El Espejo | Educación, hacia una ciudadanía global. Autor: Iván Uranga

Existe una solución radical contra nuestra extinción; formar una sola generación consciente.
                        Iván Uranga

Nos encontramos ante una crisis sistémica multidimensional. El modelo social y económico capitalista patriarcal se encuentra en una grave crisis, que va emparejada a su vez con una crisis de recursos naturales, en donde hemos alcanzado el pico de petróleo y otros picos de minerales esenciales para la producción industrial, aunado a una pérdida masiva de biodiversidad a un ritmo acelerado en el que extinguimos a 150 especies animales por día, al calentamiento global, entendido como una situación sistémica, causada por múltiples factores y que origina a su vez múltiples consecuencias, en donde todas ellas nos llevan a responsabilizar al modelo económico capitalista. Se trata de una crisis del sistema productivo, al que le sumamos esta larguísima crisis sanitaria que ha cobrado la vida de 5 millones de personas. Es un momento crucial para la vida en el planeta, así como un momento clave en la historia de la humanidad, que podría estar ante sus últimas décadas de existencia si no cambia de tajo el modelo de producción y de consumo.

El sistema capitalista patriarcal es un sistema cada vez más voraz, lo que implica un desgaste cada vez mayor para las personas y la naturaleza. Lo impregna todo. Se encuentra en todas las esferas de nuestra vida: en nuestro trabajo y salario, pero también en nuestros hogares, en las zonas naturales protegidas, en las zonas peatonales y en las autovías, en los espacios de consumo y en nuestras cocinas, en el turismo y en las fronteras, en la televisión y en nuestras redes sociales, en los espacios de poder y privilegio y en los de injusticia y desigualdad. Por eso necesitamos urgentemente construir nuevas condiciones, que nos permitan ir transformando este modelo y, con ello, los espacios socioculturales, los relacionales, los personales y los íntimos. Desde lo personal a lo global y desde lo global a lo personal. Hoy más que nunca podemos ver que lo que hacemos en cualquier parte del mundo repercute en toda la población y todas la formas de vida. Las fronteras son sólo el pretexto de los cotos de poder humano, el mundo y la responsabilidad de preservarlo es de todos.

La educación es un derecho humano de todas las personas. La necesidad de establecer mejoras en el acceso, permanencia y calidad de una educación para todas las niñas, niños, jóvenes y adultos está recogida en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 4), debido a la relevancia fundamental de la educación en el desarrollo de los territorios y sociedades, pero también para el crecimiento personal y como elemento fundamental para poder combatir la exclusión y fomentar la equidad y la justicia social.

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Sabemos que la principal función de la escuela es ser un agente primario de socialización, un elemento crucial de nuestro sistema social, y más allá de esa contribución de la escuela al desarrollo individual y social, pero también es el lugar en donde comienza la mediatización del estado, porque a través de la educación escolar también aprendemos a formar parte del sistema.

Todo esto se da a través de sus elementos curriculares, sus libros de texto y el currículum oculto, que es todo lo que aprendemos, bueno o malo, en la escuela que no es parte del programa de estudios y es ahí en todas sus dimensiones, niñas y niños aprenden la fuerza cultural de la sociedad, los diferentes elementos de un sistema injusto, que pone por delante el capital al desarrollo humano. A través de la escuela aprendemos violencia y aprendemos patriarcado y, a la vez, a sobrevivir en un mundo consumista, desigual y biocida. No es que se enseñe intencionadamente, de una manera perversa, sino que se parte de una supuesta normalidad y sentido común que en realidad sirve para mantener un sistema que genera pobreza, exclusión y graves daños medioambientales. Si no se pone remedio, la escuela siempre refleja lo que nos rodea. Las inercias y el llamado sentido común, así como el androcentrismo en la educación terminan enseñándonos un sistema sin sentido crítico, que antepone el dinero a la vida, los hombres a las mujeres, el Norte al Sur Global, el poder a la equidad, lo individual frente a lo colectivo, lo privado frente a lo público, lo urbano frente a lo rural… Básicamente, los valores que predominan, en este momento, en nuestra sociedad.

Creemos firmemente que la educación es mucho más que enseñar a reproducir el sistema en el que vivimos. En la escuela podemos aprender a vivir juntas y juntos en equidad, podemos aprender a ser y podemos aprender a transformar aquello que no nos gusta de la sociedad, de forma creativa y contando con todas las personas. Para que la escuela pueda ser esto y más, debemos ponerle intención, pues la inercia no nos ayuda, y el sentido crítico ha de ser un elemento crucial en el proceso de enseñanza-aprendizaje. La escuela puede perseguir la construcción de una ciudadanía crítica, activa, reflexiva, con mirada global. Una escuela que sea analítica con el pasado, crítica con el presente y optimista y creativa con el futuro.

Justicia global y derechos humanos

Se fundamenta en la defensa de los derechos de la persona, de su dignidad, por encima de los intereses económicos y políticos, y pone a las personas y a la vida en su sentido más amplio como valor central y prioritario de cualquier acción y decisión. Trabajar desde la perspectiva de los derechos humanos implica que estos dejan de ser un contenido específico a tratar y pasan a ser su columna vertebral. La atención no se orienta a las necesidades económicas y sociales, sino que se amplía incluyendo las libertades civiles y políticas. Además, al incorporarlo a la educación, el enfoque de derechos obliga a tomar partido: a ponerse del lado de los colectivos más vulnerables, a favorecer el empoderamiento de los y las titulares de derechos y a concretar las responsabilidades de los y las titulares de obligaciones.

