Inicio Opinión El Espejo | Las razones de Ciprián. Autor: Iván Uranga

El Espejo | Las razones de Ciprián. Autor: Iván Uranga

A los y las poetas.

1

A veces me duele el silencio, hace 10 años colgaste tus metáforas para no ver la consagración del invierno, que hoy niega a Pushkin, en medio de una pandemia que obliga a usar cubrebocas a la inteligencia, a veces solo a veces escribo para no reventar.

2

Engendro de trozo humano ve, se sacude violento, va el asqueroso, caminando en la mira, la ciudad lo convierte en pueblo, alfiler que desgarra su infancia, sublime ataúd que siembra su figura. Va en las noches junto a los atropellados, acepta la queja, y los malditos retintinean en los edificios, o en las tejas, junto al estiércol de sus cenizas, o escondidos en las cenizas de su estiércol, brota la miseria, pincha sus alesnas alfileres, recados, cuchillos, calaveras en carrozas junto al poeta, sin preguntarse nada.

3

La calle quieta suspira voces distraídas, alguna voz zarpa en al susurro, y un grito despavorido de otra voz se instalará en el brillo, y un gusano nacerá de su frente, y volverán los encarcelados a sentirse vivos, y los desaparecidos emigrarán, emigrarán, conversando sílabas y tinieblas, emigrarán hasta encontrarnos.

4

Emigrarán los poetas, volarán algún día, todos juntos, volará el transcriptor, volará en sus tardes, en su función, en su lluvia y en su ruido, ahora espera la nueva estación del tren de su pueblo, pajareando, le corre en la vía la vena, que lo ha de llevar pausado a las trampas, y comenzar a vivir, otras extracciones.

5

Se transcribe a simple vista, los gatos del cuerpo, las orillas de la superficie, de un ser que no inventa la pluma.

¿Escribir significa gloria, o nieve lomo, o simple cuerpo acompasado?

Él dijo: la amarilla memoria se endurece y transcribiendo se murió…

¿Quién regala los versos?

¿Cuál ser apenas cuelga las metáforas?

¿O quién se entusiasma con el sexo escrito?

Él sólo se mostró bueno y dio la cara al atardecer de su batalla.

6

Simple abolido hormiguea el norte de su cabeza, estira los cuchillos del cuerpo, ametralla la cabeza de un zarpazo reluciente, arrulla los privilegios que hieren a las criaturas, tira en la testa el lodo, junta las astillas de su voz, las pega en imágenes, estrena un espacio grisáceo, baja los ojos, agarra el timón, dirige cárceles a la palabra, entre orillas y sombras.

7

Insatisfechos, la realidad no los conforta, es viva la certeza de no poder sofocar nunca al espíritu cuando se ha visto por debajo de la falda de los sueños, llevando el talismán, de algún dios en dentro del pecho, la invocación del sol, sobre sus ansias, sobre el páramo voraz el pensamiento, busca la verdad que borro el viento, yertos, sobre el mar, aman el naufragio, la deriva, el desconcierto.

8

Él sabía que la poesía es sólo, esa vieja rabia sostenida, ese gusano de la ceniza, esa parábola del ocaso, tono ardiente seducción, para quienes mueren simplemente solos, para quienes musitan la gangrena multiforme de su dolor, y sólo tienen palabras hechas canción, como substituto de lo que se cree real, es el ritmo del desconsuelo, es radiante alegría en tono falso, como un pedazo de yelmo protector, ante los embates del todo, que los acosa, los persigue y los destruye.

9

El poeta se lame la herida supurante, mientras remueven infectas espinas, que constituyen el desdichado entramado de la piel de los días, del universo entero, ahogan su verso, en un sexo que se cree amado, y los reconforta, sus vagos trozos de voz, sin timón ni salida, por creer en la neurótica posibilidad, de que ese algo que se dice, es un canto y lo que hay entre sus manos, en realidad, son desnudas sandias exprimidas, de cualquier huerto, cuerpos mancillados, por otros versos.

10

Brotan ideas ajenas, ilusiones de bengala golpean los riñones, le contorsionan campos que le desconocen, animales que nunca le vieron, inundan de violencia la ciudad, respirar profundo, en retenes oprimes el pecho, usureros de las garantías del uno, su verde falso se despliega en carreteras, en jardineras, en parques mercados, escuelas y esquinas, inundan todo de miedo y asco, acribillan sin piedad, al cartel de las flores y el columpio, pobres metáforas del mal.

