José Reyes Doria | @jos_redo
La acusación de Estados Unidos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya es una bomba nuclear que sacude de pies a cabeza al régimen de la llamada Cuarta Transformación encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum. El acontecimiento se ha abordado desde múltiples ópticas, porque tiene impactos gravísimos en los terrenos de la diplomacia, la soberanía, la política interna, la gobernabilidad del régimen, las negociaciones del T-MEC, la legitimidad de la 4T, el injerencismo imperial, la impunidad, las fuertes complicidades entre delincuencia organizada y política, las ideologías gobernantes, entre otros aspectos.
EMBATE POLÍTICO-IDEOLÓGICO CONTRA LA 4T
En anteriores columnas comentábamos que una de las explicaciones de las agresiones obsesivas de Trump contra México, sería el objetivo de aniquilar al régimen de la 4T. El escenario es sencillo: en este segundo mandato de Trump, los sectores más radicales de la derecha norteamericana ocupan los espacios neurálgicos del enorme poder de Estados Unidos. Grupos y personajes rapaces, multimillonarios, prepotentes, que desprecian las leyes y las formalidades diplomáticas.
Que abrazan una ideología rudimentaria que roza las posturas de odio y rechazo virulento a las expresiones políticas populares, nacionalistas o de izquierda, dentro y fuera de Estados Unidos. Sus modelos de análisis político tienden a presentar como amenazas a gobiernos con tintes populares. Esas élites norteamericanas hoy en el poder, detestan a los gobiernos y las ideologías de gobiernos que no son de derecha, o de ultraderecha.
Así, el propósito estratégico del gobierno de Trump podría ser descabezar y desprestigiar a la dirigencia de la 4T, hasta lograr el control de los procesos político-partidistas mexicanos. La meta sería que en el 2030 el régimen esté desprestigiado, debilitado y condicionado, de tal forma que Estados Unidos tuviera la capacidad directa de poner candidatos y reglas del juego sucesorio.
APLASTAR DE TAJO A UNA NUEVA VENEZUELA
No sería un golpe tipo Venezuela. Pero, en esa hipótesis, EEUU obligaría al régimen a poner un candidato presidencial gris y vulnerable en 2030, y apoyaría con todo a un candidato opositor de derechas. O bien, si el partido del régimen gozara todavía de popularidad mayoritaria, EEUU palomearía a su candidato presidencial y le marcaría las líneas irreductibles de su programa de gobierno. A partir de 2030, e incluso desde mucho antes, la élite imperial trumpista impondría al gobierno mexicano políticas y discurso pronorteamericano, proempresarial, antipopular y colaboracionista.
Puede sonar descabellado, pero es un enfoque que no se puede desdeñar. EEUU abominaba al régimen venezolano de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Para la ultraderecha trumpista, AMLO, Claudia, Morena, son populistas, socialistas o nacionalistas, por lo tanto, en breve tiempo serán una copia de Venezuela. En consecuencia, hay que aniquilarlos ya.
¿CÓMO SOMETER Y DOBLAR, AÚN MÁS, AL MÉXICO DE LA 4T?
Sin seguir necesariamente en la hipótesis del aniquilamiento de la 4T, colocando otro tipo de motivaciones en la base de las agresiones de Trump contra el gobierno de México, que podrían ir desde la búsqueda de efectos electorales, desviar la atención de escándalos de Trump, compensar el empantanamiento en Irán o cualquier otro motivo. El hecho es que Trump quiere doblegar al gobierno de Claudia Sheinbaum para obtener beneficios que, al menos al común de los mortales, no nos quedan claros.
En este punto, es muy conocido que el tema de la corrupción y las complicidades entre políticos y carteles del narcotráfico son dos vulnerabilidades letales del régimen. Siempre lo han sido, pero desde 2018 se han hecho más visibles. El gobierno de Trump aprovechó esas debilidades: una y otra vez ha afirmado que al gobierno de la presidenta Sheinbaum lo controlan los carteles de la droga, que los narcos son los que realmente gobiernan México.
EEUU ha impulsado la versión de que existe una lista de políticos relacionados con los narcos, que se le entregó al gobierno de Sheinbaum, con la exigencia de procesarlos penalmente porque son culpables de inundar de fentanilo a Estados Unidos y matar a cientos de miles de norteamericanos. La narrativa de esta versión, afirma que el gobierno de Sheinbaum hizo caso omiso, confiando en que, por los antecedentes históricos, EEUU no realizaría acciones radicales contra políticos mexicanos en territorio nacional.
