El colapso del mundo. Autora: Emma Rubio

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Hace unos días algunos se encontraban angustiados por el hecho de que un meteorito estaba a punto de chocar con la tierra. El colapso del mundo se antojaba como algo trágico evidentemente. Esto me llevó a reflexionar sobre lo absurdo que resulta preocuparse por el fin del mundo cuando quizá ya podamos hablar de un funesto final. Esto, a cuento de las tantas cosas que de repente muchos deciden no ver. Estuve leyendo últimamente en las redes sociales, la indignación con los últimos acontecimientos que se gestaron en el ámbito educativo, muchas indignadas e indignados por los niños de nuestro país, por “nuestros” niños; manifestando su gran decepción ante la pérdida de una educación de calidad supuestamente. Lo cual lejos de parecerme una indignación auténtica me dio más la impresión de ser un pretexto más para querer denostar el trabajo del presidente, pues si en verdad hubiese una verdadera preocupación por la infancia desde hace años que se debiera experimentar tremenda indignación. 

¿Acaso todas las personas indignadas saben cuántas niñas y niños desaparecen a diario? ¿Qué es peor, que la política educativa no parezca la idónea o que sigan solapando la pedofilia, la pornografía infantil y la trata de blancas? Lo que realmente es indignante es la moralina hipócrita con la que se suele vivir. El colapso del mundo ya aconteció en el momento que hemos permitido que la infancia sea vejada, en el instante donde experimentamos indiferencia ante las desapariciones de miles de niños y niñas. Si en verdad les preocupa tanto la educación, entonces edúquense para que de este modo, adquieran la habilidad de distinguir entre lo prioritario y lo urgente. Pues ser crítico de pantalla cualquiera, pero hacer algo al respecto y evidenciar lo que está pasando, sólo unos cuantos.

Como siempre lo he escrito, la hipocresía prevalece pero más aún la ignominia ante los acontecimientos que diariamente pasan y que simplemente hacemos como que no pasa nada. Muy bueno sería ya dejar de señalar lo que otros hacen o no hacen y que cada persona en verdad se ponga a trabajar al respecto. Se mofan de las propuestas del presidente sobre la violencia; el cual, dice que habría que hacerles pensar a los delincuentes en sus madres. Si bien puede parecer absurdo y irrisorio su comentario, pero si nos ponemos a pensar en serio en la educación tiene sentido que apelemos a la educación de casa, pues es justo esa educación la que se ha visto deteriorada al grado que nos parece normalizada la violencia. Son miles de niñas y niños de los cuales se abusa diariamente, muchos de ellos vendidos por sus propios padres.

La pedofilia, la pornografía infantil y el turismo sexual no son cosa nueva y sin embargo, pocos son los que ayudan a que los padres y madres encuentren a sus pequeñas y pequeños. Algunos padres y madres tienen que someterse a la experiencia de ver cómo han sido violados sus bebés de cuatro años. Esto es una realidad que debemos enfrentar para ya ponerle fin, no es posible que aquellos que lo hacen terminan muertos, amenazados o teniendo que salir del país por temor.

Es menester la indignación pero también es necesario ser selectivo con ella. Hay que indignarnos de lo que realmente fractura a la sociedad y acaba con toda esperanza. ¿Usted se imagina un México en el cual los niños y niñas ya no puedan sentirse seguros? Pues le comento que hace años que ya no están seguros y sin embargo; parece más preponderante que nos fijemos en banalidades, en intereses personales y en alimentar temores infundados por un sistema que nos quiere idiotas.

Despertemos de este sueño egoísta en el que lo único que nos interesa es el propio bienestar. Luchemos por una educación de calidad pero en serio, una educación dada desde casa, la cual procure no un buen nivel académico sino un autoconocimiento, un regulamiento emocional que permita a la infancia de nuestro país vivir como lo que son, como niños y niñas con la posibilidad de ser felices.

Ya deje de lado el discurso pseudopolítico juzgando y mejor pongámonos a trabajar por cuidar que la infancia ya no sea víctima de esas mentes enfermas con poder. Esa es la verdadera educación que debemos proteger y la indignación que debemos sentir es aquella que nos debe generar la desaparición de otra persona menor de edad. El mundo ya ha colapsado éticamente en el momento que hemos sido indiferentes y que nos indignamos por cuestiones materiales e ideológicas. Una ideología no salva la vida, una consciencia despierta sí.

@HadaCosquillas

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