Desde “el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga”. Autor: Ricardo Bravo

Autor: Ricardo Bravo
La inercia hace que la gente, las sociedades, hagan cosas que ya nadie quiere que existan. Una de esas que se me vienen a la mente es la visita al hospital de personas que no forman parte del núcleo familiar de los nuevos padres después de un parto.
Comúnmente, la madre está en recuperación y la pareja está lidiando con un sinfín de trámites burocráticos entre el hospital y, quizás, los seguros. No tienen ganas de ver a nadie más que a los estrictamente necesarios. Por otro lado, los visitantes tampoco tienen muchas ganas de asistir: ir a un hospital resulta engorroso; sabemos que repetiremos las mismas preguntas y recibiremos más o menos las mismas respuestas. Sin embargo, los visitantes sentimos la responsabilidad de asistir y los padres, la de recibir. Pura inercia. Una sensación parecida me dio el octagésimo primer periodo de sesiones de la Asamblea General de las Naciones (Des)Unidas en Nueva York.
El propio Secretario General de la ONU, António Guterres, lo admite: se viven momentos en los que “el derecho internacional está siendo pisoteado”. Agrega: “Las grietas del mundo se han convertido en abismos”. Viniendo de LA organización internacional con el propósito declarado de mantener la paz y la seguridad internacionales, no son declaraciones halagüeñas. Seguro que no soy el único en preguntarse: ¿Para qué se siguen reuniendo? Los comentocratas de toda la vida son duros con el gobierno mexicano y, en específico, con la presidenta Claudia Sheinbaum, por no aprovechar la oportunidad de exponer la posición mexicana en la Asamblea; por no plantar cara ante los ataques del gobierno estadounidense. Yo también creo, en general, que el aislacionismo no es una buena estrategia, pero, debido al momento actual y habiendo visto cómo ha sido el evento, creo que la decisión fue correcta.
Tengo que admitir que no soy un seguidor asiduo, histórico, de estas Asambleas. Quizás esa declaración resulte inusual por parte de un internacionalista. Si no somos nosotros, ¿quién? Mi problema con ellas es lo que admitía Mark Carney en su multicitado discurso en Davos, que el orden internacional basado en normas era en parte falso, que las potencias medias participaban en la ficción, en sus rituales, porque les beneficiaba, menos que a las superpotencias, pero les beneficiaba aún. Las Asambleas eran parte fundamental de esos rituales, que le daban legitimidad al orden internacional que se viene abajo. Por eso las Asambleas se han vuelto mucho más interesantes en los últimos años; porque se acabó el decoro y los buenos modales; porque el poder se blande, se contonea, en la cara de los demás para asustar a algunos y para seducir a otros tantos.
Debido a que mi interés por estos eventos es reciente, no puedo evitar preguntarme: ¿han sido las transmisiones siempre tan sensacionalistas? ¿Tiene que ver con que estas se realicen en Nueva York, sede de Broadway? ¿O están simplemente buscando más vistas en YouTube? Es apenas el 3.er día de la Asamblea y creo que podemos concluir de antemano que la estrella del evento será Donald Trump (aunque ya hay muchos que le pusieron la etiqueta de “superhéroe” a Carney por su elocuencia). Sus poco menos de 40 minutos en el estrado ya han sido multirreplicados y multianalizados. A mí lo que me sorprendió ya no fueron los autoelogios, las mentiras, la incoherencia, las frases vacías, según las cuales todo lo que dice o hace es “lo más grande”, “lo más fuerte”, “el mejor que ha existido”. No, lo que me sorprendió fue ver a delegaciones de países atacados por el poder hegemónico recibiendo una prédica, una catequesis, desde el estrado, con rostros impasibles.
Rostros, que fueron bien documentados por la transmisión. Con close-up y toda la cosa.
Para todos tuvo: festejó el “nuevo” tratado con Groenlandia, que, como todos sabemos, no sirve ni para servilleta, pero se lo restregó a la delegación danesa como un logro estadounidense, tras la irracionalidad del país europeo. La delegación danesa simplemente asentía ante la mirada de las cámaras. A las delegaciones de Rusia y Ucrania les dijo, por enésima vez, que ya basta de niñerías y que la guerra debía terminar. El rostro de ambas delegaciones no cambió ante las palabras de Trump. Pero Zelensky ya se veía más recuperado del regaño de la Casa Blanca de hace un año. A Venezuela y a Delcy Rodríguez les tiró en cara que su expatrón era el líder de un cártel de las drogas inexistente. Celebró, en voz alta y ante todos, el tratado petrolero recientemente firmado que, como todos sabemos, beneficia únicamente a los Estados Unidos. El rostro de Rodríguez mostraba pereza y desinterés; en algunos momentos decidía bajarlo para escribir. La cámara no enfocó lo que se escribía, pero mi hipótesis es que eran o tres signos de “$$$” o un “Hijo de…”. Trump también prometió que Cuba caería ante las imágenes de la delegación cubana saliendo del recinto.
Finalmente, estuvieron los dos grandes villanos: Irán y México. Para Irán, que es un país de terroristas, asesinos y represores. Que estaba listo para aniquilarlos y que nunca dejaría que pusieran manos sobre un arma nuclear. Nada nuevo. Pero la puesta en escena fue magistral. Solo un delegado de toda la delegación iraní estuvo presente durante el discurso. ¿Quién gusta de que el bully de la comunidad le diga en la cara que lo va a aniquilar? El ministro tenía una mirada estoica, pero se notaba su rabia bien contenida. A su izquierda, dos sillas vacías; a la derecha, un pasillo lo separaba de las demás delegaciones. No sé si era el objetivo de la transmisión, pero la imagen era la de un gobierno dejado a su suerte por todos.
Y luego México. El discurso en ese tema, en NUESTRO tema, fue cuidadoso, si cabe la expresión en cualquier cosa relacionada con Trump. Dejó de lado al gobierno actual, diciendo que hay una buena relación con él y que hay avances que pronto llevarán a la erradicación del narcotráfico. Pero luego se arremangó el blazer: a pesar de la buena relación, el gobierno es pusilánime y vulnerable. No podemos hacer el trabajo nosotros. Reiteró la disposición del gobierno estadounidense a intervenir en México, en la región, si este problema no es atajado por los gobiernos nacionales. La cereza en el pastel: México es el epicentro de la violencia de los cárteles. Durante esta mescolanza de medios elogios y ataques frontales, las cámaras del evento enfocaron al representante mexicano, el canciller Roberto Velasco.
Velasco es alguien inusual en este tipo de eventos, por su juventud. Miraba con atención el discurso de Trump, pero no se podía deducir mucho más de su actitud.
¿Debió Sheinbaum estar presente para la reprimenda? Los comentocratas que argumentan que “sí” sustentan la posición diciendo que estos países atacados tendrán a su vez el estrado para decir su “veldad”. Yo dudo que la defensa de cualquiera de estos países tenga repercusiones reales. Las imágenes que quedarán en el imaginario de la población serán las de Trump señalando con el dedo a delegaciones con miradas perdidas. Delegaciones de países que continúa maltratando o que perdona, dependiendo de cuánto espacio hacen para acomodar sus demandas irracionales.
Participar para bajar la cabeza.

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