LA BOMBA DE ROCHA OBLIGA A PENSAR QUE TODO ES POSIBLE CON TRUMP
Pero la denuncia y la exigencia de extradición del gobernador de Sinaloa es una muestra terriblemente preocupante de que todo lo que ayer parecía impensable, hoy puede ocurrir en la relación con Estados Unidos. Es imperativo que en Palacio Nacional analicen la coyuntura con esta amplitud de miras.
Aceptar y prepararse para acciones como una intervención tipo Maduro para extraer a Rubén Rocha y algunos otros políticos de alto nivel. Todo es posible. O un bombardeo contra laboratorios o refugios de narcotraficantes, o una escalada judicial contra otros políticos de la 4T de mayor perfil que el gobernador de Sinaloa.
TREMENDA ENCRUCIJADA DE LA PRESIDENTA
La jugada de pedir la extradición de Rocha es perversamente magistral. Obliga a la presidenta a optar por el mal menor, si es que este dilema contiene algo como un mal menor. Si decide proceder contra Rocha y el senador, detenerlos y extraditarlos, enfrentará resistencias mayúsculas de poderosos sectores del régimen, sobre todo de los grupos ligados a AMLO.
Si decide no proceder, dejará abierta la puerta a una escalada impredecible del gobierno de Trump, que puede ir desde una intervención relámpago para extraer a los acusados, hasta presentar denuncias y peticiones de extradición de parte de la élite de la 4T.
No proceder contra el gobernador de Sinaloa podría traer otro tipo de consecuencias en lo personal contra la Presidenta, pues, entre otras cosas, el gobierno de Trump podría enfocar sus baterías contra ella misma acusándola, al menos en el terreno discursivo, de complicidad con los carteles del narcotráfico. O lanzar una escalada agresiva de bloqueos financieros a sospechosos de narcotráfico y huachicol, confiscaciones de bienes y demás acciones para las que el Imperio tiene poder de alcance planetario.
¿QUÉ HACER?
La encrucijada recuerda esta pregunta capital que en un momento de graves riesgos se formuló Lenin. Tal vez un camino sería proceder contra Rocha y los demás acusados, sin esperar a que los gringos envíen las pruebas, sino realizar una investigación criminal y recopilarlas aquí. Podría hacerse esto, y promover un acuerdo para no extraditarlos. Pero no sabemos qué costos políticos internos acarrearía para la Presidenta una acción de ese tipo. No es nada fácil el asunto. Lo que parece que definitivamente no es una opción, es no hacer nada.
¿APROVECHAR PARA LIMPIAR LA CASA?
Lo que parece insostenible por muchos días más, es que el gobernador, el senador, el presidente municipal, sigan en sus cargos como si la acusación de EEUU no fuera algo terrible. Sí, la petición de extradición tiene fuertes tintes injerencistas, pero las acusaciones son tan graves, que ameritan una investigación que incluya la renuncia de estos servidores públicos a sus cargos.
No es necesario transitar, por lo pronto, la ruta del desafuero y todo eso que generaría explosiones políticas impredecibles. Basta con ejercer el poder y el liderazgo para convencer a los indiciados a que pidan licencia para que las investigaciones sean más efectivas.
Estos días, Jorge Zepeda, analista afín a la 4T, recordaba que hasta el ex presidente Enrique Peña Nieto metió a la cárcel a tres gobernadores de su partido cuando la situación de esos personajes era ya insostenible. Llega el momento en que ya no es posible arropar a personajes que se han vuelo indefendibles, porque aparte de las consecuencias que cada caso específico acarrea, se genera un estímulo perverso para que la alta clase política siga actuando al margen de la Ley, con los efectos de descomposición que ello puede generar.
PERO SE NECESITA MUCHA CLARIDAD
Y eso es muy difícil de lograr ante un desafío tan grave como la bomba de Rocha. Por lo pronto, los mensajes de gran parte de propagandistas y voceros del régimen, que difunden obviedades y lugares comunes de reproche a la hipocresía de EEUU, solo sirven para consumo interno, pero sería catastrófico que esas piezas informativas tan básicas definieran las posturas estratégicas del gobierno de la República.
El enfoque crudo y duro de la Realpolitik es el que debe predominar. Aceptar que EEUU es un poder imperial hoy encabezado por personajes e intereses depredadores, lo cual obliga a adoptar decisiones inteligentes que impidan daños mayores a la integridad y la dignidad del gobierno y el país.





