El Espejo | ‘Pajaritos’ en lugar de Prozac; hongos mexicanos revolucionan el mundo de la psiquiatría. Autor: Iván Uranga

Demonizamos a los hongos alucinógenos por el miedo que le tenemos a nuestra mente
Iván Uranga.

Mientras el Psilocybe mexicana (hongo alucinógeno) es la 178 de las 314 especies psicotrópicas  prohibidas en México, en el mundo los científicos han llegado a la conclusión que esta especie mexicana en particular contiene la Psilocibina de forma natural, y que es mucho más efectiva que la Fluoxetina, principal compuesto químico del Prozac usado por la siquiatría para el tratamiento de las personas con depresión aguda, bipolaridad, trastornos paranoicos y de ansiedad.

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El neuro-psico-farmacólogo y profesor en el Imperial College de Londres David Nutt lo llama el “nuevo y valiente mundo de la psiquiatría psicodélica”. Nutt afirma que la psiquiatría está emergiendo lentamente de un oscurantismo de 30 años, durante el cual los antidepresivos como el Prozac fueron el único tratamiento medicinal aceptado para afecciones de salud mental.

Además de ser costosos, los antidepresivos ayudan solo a un pequeño porcentaje de las personas que los toman. Los efectos secundarios pueden incluir una disminución de las emociones. Son como una camisa de fuerza a las emociones, con la idea de darle tiempo al cerebro para que sane.

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El problema es que cuando los abandona, puede experimentar síntomas graves de abstinencia. Pero lo más importante es que los antidepresivos no abordan la causa raíz de la depresión o la ansiedad.

A diferencia de la Psilocibina que parece ofrecer una alternativa diferente y más duradera.

Nutt y su equipo de investigadores han concluido una segunda prueba en humanos con Psilocibina para tratar la depresión, los participantes voluntarios en el estudio presentan depresión moderada a severa y reciben una píldora de Psilocibina de 25 miligramos. Es una macrodosis que causa un “viaje” poderoso y profundo durante aproximadamente cuatro horas.

Pero no como el de los hippies de los años sesenta: las pruebas se realizan en un entorno controlado, con dos terapeutas asignados a cada voluntario.

“Las personas deprimidas que tienen un ‘viaje’ no se divierten”, dice Nutt. “A menudo vuelven a las experiencias más horribles de sus vidas y reviven cosas que han olvidado, pero que están causando la depresión”.

Los terapeutas preparan a los voluntarios para lo que puedan experimentar. Les sostienen las manos  durante la prueba para proporcionar una sensación de seguridad. Y después del viaje, los terapeutas ayudan a los voluntarios a dar sentido a la experiencia, a través de la psicoterapia.

“Esta es una medicina seria. Esta es una medicina poderosa”, dice Nutt.

Veinte pacientes que no habían respondido al tratamiento contra la depresión, recibieron dos dosis de Psilocibina con una semana de diferencia. El equipo de Nutt encontró mejoras rápidas y duraderas en la salud de los pacientes. Ninguno requirió antidepresivos tradicionales durante las primeras cinco semanas después de las pruebas. Seis meses después, tuvieron pruebas de seguimiento que mostraron que sus síntomas se habían reducido.

Los testimonios de pacientes hablan de enormes mejoras, y en donde los tratamientos con antidepresivos habían fallado la Psilocibina les dio la pieza faltante del rompecabezas. Fue “el tratamiento que en realidad cambió las cosas”. Hay testimonios que afirman que la Psilocibina ha logrado en 30 segundos lo que los antidepresivos hacen en meses.

Por lo que las grandes farmacéuticas del mundo ya están afilando sus dientes para quedarse con el nuevo negocio de la depresión, mientras los grupos indígenas tutores milenarios de estas medicinas, como siempre verán un nuevo despojo ante un gobierno pasivo y permisivo. 

La Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos ha otorgado ya la designación de terapia innovadora a la terapia asistida por Psilocibina de Compass Pathways, para pacientes con depresión resistente al tratamiento.