Género y coeducación

Incorporando el enfoque de género para hacer frente a las diversas formas de desigualdad y de vulneración de los derechos de las mujeres en todos los niveles: políticos, social, económico, cultural, sexual, etcétera, de forma coherente en la organización escolar, los contenidos curriculares, los recursos educativos o la formación del profesorado, así como la incorporación del lenguaje inclusivo. La coeducación es la base de cualquier proyecto educativo que busque reequilibrar las relaciones de poder. Implica visibilizar a las mujeres en el sistema (por ejemplo, las mujeres en la ciencia), pero también el papel fundamental de las mujeres en la conservación de los ecosistemas, la interdependencia y los cuidados. Asimismo, incorpora la identificación y prevención de las violencias machistas, mostrando tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia, deslegitimando el machismo y los diferentes tipos de violencia contra las mujeres como patrones válidos de comportamiento y resolución de conflictos, fomentando el trato y la equidad en todos los aspectos de la vida.

Interculturalidad e inclusión

Este enfoque desenmascara, denuncia y quiere eliminar prácticas que se manifiestan en actitudes de discriminación, segregación, rechazo de la persona diferente, racismo o xenofobia, sostenidas por el uso de prejuicios, estereotipos y generalizaciones. Reconociendo las múltiples identidades y celebrando la diversidad, cultivando actitudes de respeto a culturas e identidades diferentes a las propias, y mejorando el autoconcepto personal, cultural y académico del alumnado, potenciando la convivencia y cooperación entre el alumnado culturalmente diferente y la igualdad de oportunidades académicas entre el alumnado, así como concibiendo de forma empática la alteridad y el entorno. Asimismo, este enfoque permite analizar las relaciones de poder Norte Global-Sur Global y cómo el sistema neocolonial afecta a nuestra concepción del mundo contribuyendo a la desigualdad. Por otro lado, este enfoque permite evitar el etnocentrismo, adultocentrismo, urbanocentrismo, heterocentrismo, abordando la interdisciplinariedad en las relaciones de opresión y desigualdad.

Participación activa

Abordando los contenidos desde un enfoque de participación democrática a través del debate, diálogo y toma de decisiones de forma colectiva, construyendo una ciudadanía activa y una escuela como espacio político, social y cultural. Promoviendo el conocimiento como una construcción colectiva, incorporando saberes diversos de las mujeres, de las diferentes culturas y pueblos, de las clases sociales, entre otros y abordando las problemáticas de forma local y global, asumiendo responsabilidades y propuestas locales y vinculando las problemáticas locales y globales. Que les permite mejorar sus opiniones en forma y fondo, ante su medio social sea presencial o virtual. (Para todos aquellos que les interese cómo subir el nivel de discusión en las redes sociales, aquí está la clave).

Sostenibilidad ambiental

Al aplicar este enfoque a nuestro modelo de desarrollo económico comprobamos su insostenibilidad económica y medioambiental, amenazando la vida presente y futura en nuestro planeta. Generar un sistema económico que garantice bienestar para todas las personas va de la mano de la implantación de un sistema de producción y consumo que respete el equilibro medioambiental de nuestro planeta.

Es necesario hacer frente a la pobreza y la degradación medioambiental de forma conjunta, ya que los principales límites funcionales, los límites sociales, como el hambre, la desigualdad y la falta de salud y los límites planetarios o medioambientales, como el cambio climático o la pérdida de la biodiversidad, están intrínsecamente unidos. Vivimos una inter y ecodependencia que requiere un enfoque biocéntrico, en donde el ser humano deje de ser el centro del universo.

Pensamiento crítico

La promoción del pensamiento crítico, la apuesta por el trabajo experiencial y vinculado al contexto local, la revisión de los propios privilegios, el valor de pequeñas acciones transformadoras o el trabajo basado en metodologías socioactivas que conectan con las emociones, son algunas de las claves que presentan metodologías y perspectivas educativas diseñadas para ayudar a todos aquellos interesados en hacer realidad las propuestas de educación orientada a la justicia global.

La solidaridad

Formar en la solidaridad, en la comprensión de lo que implica vivir en un mundo interdependiente y en la corresponsabilidad que todos tenemos para lograr un mundo más justo e igualitario, implica construir actitudes personales y proyectos sociales cooperativos y emancipadores. Por ejemplo, potenciar desde la escuela la creación de un proyecto solidario desde la realidad y para la realidad, evitando la sensación de impotencia e inutilidad ante las injusticias, nos empodera como ciudadanos del mundo. No únicamente se tratará de sensibilizar, abrir conciencias, generar comprensiones críticas de la situación mundial sino de ayudar a las personas a que sean conscientes de su propia capacidad para influir en la toma de decisiones de la sociedad, a nivel local, nacional e internacional.

El presente texto sólo es un esbozo que pretende ayudar a los docentes a entender la necesidad urgente de la educación presencial, porque para la educación lo menos importante son los contenidos, necesitamos formarnos en convivencia con los otros iguales, sin replicar el conocimiento es obsoleto, el soy solo tiene sentido en el somos y ustedes y solamente ustedes tienen la posibilidad real de formar ciudadanos globales.

Anexo la liga para acceder a los documentos que se han elaborado para el apoyo docente, desde educación inicial, hasta profesional, llamados: “Un currículo orientado a la ciudadanía global. Aportes para su construcciónInternacionalismo o extinción.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga
Iván Uranga

Especialista en Ciencias Sociales, promotor de comunidades autónomas autogestivas, investigador social, docente de Permacultura, escritor de
ensayos, novelas, cuentos, teatro y poesía.

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