El big data y la voluntad general. Autora: Emma Rubio

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¿Qué es el big data? Es una forma de control muy eficiente. Acxiom, la empresa americana de big data tiene como slogan: “Le ofrecemos una visión de 360 grados sobre sus clientes”, sin embargo, hoy día existe una vigilancia mucho más eficiente, la vigilancia digital, ya que es aperspectivista. No tiene la limitación de la óptica analógica, la óptica digital facilita la vigilancia desde todos los ángulos, no hay ángulos muertos. Por lo tanto, puede incluso dirigir su mirada hacia la psique.

David Brooks anunció en The New York Times el 4 de febrero de 2013 una gran revolución de datos y es cuando entra la era del dataísmo, como dice Byung-Chul Han, y entra con el énfasis de una segunda Ilustración, ya que en la primera Ilustración se creyó que la estadística era capaz de liberar el conocimiento de la mitología. Según Voltaire la estadística “es un objeto de curiosidad para quien quiere leer la historia como ciudadanos y como filósofos”, para Voltaire la estadística significa ilustración.

La transparencia es una palabra clave para esta segunda ilustración, ya que los datos son una especie de lente “transparente y fiable” siendo el imperativo de esta segunda revolución, según Byung-Chul Han “se han convertido todos en datos e información”, y en lo personal considero que tiene razón, todo cuanto somos y hacemos ya queda registrado de modo voluntario en una inmensa base de datos en donde es posible que nos controlen. El dataísmo, entonces, pretende superar toda ideología pues en sí misma lo es, conduciendo de este modo a un totalitarismo digital. Cuando hay suficientes datos, la teoría sobra. La segunda ilustración es el tiempo de saber puramente movido por datos. Chris Anderson de modo profético lo dijo: “Adiós a toda teoría del comportamiento humano, desde la lingüística hasta la sociología. Olvida la taxonomía, la ontología y la psicología. ¿Quién sabe por qué la gente hace lo que hace? La cuestión es que lo hace y que podemos seguirlo y medirlo con una fidelidad sin precedentes. Con suficientes datos, los números hablan por sí mismos.” [1]

El medio de la primera ilustración fue la razón reprimiendo la imaginación, la corporalidad y el deseo. La misma dialéctica amenaza la segunda ilustración, la cual apela a la información, los datos y la transparencia. Generándose de este modo una nueva forma de violencia. El gran filósofo Adorno diría que la transparencia es una expresión de mito, y que el dataísmo promete una falsa claridad, vivimos en la barbarie de los datos. Asimismo, vemos que el dataísmo es nihilista, ya que renuncia totalmente al sentido, los datos y los números no son narrativos, colman el vacío de sentido.

En la era digital domina la mesurabilidad o creencia de ella, así como la cuantificabilidad. El quantified self rinde homenaje a esta creencia, se equipa al cuerpo con sensores los cuales de forma automática miden temperatura corporal, glucosa en sangre, aporte calórico, consumo de calorías, perfiles de movimiento, o partes adiposas en el cuerpo. Cuando alguien medita se miden las pulsaciones incluso, en la relajación lo que cuenta es el rendimiento y la eficiencia, tomándose nota de las sensaciones y estado de ánimo. Sin embargo, la mera multitud de datos que se acumulan no responden a la pregunta ¿quién soy yo? Los datos que se generan se dan a través de algoritmos pero los número no cuentan nada de nosotros mismos, la numeración no es narración y el yo se debe a una narración. No contar sino narrar lleva al encuentro con uno mismo o al autoconocimiento. Tertuliano nos recuerda esto pues el antiguo “cuidado de sí mismo” está unido a las prácticas de tomar nota de sí mismo, la publicatio sui, esto es una parte esencial del ser uno mismo pues las notas de uno mismo son las que configuran una ética del yo. El dataísmo, por el contrario, vacía el self tracking de toda ética y verdad. El sujeto de hoy, dice el filósofo coreano, es un empresario de sí mismo que se explota a sí mismo, el sujeto en red, digitalizado, es un panóptico de sí mismo. Por cada clic que hacemos, cada palabra que introducimos está observado y queda en registro. Nuestro hábito digital proporciona una representación muy exacta de nuestra persona, de nuestra alma y hasta de una imagen de nosotros mismos. De ser la web 2.0 hemos llegado a la web 3.0 donde es posible hacer un registro de nuestra vida. Estamos atrapados en una memoria digital. Y eso que ni he tocado aún el tema de la tecnología 5G, será para otro texto, y ahí sí que le pediré que se ponga aún más a pensar.

@Hadacosquillas


[1] Wired magazine, edición del 16 de julio de 2008.

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