11

El poder corta cartucho a la imaginación, guinda ceguera, hierba parasita, emerge inundando, los sueños trepidantes a color, con tus accesiones púrpuras, familias con olor a sangre, te evaporas solo, en tu eterno dolor de cabeza, la navaja de tu herida, te atormenta, la ironía de verte en el espejo, sincero sin culpa, quien le quiebra las piernas, a tu estúpida sonrisa, hasta dónde se puede cortejar, un signo de interrogación, y seguir matando niños migrantes.

12

Es mejor morir, que buscar comida en la basura, grita la dignidad, qué mejor momento para tender al sol mis metáforas, no puede haber forma de sentir mi muerte, ahora que desde mi azotea no veo a nadie sufrir, llorar, arrepentirse, nos han curtido ya no se sienten, se pueden perder otras 100 mil vidas quitadas por la ignominia, no hay bien, no hay mal.

13

En esta ciudad de selladas puertas y barcos hechos larga sal, donde todo es una invitación a desollarnos, a buscar una respuesta, sin preguntas, en el fondo de la sangre, mientras llueven limosnas  disfrazadas de langostas y los perros son nuestros mejores enemigos. En medio del naufragio, no se comprende, no hay auxilio, ni hay cruz que te levante del arroyo, masacrado por metáforas malolientes.

14

Asco infinito abrazo, musita letanías culpables, nos arrancamos los ojos, para ver nuestra perdición, cada poema con sus secreciones, es la gota que derrama el vaso de la vida, pariendo ecos, hijos de la melancolía, mensajeros de la condena, hermanos del odio, herederos de ansiedad, llevan en la frente el brutal nombre, de la herejía, queriendo ser añil, o nube, o lluvia, o no tan simple.

15

Y cuando no tienen la piel del ser amado, bordan amores en sus entrañas, con agujas largas, para no tener que usar hilo, en un tono que los hace vociferar, maldecir este largo vacío, mientras las dudas muerden al viento, en medio de las atarrayas abandonadas, cuando la desesperación, vuelve comillas lánguidas los huesos, con la herencia desdentada de su despedida, dando testimonio de su derrota, vistiéndose con el halo del campo de la devastación.

16

Se esfuerzan por encontrar la forma de hacer girar la rueda de su potro, y la memoria los asfixia, los condena a beber una y otra vez del veneno, de sus recuerdos y le gritan a su mano izquierda, que no tire de la cuerda que tienen en el cuello. Saborean su cuota diaria de muerte, que se repite sin cesar, afortunadamente.

17

Cada sílaba es una lágrima perpetua, cada verso significa mil adioses, cada poema es en sí propio, es la carta póstuma del suicida, la confesión última del dolor que provoca respirar tanta mierda, tanta letra sin perdón alguno.

18

Es la poesía una enfermedad, el testimonio de las carencias, una bitácora de los desengaños, el angustioso diario de las decepciones, siendo la religión que profesan quienes la viven, con el infierno en las venas, y ejercen la liturgia del sentimiento, es la terquedad animal de la repetición, de besos, de caricias, en diferente, papel o piel.

19

Intentando con arcoíris y matices falsos, armar al ser amado, de pedazos de ternura de mil manos, y cuando este aparece, se diluye en la corriente que se forma, y sólo puede distinguirle a la distancia y lamentar su ceguera entre cuerpos y versos que lo devoran y le dan la medida de su grado de sufrimiento, que algunos llaman inspiración, pasión incandescente, amor, añoranza y que no es más que el tamaño de su particular averno.

20

La poesía es la patética muleta, de los minusválidos que somos, es el crimen cuando no queda más remedio, es el vino amargo que beben los desahuciados. La poesía es sólo para quienes están simplemente malditos, y sólo les queda el mar con su salitre y su desesperanza, en medio del instante se derrumba ante sedientas oquedades, mientras que la tarde se marchita, recibiendo el ocaso nuestro de todos los absurdos días.

21

Es la ambición de las palabras, el idioma de las incoherencias que recita alambres de púas, y motores descompuestos, máquinas oxidadas, que presagian tragedias paralelas, calzando la suela del zapato roto, que portan palabras vagabundas, mientras los ataca el hambre de todo por sentir lo bello, hacen negocio del vomito del mundo, vendiendo su miseria en versos. Con su lenguaje de lápidas, con su corazón de cráneos, teniendo al final de sus brazos la llave que abre cofres delirantes, en el carnaval de las desgracias.

