El Nobel de Economía premia a tres economistas que han demostrado cómo las instituciones inclusivas impulsan la prosperidad, mientras que aquellas extractivas perpetúan la desigualdad, particularmente en regiones que fueron colonizadas.
Camila Olvera Burdiles | Redacción Astillero Informa
Daron Acemoglu, Simon Johnson y James A. Robinson han sido galardonados con el Premio Nobel de Economía por sus contribuciones al entendimiento de las diferencias en la prosperidad entre las naciones. El anuncio fue hecho por la Real Academia Sueca de las Ciencias, destacando el impacto de sus investigaciones sobre cómo las instituciones sociales y políticas influyen en el desarrollo económico de los países. Este reconocimiento subraya la relevancia de su trabajo, centrado en las instituciones como motor de la prosperidad o el estancamiento de las sociedades.
Acemoglu, nacido en Estambul en 1967, es profesor en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) y es conocido por sus investigaciones en economía del desarrollo, el crecimiento económico y la desigualdad salarial. Desde sus primeras investigaciones, ha explorado cómo la política y la economía están profundamente interrelacionadas. Su obra más conocida, Por qué fracasan los países, escrita junto a Robinson, es una referencia en la academia y en el debate público. En ese libro, los autores argumentan que las diferencias en el desarrollo económico de los países no se deben a la geografía o la cultura, sino al funcionamiento de las instituciones.
Simon Johnson, profesor del MIT y execonomista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha explorado cómo la innovación tecnológica, lejos de beneficiar a la mayoría, suele aumentar la concentración de poder económico en manos de pequeñas élites. En su libro más reciente, Poder y Progreso, escrito junto a Acemoglu, sostiene que la tecnología no siempre promueve el progreso social, y a menudo exacerba la desigualdad.
James A. Robinson, nacido en el Reino Unido en 1960, es profesor en la Universidad de Chicago y coautor de varios trabajos con Acemoglu. Su trabajo se ha centrado en las causas políticas de la prosperidad y el subdesarrollo, destacando cómo las instituciones extractivas —aquellas que concentran poder y riqueza en manos de pocos— impiden el desarrollo inclusivo. En conjunto, sus investigaciones han revelado que cuando las instituciones políticas fallan en proporcionar seguridad y justicia, los países no pueden generar un crecimiento económico sostenible.
La investigación de estos tres académicos se centra especialmente en cómo las instituciones heredadas del colonialismo han marcado las trayectorias de desarrollo de los países. Según la Academia, en algunas regiones colonizadas, las instituciones inclusivas, que promueven el acceso igualitario a las oportunidades, fomentaron la prosperidad. En cambio, en otras, las instituciones extractivas perpetuaron la pobreza y la desigualdad, explicando así por qué algunas antiguas colonias que fueron ricas ahora son pobres.
El trabajo de Acemoglu, Johnson y Robinson llega en un momento crítico para la economía mundial, cuando la desigualdad y la fragilidad de las instituciones están en el centro de los debates sobre el futuro del crecimiento económico. En su discurso de aceptación, los tres académicos han subrayado la importancia de fortalecer las instituciones democráticas y económicas para enfrentar los desafíos globales, como la crisis climática y la creciente desigualdad.
¿Y las mujeres economistas?
Hasta la fecha, solo tres mujeres han sido galardonadas en toda su historia. La más reciente fue Claudia Goldin, profesora de la Universidad de Harvard, premiada en 2023 por sus investigaciones sobre la brecha de género en el mercado laboral.
La primera mujer en lograrlo fue Elinor Ostrom en 2009, gracias a sus teorías sobre la gestión de los bienes públicos. En 2019, la franco-estadounidense Esther Duflo fue galardonada junto a Abhijit Banerjee y Michael Kremer por su enfoque experimental para combatir la pobreza global. Duflo también ostenta el título de ser la persona más joven en ganar el premio, con 46 años.
El galardón no oficial
El Nobel de Economía, pese a haber sido creado después y no estar incluido oficialmente en el testamento de Alfred Nobel, se considera el galardón más prestigioso en este campo a nivel mundial. Instituido en 1968, este reconocimiento lleva el nombre oficial de Premio del Banco de Suecia de Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel y está dotado con 11 millones de coronas suecas, equivalentes a casi 970.000 euros. El primer galardón fue otorgado en 1969 a Ragnar Frisch y Jan Tinbergen.
Aunque algunos puristas subrayan que el premio de economía no es un Nobel en sentido estricto, su entrega se realiza junto a los demás galardones el 10 de diciembre, fecha que marca el aniversario de la muerte de Alfred Nobel en 1896. Con este premio, se termina la serie de anuncios de los Nobel, precedido por las categorías de Medicina, Física, Química, Literatura y Paz.




