José Reyes Doria
El 20 de enero Donald Trump asume su segundo mandato como presidente de Estados Unidos, y al tomar protesta forzará cambios en la conducta de muchos gobiernos en todo el mundo. El peso imperial de Estados Unidos obliga a la comunidad internacional a estar atenta, con el objeto de identificar indicios de acciones que puedan afectarle.
Esto ha sido así desde, al menos, el término de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el segundo mandato de Trump genera alarma general, porque ha prodigado amenazas verdaderamente inquietantes. Desde la pretensión de anexar Groenlandia y Canadá a la Unión Americana, hasta lo de intervenir en Venezuela e intensificar la guerra comercial contra China, Trump siembra inquietud por todos lados. La actual alineación de fuerzas, ideologías e intereses en el establishment gringo, hacen suponer que el vecino del norte busca relanzar sus afanes imperialistas, razón por la cual es aconsejable no juzgar de meras bravuconadas los amagos del próximo presidente de EEUU.
TRES TEMAS FATALES
A estas alturas, ya es muy sabido que, en el caso de México, los desvelos ante la asunción de Trump se concentran en tres temas cruciales: seguridad, comercio y migración. Las amenazas al respecto las ha expresado de forma clarísima: declarar terroristas a los carteles para acotarlos y frenar el ingreso de drogas letales como el fentanilo a los Estados Unidos; imponer aranceles del 25% a productos mexicanos o redefinir el T-MEC; y deportar masivamente a mexicanos o personas de origen mexicano.
La mayoría de los expertos en las relaciones México-Estados Unidos están convencidos de que Trump no cumplirá las más terribles amenazas contra nuestro país, pues, aseguran, los diversos actores políticos, congresistas, económicos, militares, partidistas y mediáticos, impedirían o bloquearían esas acciones porque afectarían intereses ultra poderosos. Sin embargo, existe un grupo, minoritario, de expertos y observadores que consideran que, si bien es poco probable que Trump logre realizar las acciones devastadoras que anuncia, aconsejan no descartarlas del todo.
Por eso, es pertinente hacer un breve recuento de los graves impactos que tendrían para México y su gobierno, la materialización de algunas de las amenazas de Trump.
EN MATERIA DE SEGURIDAD
- Se clasifican como terroristas los cárteles de la droga mexicanos, y se decretan medidas de embargo en su contra, que afectarían inevitablemente las relaciones de México con el exterior.
- Más grave aún, fuerzas armadas estadounidenses realizan bombardeos a laboratorios y cuarteles del crimen organizado en territorio mexicano, bajo el argumento de que el gobierno de Claudia Sheinbaum no ha sido eficaz en ello, mientras las drogas siguen matando cientos de miles de consumidores norteamericanos.
- Todavía más grave, catastrófico de hecho: se cumple la advertencia de que las agencias estadounidenses, como la DEA, el FBI, la CIA, promueven procesos judiciales contra personajes de la política mexicana del más alto perfil del sexenio anterior, a partir de investigaciones propias y con base en testimonios de Chapitos, Mayo, etcétera.
EN MATERIA DE COMERCIO
- Finalmente, el gobierno de Trump logra imponer aranceles a productos mexicanos, generando un sismo en la economía mexicana, así como en los mercados financieros. Aunque la medida durara poco tiempo o abarcara pocos productos, el efecto sería incuantificable para México.
- Con la justificación de que el T-MEC ha beneficiado más a México y a Canadá, Trump logra eliminar ese Tratado trilateral, e impone un Tratado bilateral a México y otro a Canadá, con términos muy desventajosos para nosotros. Algunos expertos, la minoría, afirman que ese podría ser el objetivo de Trump. Igualmente, infligiría un golpe durísimo a la economía mexicana.
EN MATERIA DE MIGRACIÓN
- El gobierno de Trump deporta a un alto porcentaje de mexicanos indocumentados, el 30, el 40, el 60 por ciento o más. El daño sería terrible para las regiones nacionales exportadoras de migrantes, tanto porque dejarían de recibir las remesas que sostienen la economía local y la estabilidad social, como por la necesidad de darles trabajos y apoyos a las personas deportadas.
- Como lo hizo con el gobierno de AMLO, Trump impone al gobierno actual la realización de acciones aún más agresivas de contención de las personas migrantes que, provenientes de todo el mundo, atraviesan el territorio mexicano en su afán de llegar a Estados Unidos. De tal suerte que el gobierno nacional tendría que asignar una gran parte de sus fuerzas armadas a la ingrata tarea de impedir el libre tránsito a las personas migrantes, con la enorme carga en materia de violación de derechos humanos que ello implica.
- Además, el gobierno tendría que destinar grandes recursos económicos a esta tarea, sobre todo si EEUU impone la medida de deportar personas indocumentadas no mexicanas a territorio mexicano.