22

Siempre sobra, el que, sin vivir, pone juntas vocales y consonantes intentando dar vida a los sonidos y sólo atentan contra el silencio con ruidos guturales, él que no entiende que las vocales te expanden el alma al infinito y que las consonantes sólo existen para acotarlas en granos de ideas llamados palabras. No se puede escribir poesía con un puñado de polvo en la piel.

23

Nunca falta quien escriba, dando pie a que las grotescas mariposas pasen y critiquen a los tiernos elefantes semirrojos, que convoca Baco al inicio de la jornada de los demás, que se muestran ante inútiles computadoras desoladas, creyendo detener eclipses y sus pixeles sólo propagan los incendios, dan caos y plaga decisiva, son seres, que en títeres devienen cuando triunfan, y se hunden en patriótico excremento, donde no hay necesidad de nada y no sienten el vértigo de sus huecas realidades, la banalidad sustituye su carencia de algo y el consumo acompaña por momentos, el caracol lleno de la falta de alguien, que no se arrastre pegajosamente.

24

Fuego que los embelesa, destruye, consume, vuelve cenizas todo, calor que los vulnera, en este tiempo funerario, mientras que los espacios restantes de la existencia, se llenan de mal logrados partos, entre los escombros, nido de ratas abierto sobre la palma de su llaga al nadar en grosellas de nostalgia, organizan la función de las elegías, mientras danzan escorpiones en sus almas, así es como bajo el manto del insomnio, que tejen arañas de narcóticos, mientras encuentra su verdadero lugar, en el matiz del primer y último beso.

25

No hay lógica para derramar tantos suspiros sobre húmedas letras, visito a tu jardín sin tierra, de aire en colores vestido, cuando mi tristeza asfixia, cuentos que hablan de ti Ciprián, bruja en salmuera, mis tragedias olvido, con el ánimo curado, vuelvo a escribirte, con otro nombre, sin comas y con olor a lluvia, tú que usaste el canto de las aves en lugar de puntos.

26

Somos tristes bufones, de los que no llegan a mecenas, llévame contigo Ciprián, montaña adentro, quiero echar raíces, en el fondo del volcán, quítame la piel de tantas migraciones y fúndeme en tu tierna fragua, fecúndame con tus versos al atardecer, al alba, al amor y a la muerte, lléname de cálidas sonrisas, vuélveme corazón y lánzame al río, alma de esponja, piedra de río, noches sin paz, luna redonda.

27

Honda cae la tristeza de nuevo, disfraza el alma terriblemente desnuda, huérfana de ti, acompaño soledades, ahogo respiraciones, con olores de medianoche, con bocas pintadas, y excesos de alcohol, la planta desnuda de tu verso tocó mi cuerpo y sin mediar disputa, pateo mi corazón hasta tu casa, tu sombreo sin cabeza se negó a recibirme.

28

Debemos extirpar este cáncer mortífago de escribir, escribir no nos eleva de la miseria, sólo hacemos

patéticos ademanes de locura vulgar, sin visos de genialidad, secuestrada por los ayes de los arrepentidos, en un nido de púas, cantándome fijamente, una canción dulce de cuna, mientras clava mi cuerpo a las puntas, que abren la carne virginal del sueño, y la ternura.

29

Heme aquí, cogiendo al engaño con mis manos, nos asfixiamos en un acuerdo de origen pactado, mientras la angustia, vuelve a visitar con su vómito lacerante cada mañana, apoderándose de la almohada, que muda, nos ve desfilar con los ojos desorbitados, a lo que será el paseo de iconos torcidos, que triturarán mis huesos, hasta volverlos polvo, para imponer la cruz de ceniza, a los menesterosos, todos los miércoles que no sean santos.

30

Mientras la poesía, cree que convoca atardeceres, pero sólo observa entre montañas, como los grises, de tanto amarse resplandecen y forman un ocaso que parece verso, y el poeta se lo apropia, se siente original, y se engaña sintiendo su poder, pero el poeta muere cada tarde, sin entender por qué, la noche no lo necesita para dibujar estrellas, ni por qué el alba prefiere recordar los ojos de mi Xesca para anunciar el día.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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