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Cultura y 4T: Taibo, poetisas asquerosas. Marx Arriaga, pecado capitalista leer por placer. Autor: José Reyes Doria

Foto: Paco Ignacio Taibo ll, director del Fondo de Cultura Económica. Foto: Victoria Valtierra Ruvalcaba / Cuartoscuro

José Reyes Doria | @jos_redo

La cultura y el poder no siempre se han llevado bien. La cultura, expresada en pintura, poesía, música, novelas, ensayos, tiende a ser crítica del estado de cosas, corroe la solemnidad de las jerarquías y desmitifica los cultos a las personalidades políticas. La leyenda dice que algún líder nazi, Himmler, Goebbels o Göring, acuñaron la frase de “cuando oigo la palabra cultura, saco la pistola”. Una versión mexicana de esa figura, señala que un encumbrado político de la posrevolución dijo: “cuando oigo la palabra cultura, saco la cartera”, aludiendo al expediente de la compra de conciencias. Cuestión de estilos políticos.

En el primer sexenio de la llamada Cuarta Transformación, hubo recortes significativos al presupuesto cultural, al cine, a bibliotecas, librerías, radio, televisión, teatro, orquestas, a la propia Secretaría de Cultura, al INBAL, etcétera. Algunos observadores reformularon la frase posrevolucionaria, para establecer que, en tiempos de la 4T, se dice “cuando oigo la palabra cultura, escondo la cartera”. También, cuestión de estilos.

La edición de libros y la educación son dos de los principales instrumentos del Estado para promover, orientar y conformar la cultura. Cada gobierno busca imprimir su sello al la política cultural (cuando la hay). El Fondo de Cultura Económica (FCE), es la principal editorial pública de Hispanoamérica, y ha sido un bastión en la difusión de literatura, poesía y pensamiento. Ha tenido directores ilustres, como Daniel Cosío Villegas, quien fundó la institución, o Arnaldo Orfila, enorme promotor editorial y cultural.

Paco Ignacio Taibo II también es un personaje de las letras y el pensamiento, a mucho les gusta su obra y a muchos no, pero puede estar en la lista de directores destacados del FCE, o al menos de los que provienen del sector cultural o literario. Sin embargo, empezó su gestión con el pie izquierdo, porque no daba el perfil legal, pues no es mexicano de nacimiento. AMLO tuvo que hacer algo siempre criticable: reformar la Ley para beneficiar a una persona en específico. Como la 4T tenía mayoría absoluta en el Congreso, la reforma pasó fácilmente, a pesar de las protestas de muchos personajes y sectores. Así, fue como llegó Taibo al FCE, y selló su estilo con la fina declaración triunfal “se las metimos doblada”.

La gestión de Taibo al frente del FCE ha sido de claroscuros. Como casi todos los directores anteriores, ha beneficiado a escritores desconocidos o insulsos, y ha aprovechado para difundir masivamente los libros de su propia autoría. El escándalo estalló recientemente cuando, al presentar una nueva colección del FCE, dijo que, no por cumplir una cuota de género, iba a publicar la obra asquerosamente mala de una eventual poetisa, de una mujer. La colección es la de “25 para el 25”, que en realidad incluye 27 libros, de los cuales el FCE regalará 2.5 millones de ejemplares en México y América Latina.

En la mañanera, con la presidenta Claudia Sheinbaum a su espalda, le preguntaron a Taibo, por qué había un desequilibro de género en esos 27 libros. Por qué solo eran seis mujeres por veintiún hombres. Fue ahí donde Taibo expresó esa frase que ahora es objeto de un intenso debate, manifestaciones de repudio de colectivos feministas, exigencias de que sea destituido, que renuncie. Algunas mujeres de la 4T, como Laura Itzel Castillo, presidenta del Senado, o la también senadora Malú Micher, sin mucha energía, han criticado la insensibilidad de Taibo y consideran que debe pedir disculpas, pero no renunciar porque tampoco es para tanto.

Escritoras y poetas que no están en el circuito de la 4T, criticaron las expresiones de Taibo, calificándolas de machistas y misóginas, pero también lamentaron la gestión del escritor al frente del FCE, que consideran ha sido sectaria e ideologizada al máximo. Malva Flores, Brenda Lozano, Mónica Lavín, entre otras mujeres de letras, refutan los dichos de Taibo, señalando que en esa colección de 27 libros hay textos de hombres que carecen de todo mérito para figurar al lado de monstruos como Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, Miguel Ángel Asturias o Carlos Montemayor.

Se refieren a casos como el de Fabrizio Mejía Madrid, consuetudinario propagandista de la 4T, que aparece con un libro en la colección de Taibo. Estas escritoras, consideran que el juicio de Taibo de no publicar una obra asquerosamente mala de una mujer, aplica perfectamente a la obra del buen Fabrizio; sin embargo, Taibo lo mete con calzador a la lista al lado de gigantes literarios por dos razones: porque no es mujer y porque es un “intelectual” de la 4T.

Tal vez sea el momento adecuado para relevar a Taibo de la dirección del FCE. No por esa polémica declaración, que ciertamente sí refleja resortes tradicionalistas de menosprecio por la capacidad de las mujeres para crear obras literarias decentes. La frase de Taibo, en el marco de la lista de 27 libros de su colección, sí tiene aromas de misoginia, porque exige a las mujeres obras maestras para aspirar a ser honradas con una publicación en el FCE, mientras que a autores hombres como Fabrizio no les pone ni el más mínimo pero.

Pero más allá del debate sobre la misoginia o no misoginia, el cambio en el FCE sería una buena señal para el sector cultural, y para la clase política en general, en el sentido de que los cargos públicos, como la dirección del FCE, no son patrimonio ni propiedad de ninguna persona. Siete años de gestión son suficientes para realizar, con mayor o menor éxito, un proyecto de gestión cultural. No hay indispensables, los caudillos culturales están en desuso. Hay muchos otros perfiles en la órbita de la 4T, que le darían un aire fresco al FCE.

Esto nos lleva al tema de Marx Arriaga, quien también viene del sexenio anterior en la Dirección General de Materiales educativos de la SEP. Marx se jacta de haber cambiado el pensamiento educativo, y ser el gestor del credo de la Nueva Escuela Mexicana, incluyendo los libros de texto gratuitos. Pero recientemente, diversas voces han expresado fuertes críticas a ese modelo. Marx no ha tardado nada en descalificar indiscriminadamente esos señalamientos: le ha dirigido invectivas tanto a empresarios como a maestros de la CNTE que no comulgan con la ideología neomarxista de Arriaga.

Recordemos que, en el sexenio anterior, nuestro Marx afirmó, precisamente ante maestros y maestras, que la lectura solo debe ejercerse para emancipar y, acudiendo a Marx el Grande con sus tesis sobre Feuerbach, transformar al mundo. Llegó al punto de pontificar que el acto de leer por placer es mero consumo capitalista. Después trató de desmentir, pero en el contexto de ese discurso que dio, se aprecia claramente esa idea hiper ideologizada de la lectura. En la visión cuasi evangelizadora de nuestro Marx, si agarramos un libro de Rulfo, de Paz, de Fuentes, de Borges, de Neruda, de García Márquez, de Shakespeare, de Dickens, de Dostoievski, de Kafka, de Proust, o hasta el Libro Vaquero, estaremos incurriendo en un pecado capital.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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