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EEUU afila las garras, Claudia calcula, la oposición festina: ¿punto de quiebre? Autor: José Reyes Doria

Fotos: Cuartoscuro | Facebook (Donald J Trump)

José Reyes Doria | @jos_redo

EL CERCO GRINGO

Son apenas nueve meses del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum, y ya ha sido objeto de un acoso del gobierno de Estados Unidos tan intenso, que no tiene precedentes en la historia reciente. Además, el hostigamiento y las amenazas son incesantes, prácticamente no pasa una semana sin que el gobierno de Trump dispare todo tipo de proyectiles contra el gobierno mexicano, y, de hecho, contra los mexicanos en su conjunto.

Se impone un breve recuento de las agresiones de EEUU: aranceles al por mayor, acusaciones de que el gobierno mexicano es cómplice de los carteles del narcotráfico o está aterrado y dominado por los narcos, imputaciones a la presidenta Sheinbaum de que incita a rebeliones en territorio estadounidense, referencias insolentes y amenazantes a la Presidenta por parte de altísimos funcionarios del gobierno gringo, entre otras.

Lo que completa el cuadro de alarma y zozobra, es el conjunto de amenazas: repetidas ocasiones Trump y sus secretarios han afirmado que pueden intervenir directamente en México para destruir a los carteles, barcos de guerra y aviones espía rondan mares y cielos lindantes con el país, filtraciones incesantes de que Trump exige al gobierno de México la entrega de políticos mexicanos ligados al narco, dejando fluir la versión de que hay una lista que incluye personajes que van desde el ex presidente López Obrador o uno de sus hijos, hasta secretarios de Estado actuales y pasados.

Así como versiones de que personajes como el Mayo Zambada, los Chapitos, Caro Quintero, infiltrados gringos en carteles e instituciones mexicanas, han recabado información demoledora de complicidades criminales de políticos de altísimo perfil del actual y el anterior gobierno. El clima de angustia e incertidumbre sembrado por Trump y sus aliados, ha llegado al extremo de circular la versión de que la ultraderecha gringa en el poder pretende acabar con el régimen de la llamada Cuarta Transformación, aprovechando estos motivos y pretextos.

DIFÍCIL SITUACIÓN DEL RÉGIMEN

Una acción punitiva directa de EEUU en territorio mexicano traería consecuencias negativas incalculables para el régimen de la 4T. Una acción del gobierno gringo contundente para acusar, detener o extraer políticos mexicanos como los antes mencionados, también sería demoledora para el gobierno de la presidenta Sheinbaum. Las posibilidades de que eso ocurra son mínimas, si nos atenemos a los antecedentes y a las prácticas norteamericanas en materia de política exterior hacia México; porque casi siempre la hostilidad y la opresión norteamericana ocurre “en lo oscurito”, se despliega discretamente para doblegar a los gobiernos mexicanos en ciertas exigencias que EEUU considera estratégicas.

Pero, como lo ha demostrado muchas veces, no solo respecto a México sino en relación con otros países, Trump y su gobierno está rompiendo los cánones, están arrasando numerosos protocolos de conducta diplomática, de tal forma que, hoy por hoy, no debe descartarse ninguna agresión directa como las que mencionamos antes.

¿QUÉ HACER?

Por ello, el gobierno de Sheinbaum se encuentra ante el cuestionamiento que hizo célebre Lenin: qué puede hacer para enfrentar las agresiones de Trump, y reducir al máximo las posibilidades de una intervención directa devastadora. La verdad es que México tiene un margen de maniobra muy escaso ante el poderío de Estados Unidos. Es una relación abismalmente asimétrica entre ambos países.

En situaciones por el estilo, cuando el país es objeto de una amenaza tan apabullante por parte del Imperio, es indispensable clarificar hasta dónde se puede ceder para evitar intervenciones catastróficas. Fijar ante EEUU cuáles exigencias simplemente México no puede conceder, porque en ellas van la integridad, la estabilidad y la continuidad del Estado mexicano. Pero eso no es tan sencillo como suena, porque esas definiciones no se construyen solo en la cabeza de la Presidenta, ni solo en el círculo de su equipo cercano.

¿FORTALEZA O DEBILIDAD INTERNA?

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum requiere la participación de toda la clase política, de los principales poderes económicos, sociales, mediáticos, gremiales. Mientras más cohesión exista entre los poderes constituidos y fácticos en torno a la necesidad de enfrentar digna y realistamente las agresiones y amenazas de Trump, mayores serán las posibilidades de transitar sin que el régimen y el país reciban daños devastadores. Pero también al revés: si existen divisiones o fracturas internas, los planes de intervención de los Estados Unidos en México encontrarán una alfombra roja esperándolos.

