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En casos como el venezolano los juicios morales maniqueos son insuficientes. El empeño de ciertos comentócratas por formular un «lado correcto e incorrecto de la historia» se olvida de una parte fundamental del análisis, la existencia de la historia misma y, especialmente, de la complejidad que hay en cada historia latinoamericana, cuya especificidad se resiste a ser cancelada a favor de una visión totalizante donde la realidad sólo tenga uno o dos lados: el correcto y el incorrecto. Estas historias específicas, por el contrario, son plurales por naturaleza, como un cuerpo geométrico que presenta más lados que los reconocidos por la retórica maniquea de los juicios morales.

Pero estas historias específicas latinoamericanas están lejos de sugerir que la realidad tenga diversas interpretaciones igualmente válidas. De ser el caso, las explicaciones maniqueas también tendrían que ser tomadas con seriedad para interpretar la realidad política. Sin embargo, el maniqueísmo moral es además reduccionista. Una parte de la comentocracia pide a los gobiernos latinoamericanos mostrar su vocación democrática a través del desconocimiento de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela. Este reduccionismo ignora que los procesos sociales son más complejos, la política exterior podrá ser una parte constitutiva de la democracia, aunque por sí misma es insuficiente para caracterizar a un Estado como democrático.

En el fondo, el falso debate entre soberanía popular y soberanía nacional es una apuesta de ciertos comentócratas por el discurso político antes que por el análisis matizado, menudo y equilibrado. Con estas proclamas, una fracción de la comentocracia aprovecha la oportunidad para erosionar todo aquello que, real o aparentemente, «huela» a Venezuela. Esta retórica maniquea cumple una función similar a la política exterior, proyecta las animadversiones, simpatías, alianzas y correlaciones de fuerzas de la política interna en cada país. Esto significa que la aversión hacia el loprezobradorismo ha llevado a un bloque de comentócratas a pronunciarse a favor de Juan Guaidó, el líder opositor venezolano, del mismo modo que los intelectuales de la denominada «Cuarta Transformación» se miran en el espejo de Venezuela, aunque algunos por afinidad y otros más como una advertencia.

El maniqueísmo moral tiene que ser evidenciado, la colisión de soberanías –popular y nacional– es un falso debate, pues hay reciprocidad en ellas. La construcción del «lado correcto de la historia», antes que esclarecer los problemas en Venezuela, sobrepone las aspiraciones políticas de los grupos de poder en la región latinoamericana.

@carralb_

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