REITERAMOS: PUEDE OCURRIR
Reitero que la mayoría de conocedores afirman que estas medidas no van a materializarse, porque para el establishment estadounidense sería como darse un balazo en el pie. A pesar de ese optimismo, sería conveniente analizar las posibilidades con el elemento de que, como lo han afirmado Trump y sus colaboradores, en este segundo mandato están dispuestos a sacudir el avispero, a patear el tablero con el propósito de reposicionar a los Estados Unidos como máxima potencia mundial y prepararse para la confrontación contra China por la hegemonía planetaria.
EFECTOS EN LA HEGEMONÍA DE LA 4T
La transmisión del poder de AMLO a Claudia Sheinbaum fue todo un éxito, pues no solo no ha habido grandes fricciones, sino que salieron muy fortalecidos del proceso: ganaron mayoría calificada en el Congreso, el 75 por ciento de las gubernaturas y los Congresos locales, un realineamiento de buena parte de los medios y periodistas que en el sexenio de López Obrador eran todavía críticos. Este posicionamiento político tan apabullante, hace sumamente difícil que el bloque gobernante, a pesar de sus diferencias internas, pierda el poder político en el corto y mediano plazos.
A lo anterior, hay que sumar el hecho de que la oposición partidista está prácticamente borrada del mapa. A pesar de que el 40 por ciento del electorado apoyó a la oposición en 2018, lo cual representaría una base muy útil para buscar arrebatarle el poder al oficialismo, lo cierto es que los partidos opositores padecen una debilidad estructural, así como un desprestigio que parece infinito, que hacen imposible que PRI, PAN y MC vuelvan a ganar una elección medianamente importante.
La oposición social, por su parte, está cada vez más desdibujada, pues aunque existen múltiples molestias sociales en materia de salud, medicamentos, educación, seguridad, el régimen ha logrado desarrollar mecanismos para contener el descontento: apoyos monetarios masivos que benefician a decenas de millones de familias; desalentar y desincentivar la organización y la movilización social independiente de los cauces partidistas (Morena, PT, Verde) o gremiales (en el evento de los 100 días de la Presidenta se observó que el corporativismo del SNTE, la CROC, la CATEM, y demás organizaciones sindicales y sociales, algunas de ellas antes radicales, copaban la mayoría del espacio simbólico y político del Zócalo).
Así pues, el fantasma de Trump es el único poder real que puede perturbar el proceso de consolidación de la hegemonía del régimen de la llamada Cuarta Transformación. La presión de Trump es asfixiante, el poder de EEUU es incontestable para un país como México. Existen algunos márgenes de maniobra, ciertamente, pero en términos crudos no queda más remedio que administrar las imposiciones gringas con una lógica de sufrir el menor daño posible, independientemente del discurso nacionalista y de dignidad que ciertamente es útil para consumo interno.
Las agresiones de Trump esbozadas en los tres temas cruciales (seguridad, comercio, migración), obligan al gobierno de Claudia a dar respuestas concretas. Esas reacciones de la Presidenta van a generar, de forma inexorable, desencuentros y conflictos al interior del bloque gobernante, en el gabinete, en el bando oficialista en el Congreso, entre los gobernadores oficialistas, en los medios afines. Por distintas razones, algunas corrientes o grupos del oficialismo serán más críticos ante el accionar del gobierno federal.
Por ejemplo, veamos dos acciones que se han interpretado como respuestas a las amenazas de Trump, o, mejor dicho. como anticipación al cumplimiento de los requerimientos del magnate. Una acción es la del incremento exponencial en los decomisos de droga, en particular de fentanilo, así como la captura masiva de capos de la droga de todo nivel; estas acciones no eran prioridad en el gobierno de AMLO, pero ahora es un imperativo de la coyuntura. El desencuentro e incluso el conflicto entre facciones del oficialismo ante estas acciones encabezadas por Omar García Harfuch, incluyendo el rechazo de AMLO expresado en una presunta carta suya distribuida entre senadores de Morena, muestran que las amenazas de Trump inducen acciones potencialmente destructoras de la cohesión interna del oficialismo.
Igualmente se puede mencionar el decomiso masivo de mercancías chinas, así como la creciente retórica de la Presidenta y sus colaboradores de apoyo a EEUU en la disputa con China por la hegemonía mundial. También esta postura ha generado rechazo de algunos sectores del oficialismo. Otro hecho interesante, es la declaratoria de emergencia del ayuntamiento morenista de Tijuana ante la inminencia de deportaciones masivas, pero esa medida fue desconocida o desdeñada por la presidenta Claudia Sheinbaum, lo cual denota que es muy difícil la coordinación o la unificación de criterios, tiempos, estrategias y prioridades entre los distintos niveles de gobierno y entre los distintos intereses del oficialismo para enfrentar la avalancha de Trump.
Ya ni imaginar la magnitud del impacto si Trump cumple las amenazas en materia de seguridad antes descritas.
ERA UN DÍA SOLEADO DE LA 4T
Entonces, ante el enorme posicionamiento político de la 4T, prácticamente sin contrapesos, que tenía ante sí nada más el reto de administrar la abundancia política sin mayores fisuras, la irrupción de Trump hace recordar aquellas célebres palabras iniciales de la novela Historia de Dos Ciudades: “era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”.