 A la Psilocybe mexicana, en México se le conoce como «pajarito» y aunque es a Albert Hoffman a quien se le reconoce que aisló por primera vez los componentes activos Psilocibina y Psilocina en 1958, su uso y propiedades son conocidas en lo que ahora es México desde hace al menos 3,500 años. En la cultura mexica era conocida bajo el nombre de teonanácatl —palabra formada a partir del náhuatl teó(ti) (dios) y nanácatl (seta u hongo)— lo que sería traducible como «seta de dios» y es usada para diversos rituales de sanación.

Los principios activos de mayor importancia (Psilocibina y Psilocina) representan en torno al 0.003% del hongo en su estado natural y sobre un 0.3% del mismo una vez secado. Es importante, porque la Psilocibina es tan noble, que hasta ahora no se ha encontrado el consumo máximo, es decir no se ha podido establecer cuánto es el máximo que puede consumir un ser humano antes de que sea mortal.

El consumo de los hongos alucinógenos en ceremonias rituales se difundió en las culturas mesoamericanas. El culto a los hongos sagrados se extendió desde el Valle de México a toda América Central, y su antigüedad se estima en al menos 3,500 años. Los hongos y los grupos indígenas han compartido una estrecha relación desde los comienzos de la civilización, especialmente con aquellos que afectan al sistema nervioso central, conocidos como alucinógenos o neurotrópicos. Se cree que la Psilocybe mexicana fue usada en América después de que los siberianos cruzaron el estrecho de Bering. Al emigrar hacia el sur, dichas tribus llegaron a México, en donde varias figuras y códices revelan el uso del hongo. En México, en la cultura capacha de Jalisco se encontró una estatuilla de arcilla de unos 15 cm de alto en forma de hongo. Esta tiene debajo la figura de un pequeño indígena sentado. Otro ejemplo prehispánico es una pequeña piedra en forma de un botón que fue encontrada en un sitio arqueológico cerca de Pátzcuaro, Michoacán. Se atribuye a los purépecha, pero estos grupos humanos no la consumen y la consideran venenosa. En las culturas contemporáneas indígenas de México se sigue consumiendo la Psilocybe mexicana.

Los indígenas mesoamericanos comenzaron a usar Psilocybe al descubrir las propiedades alucinógenas de varias especies de este, debido a que son comunes e inofensivos. El «teonanácatl», descrito por Sahagún en relación con unos hongos sagrados de los aztecas, es sin duda un Psilocybe.

Por lo que México y las culturas náhuatles sin ningún problema pueden resguardar los derechos de uso de este preciado bien natural, pero para hacerlo primero tendrían que sacarlos de la lista de psicotrópicos prohibidos, que desafortunadamente por su uso lúdico se desvirtuó en los años sesenta al relacionárseles con la cultura hippie y sobre todo después de que corrió el rumor de que John Lennon, Mick Jagger, Bob Dylan, Peter Townshend y Jim Morrison habían llegado a probar las virtudes de los Pajaritos, con la mítica María Sabina. Miles de extranjeros de todo el mundo querían vivir la experiencia, con lo que pervirtieron el uso ritual de las comunidades originarias, que ante la prohibición tuvo que recurrir a la clandestinidad para mantener su costumbre de forma muy discreta.

Hoy los laboratorios y las farmacéuticas cultivan el hongo Psilocybe mexicana, pero cuidan que en todos sus registros y documentos aparezca sólo como “Psilocybe” sin el “mexicana” violentando el nombre científico, en un intento de no querer reconocer el derecho de los pueblos originarios y de México sobre el uso y explotación del hongo.

Esperemos que las comunidades y el gobierno de México salgan a la defensa del hongo de los dioses o pajaritos, aunque conociendo la triste historia de saqueo de nuestros recursos naturales, seguramente lo único que veremos será a las autoridades sanitarias aprobando el uso de la Psilocibina para tratamientos médicos en México con patente de alguna farmacéutica trasnacional.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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