En este escenario, cobra una relevancia suprema la cuestión de la disputa política al interior del régimen de la 4T. Es de todos conocido que el ex presidente López Obrador dejó sembrados personajes fieles a él en cargos sensibles del gobierno de la presidenta Sheinbaum; que logó imponer una profunda agenda de reformas radicales que han tenido el efecto de empequeñecer el margen de maniobra y auto definición política de la Presidenta. Por su parte, Claudia Sheinbaum, ha tratado de construir un espacio de autonomía propio, a partir del cual ha podido avanzar en políticas diferentes a las de AMLO en materia de seguridad, combate al crimen organizado, salud, política exterior, entre otras.

¿DIVISIONES, FRACTURAS O UNIDAD?

Sin embargo, han sido públicas y palpables las resistencias por parte de grupos y personajes afines a AMLO en el propio gabinete presidencial, en el Congreso, en los gobiernos de los estados, en las fuerzas armadas, en los medios y redes de propaganda del régimen. La misma situación de división entre los grandes bandos de Claudia y de AMLO, ha sido caldo de cultivo para que otros grupos y personajes de la 4T se decidan a erigir sus propios feudos y áreas de influencia. Esta especie de balcanización de fuerzas al interior del régimen, por sí misma constituye un obstáculo formidable en el camino hacia una acumulación de poder suficiente para consolidar al régimen. Con mayor razón, la disputa interna es una pésima condición para enfrentar los embates del imperio gringo.

Un elemento que reduce y aleja todavía más las probabilidades de construir un mínimo de unidad política estratégica, es la sospecha de que el gobierno de Trump reclama la criminalización y entrega de políticos mexicanos de alta gama, en su gran mayoría asociados a AMLO. Incluyendo, como ya se dijo, la versión de que el propio ex presidente estaría en esa lista negra. Por lo tanto, esta situación, meramente especulativa hasta ahora, pero inquietantemente persistente, tiene el efecto de complicar exponencialmente la disposición de unidad del obradorismo con el claudismo.

¿PUNTO DE QUIEBRE?

Analistas afines al régimen, como Jorge Zepeda Patterson o Carlos Pérez Ricart, han puesto sobre la mesa, estos días, la necesidad de que la presienta Claudia Sheinbaum induzca un punto de quiebre con toda la energía posible. Ese punto de quiebre, sumando nuestro punto de vista a la de estos y otros analistas, consistiría en un emplazamiento inexorable a los actores políticos más relevantes del régimen de la 4T, a que se sumen incondicionalmente al proyecto de potenciar al Estado mexicano para, primero, sortear de la forma menos cruenta la embestida de los Estados Unidos, y segundo, a fin de consolidar la dominación de la llamada 4T sobre bases legítimas.

Pérez Ricart, por ejemplo indica que la Presidenta debe poner fin a la protección de personajes y acciones delictuosas o reprobables, como el caso del coordinador de los senadores de Morena, Adán Augusto López: basta de tratar de exonerarlo a priori, porque esa acción profundizaría la certidumbre de impunidad de la clase política, sería una carta blanca para continuar con las complicidades con el crimen organizado, con las consecuencias terribles que conlleva en materia de legitimidad y autoridad moral.

Compartimos esa opinión, y agregamos que reproducir el manto de protección e impunidad, lejos de propiciar unidad política y fortalecimiento de la Presidenta, sería un factor que profundizaría su carencia de potencia política al interior del régimen. El punto de quiebre requiere someter políticamente a los diferentes actores políticos, sean obradoristas, claudistas, o los que tratan de erigir su propio feudo. Convencerlos, por las buenas o por la fuerza de la investidura, de que se tiene que jalar parejo en las líneas estratégicas que se definan desde la institución legítima y constitucional de la Presidencia de la República. Sin condiciones.

Es muy difícil, pero la coyuntura descrita hace que al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum se le agote el tiempo, se le reduzca el margen de maniobra y se le traten de rebelar abiertamente los factores de poder y pretendan condicionarla a ella.

OPOSITORES E ILUSOS

La oposición partidista y mediática vive en la ilusión de que el gobierno de Trump busca hacer justicia en México ante la impunidad criminal de narcos y narcopolíticos. Buena parte de los opositores sociales e individuales quieren creer esa narrativa. Proyectan escenarios donde Trump desbarata al régimen de la 4T, y entrega el poder a la oposición. Pero la oposición partidista, mediática y social más visible cargan con un enorme desprestigio y una marcada debilidad estructural, que si acaso se materializara el escenario que anhelan, Trump no les daría el poder a ellos por carecer de proyecto y capacidad.

Con todo, la situación del país requiere el apoyo de la oposición, porque las posturas, el discurso y los llamados de los opositores más recalcitrantes, sí pueden tener el efecto de generar un aparente clima de aceptación social mexicana de una eventual intervención estadounidense.

Por eso, el punto de quiebre de la Presidenta, también debería incluir una trato incluyente hacia la oposición, o al menos suspender de momento las diatribas y descalificaciones absolutas de la oposición, porque finalmente los opositores tienen derechos y también son mexicanos.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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