Educar en circunstancia. Autora: Pilar Torres Anguiano

“Ya nos enfrentábamos a una crisis de aprendizaje antes de la pandemia.
Ahora nos enfrentamos a una catástrofe generacional
que podría despilfarrar un potencial humano incalculable,
socavar décadas de progreso y
agravar las desigualdades más arraigadas”.
Antonio Guterres, secretario general de la ONU

No sé ustedes, pero en estos días de regreso a clases, he leído las más diversas críticas, ataques y hasta insultos ante la medida de transmitir los contenidos educativos de los planes y programas de estudio, por televisión. No es para menos. Es mucho lo que está en juego y el tema educativo es algo que nos atañe a todos.

A quien tiene sangre en las venas, nada de lo humano le es ajeno. Especialmente, la educación, que impacta en todos los aspectos humanos: desde el desarrollo de las capacidades cognitivas y el cuidado de la salud, hasta en la reducción de la pobreza.

La educación perfecciona a los individuos, enriquece a las naciones y –como lo afirmaba Mandela– cambia a las personas que van a cambiar al mundo. Por ello temblamos al verla en riesgo. Y hoy, la circunstancia es crítica, todos lo sabemos.

Recientemente, el propio secretario general de las Naciones Unidas, presentó el informe ”La educación en tiempos de Covid-19 y más allá”, cuyas conclusiones ponen de relieve la urgente necesidad de velar por la continuidad del aprendizaje para todos, especialmente de los más vulnerables. Advirtió que se avecina una catástrofe en la educación mundial, en la que 24 millones de alumnos podrían abandonar los estudios y llama a la UNESCO a intentar evitarlo.

En esta situación ¿Cómo lograr la mayor cobertura posible?

Ante la pandemia se han tenido que tomar decisiones sobre la marcha y la realidad pasa factura sobre lo que durante años dejó de hacerse. Sobran las eruditas construcciones teóricas y las críticas malintencionadas, pero faltan las soluciones concretas, reales, viables. Aplicables a la situación actual.

Hay una generación de niños y jóvenes por educar y la circunstancia es adversa, tal vez como nunca antes. Pero es la circunstancia que habrá de configurarles. Es la suya. Y ellos habrán de construir su aprendizaje a partir de sus propias historias y de sus propias situaciones.

Yo soy yo y mis circunstancias, sentencia José Ortega y Gasset, lo recordamos todos. Esta afirmación resume su propuesta ontológica y antropológica, según la cual no existe un Yo abstracto aislado del mundo que lo rodea, sino que ese mundo que le rodea constituye, precisamente, la otra mitad del Yo y solo a través de esa circunstancia, el Yo se completa. Así integra razón y vida; ser pensante y mundo pensado.

Ser y circunstancia es la clave. Y es que, más allá de las políticas públicas y de las críticas privadas, de las malas decisiones y de las incapacidades e ineficacias, de los planes y programas, de la nueva escuela mexicana y de las viejas reformas educativas, de las decisiones cuestionables y los oportunismos electoreros; está el aquí y el ahora de los estudiantes y los docentes.

La circunstancia es adversa y es preocupante, sí. Eso es real, como reales son también la capacidad de adaptación que tienen los jóvenes. Los maestros lo sabemos. 

También sabemos que en la educación no existen verdades absolutas sino perspectivas sobre la verdad. Cada humano vive en un espacio y en un momento propio que le da unas formas determinadas de ver y de pensar. Las personas conocemos el mundo desde una determinada óptica que va cambiando según el camino que se recorre y el lugar en el que se encuentra.

El sujeto que conoce lo hace, desde su propia perspectiva, que es su circunstancia. Un maestro (aunque sea a distancia), está frente a un grupo de personas que deberán integrar sus distintas versiones para alcanzar una comprensión adecuada de la verdad; y el conocimiento será mejor en la medida en que más perspectivas logre integrar. Por lo tanto, nunca se puede dar por definitivo o acabado.

Ellos, los jóvenes, son resilientes por naturaleza. No los menospreciemos. Tal vez esta circunstancia les está enseñando más de lo que pensamos.

No soy ninguna experta en Educación, pero llevo más de 20 años en esto dentro y fuera de las aulas. Sé que un maestro con sus estudiantes puede hacer más por el mundo y por la vida, que 10 reformas y mil críticas eruditas y politizadas. Y que tal vez se le exige a la educación más de lo que puede darnos, que no es perfecta, pero es el mejor chance que tenemos para mejorar el mundo propio y el compartido.

Enoja la arrogancia y pretendida superioridad con la que tantos anuncian el fracaso educativo como triunfo político. A muchos nos importa muy poco la política, pero nos duele la desigualdad y estamos dando nuestro máximo esfuerzo con lo que tenemos. Sabemos que la situación es crítica, que el internet es insuficiente y que recurrir a la TV no es lo ideal. Pero estamos dispuestos a intentarlo.

Pilar Torres Anguiano
Pilar Torres Anguiano

Filósofa, profesora y ensayista.

Deja un comentario