El fin del capitalismo o ¿el fin del mundo? Autora: Emma Rubio

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La sociedad no sabe qué hacer, hace poco decía que estamos divididos pero en realidad no lo estamos, estamos más unidos que nunca por el miedo que nos invade ante la incertidumbre y es que como nunca por lo menos a las medianas y jóvenes generaciones no nos había tocado ver tanta muerte en nuestro haber. Vivimos en una sociedad, como dice la gran filósofa Marina Garcés, “antiilustrada”, en donde tal parece que la violencia es la nueva movilización e incluso se le podría llamar populismo, pero sería algo confuso, así que mejor no le llamemos así.

Si se dan cuenta, qué es lo que realmente buscamos; soluciones ¿cierto? Pero el solucionismo es la coartada de un saber que ha perdido la atribución de hacernos mejores, como personas y como sociedad (Garcés 2017). Ya ni pensamos en ser mejores sino en obtener más y más privilegios, lo cual no nos lleva a ningún lado, resultamos patéticos ante la historia. Decía Kant que vivían en la minoría de edad en su época, pero ahora, concuerdo con Garcés al decir que vivimos en una sociedad senil, que de modo cínico está dispuesta a creer y hacer ver que cree lo que más convenga según los tiempos. Por ello ahora no es de extrañar encontrarse con personas que un día dicen una cosa y al otro, otra, porque se manejan según sus propios intereses. Nuestra impotencia y miedo actual tiene nombre y es: analfabetismo ilustrado, lo sabemos según todo pero no podemos nada. La ilustración de Kant, Diderot, Rousseau, Hobbes y otros, fue un combate contra la credulidad, desde la confianza en la naturaleza humana para la emancipación y hacer de sí algo mejor teniendo como arma: la crítica. Y posterior a la Segunda Guerra Mundial tuvimos a los grandes teóricos de Frankfurt entre los más representativos y fundadores, Adorno y Horkheimer, quienes con su obra la Dialéctica de la Ilustración consideraron posible liberar al hombre de todas formas de dominación incluidas las más terribles como los campos de concentración.

Marina Garcés nos invita a repensar la relación entre saber y emancipación, ambas al parecer palabras gastadas pero las necesarias para darnos cuenta cuan mal educados hemos estado siendo; y que lejos de construir un mundo más habitable, lo estamos extinguiendo y lejos de proporcionar más justicia cada día se abre más la brecha de diferencia de clases como ya apuntaba Zizek en su texto La nueva lucha de clases. Estamos, como dice Marina, a puertas de una rendición, la rendición del género humano respecto a la tarea de aprender y autoeducarnos, de este modo, buscar una vida más digna. Estamos en el tiempo en el que todo se extingue, hasta el progreso se ha ido acabando, el futuro ya no es promesa, nuestro único tiempo es el “hasta cuándo” tanto en la escena política, estética y científica. Pareciera la nueva ideología dominante que si continúa podrá colapsar y el límite es ni más ni menos que el límite de lo vivible. Una vida vivible es lo que nos compete a nuestro tiempo, tal parece.

Se dice que el capitalismo ya es insostenible pero desde los años setentas apareció el concepto de sostenibilidad como una de las principales estrategias de contención de la crítica radical al capitalismo y más concretamente el concepto de desarrollo sostenible, sin embargo, Marina nos lanza una pregunta fuerte: ¿Hasta cuándo podrá el planeta, como conjunto de los recursos naturales necesarios para la vida, aguantar sin colapsar el ritmo de explotación y de deterioro al que lo somete la actividad productiva y vital del ser humano? Somos la especie más depredadora del planeta y cada día demostramos más nuestra capacidad de autodestrucción

Pero es a partir del 2008 que se ha puesto en cuestión dicho concepto, la sostenibilidad del capitalismo, ya lo decía Zizek también, el capitalismo ha sido un gran fracaso, ante la difícil viabilidad de un sistema económico basado en el crecimiento y la especulación. La pregunta por el “hasta cuándo” ya no interroga sólo la disponibilidad de recursos y fuentes de energías naturales, va más allá: ¿hasta cuándo podrá el sistema capitalista sostener su propio rito de crecimiento? La nueva consigna tal parece que es hacer sostenible al sistema mismo, de aquí surgen las nuevas políticas de austeridad, recortes, privatización de servicios públicos. Y hoy en nuestro país la palabra “austeridad” es una palabra que está en juego en la encrucijada de las decisiones colectivas y lejos de ser un valor ético, más bien como una posición anticonsumista, respetuosa del medio ambiente, la austeridad que se invoca para asegurar que la máquina funcione reduciendo el gasto público y con ello una buena vida a la condición del privilegio. Quizá sea un tipo de reajuste de las imágenes de una vida digna. ¡Pero hasta cuándo podremos aguantar los seres humanos? Estamos casi al límite confrontado con respecto al planeta, lo cual tiene que ver directamente con la precariedad de nuestra existencia digna, este es un tema recurrente en la filosofía, se nos está acabando el fin del tiempo vivible, lo cual dijo desde hace años Günther Anders, quien desde los años 50 nos habla de la obsolescencia del hombre, él decía que el hombre se ha hecho pequeño, pero no ante la inmensidad del mundo o bajo los cielos infinitos, sino respecto a las consecuencias de su propia acción. Pero como bien apunta Marina no sólo hablaba de la nueva capacidad de destrucción programada sino a la intuición cada vez más inquietante de que la acción humana tanto individual como colectiva, no está ya a la altura de la complejidad que ella misma genera y bajo la cual tiene que desarrollarse. El sujeto como conciencia y voluntad, ha perdido la capacidad de dirigir la acción en el mundo y de ser, por tanto, el protagonista de la historia (Cfr. Garcés 2017). Dolorosa conclusión a la que llegamos hoy, somos tan pequeños y precarios, pero tenemos un poder desmesurado.

@Hadacosquillas

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