Cuando la risa es llanto. Autora: Emma Rubio

Gran controversia que ha generado el film Joker, un personaje que ha suscitado reacciones diversas y que algunos hasta terminan identificándose con el personaje.

Me ha llamado la atención bastante, pues es una historia en la que vemos a un antihéroe desde su historia personal siendo un sitio común el sufrimiento y abandono. ¿Qué nos conecta de este personaje a nivel personal? He escuchado diversas opiniones sobre el film desde que no es la gran cosa y que tan sólo es una película más y desde que es extraordinaria y que “todos somos el Joker”. Después de verla dos veces, puedo decir con franqueza que puedo intuir qué es lo que nos conecta con el personaje.

El Joker, un enfermo mental, cuyo trastorno no le permite reír de modo natural sino que como parte de su sufrimiento y enojo está condenado a sonreír, siendo la risa un elemento clave en la narrativa pues la risa es dolor, enojo, impotencia. Una risa que simboliza el abandono, la incomprensión, el desamor, el maltrato y abuso y la soledad en toda su manifestación posible. El Joker es un ser imposibilitado a generar algún tipo de vínculo no por voluntad sino por rechazo social, condenado socialmente al más puro abandono. Expulsado del sistema que medio cuidaba de él por considerarlo un ciudadano de segunda haciendo de éste un ser inexistente, un paria de la existencia.

Ante el enojo del personaje, quien tiene que acudir a la máscara para lograr ser visto, ya que su propio rostro es completamente invisible para los demás, siendo la máscara de payaso la más auténtica representación de la risa como lo terrorífico, como la burla, como lo grotesco, justo como lo que es el sistema que cada vez expulsa a más seres que no caben en la idea de “normal”. Una de las frases que más me impactó que aparece escrita en el diario del personaje fue:“Lo más difícil de tener un trastorno mental es que las personas te tratan como si no lo tuvieses”. ¿Cuántas veces nos hemos negado a ver esos rostros que nos confrontan con lo que no quisiéramos ser? ¿A cuántos seres se ha expulsado del sistema sólo porque “no cuadran”?

El antihéroe se convierte entonces en una especie de mártir con el que se termina empatizando porque duele y mucho ver la miseria a través de una pantalla ¿cierto? Pero ¿empatizamos de igual modo con aquellos que vemos en las calles o simplemente fingimos no verlos? En este sentido veo dos líneas para analizar; la primera, la falta de conciencia que existe con respecto a los enfermos mentales y su sentido en la vida, pues a menos que tengamos de modo cercano la experiencia de convivir con una persona enferma, simplemente no existen. ¿Cuántos hospitales psiquiátricos han desaparecido? ¿qué ha pasado con los enfermos que habitaban en ellos? ¿en qué condiciones se encuentran estos enfermos, tienen una vida digna? Muchos sabemos que no es así, que son seres que aún internados viven en el total abandono, también aquellos que padecemos trastornos más leves como depresión, ataques de pánico solemos padecer justo lo que escribía el Joker, somos tratados desde una normalización que en ocasiones duele y hace que uno en verdad se sienta paria del mundo. Simplemente los medicamentos tienen clases sociales pues casualmente los que cuestan caros son los que hacen mejor efecto y generan menos efectos secundarios y aquellos de fácil acceso termina uno dejándolos porque resulta más duro el remedio que la enfermedad. En este sentido, aplaudo el film porque pone sobre la mesa el tema de la enfermedad mental el cual da para mucho si analizamos de modo profundo al personaje, pero no es la intención en esta columna.

La otra vía de análisis es la de la exaltación del antihéroe, el personaje termina siendo idolatrado en la historia por la masa y no sólo en la narrativa de la historia sino también en la realidad por algunas personas, pues Joker representa la rebelión ante la soberbia, la inhumanidad, la cero empatía, la crueldad, y el dolor que genera un sistema que solamente beneficia a unos cuantos y expulsa a quienes no tienen una vida de beneficios. Esto ha pasado mucho en nuestro país pues gracias a toda la narco cultura que se ha consumido bastante, se enaltecen los personajes que representan a los grandes capos del narcotráfico al grado que se termina por admirar a los grandes narcos, idealizándose la vida de estos. Razón por la cual tristemente no es de extrañar que muchos niños y jóvenes vean al narco como una posibilidad en sus vidas. Por otro lado, una realidad es que estos capos en efecto terminan siendo los antihéroes de sus comunidades pues ayudan y solucionan problemas que el gobierno no ha sido capaz de hacer, o les facilita fuentes de trabajo que el sistema político ni económico ha generado. Por lo cual, las personas terminan justificando sus actos porque ellos “sí ayudan”. Muestra fehaciente de lo que Hanna Arendt explica sobre la banalidad del mal. El mal es banal en el momento en que no somos capaces de distinguir la ética y justificamos actos inhumanos convirtiéndonos en cómplices del mal.

@Hadacosquillas

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