Cuando el placer se trastoca. Autor: Victor Manuel Rodríguez Molina

“Me había confiado una misión: ganar la ruleta fuese como fuese. No tenía tiempo de preguntarme por qué ni en cuánto tiempo había que ganar, ni qué cálculos nuevos habían nacido en aquel cerebro siempre activo”. 

Fiódor Dostoievski: “El Jugador”.

Todos conocemos el placer que se experimenta al deleitarse con un helado, un pedazo de chocolate o un simple olor. El gusto por obtener esa maravillosa recompensa puede ir creciendo al grado de supeditar nuestra conducta. En términos generales gran parte de nuestras actividades se encuentran ligadas a un motivador universal, la búsqueda de recompensas y con ellas la obtención de placer. La recompensa es el resultado del funcionamiento de un complejo sistema cerebral ligado a importantes cambios químicos neuronales. La dopamina es una de las sustancias (neurotransmisores) más importantes que se encuentran estrechamente involucrada en la producción de las sensaciones placenteras. 

En los humanos y otras especies la capacidad de experimentar placer es esencial para un óptimo funcionamiento que nos permita alcanzar un bienestar psicológico. El sentido del gusto es el componente de mayor impacto hedónico o de placer, y nos produce gran atracción. Lo podemos observar cuando un niño pequeño prueba algo dulce y provoca que lo busque intensamente. La obtención de una recompensa es tan importante que, de manera general, podemos decir es la responsable de dirigir nuestra conducta y nuestras motivaciones. 

Los neurocientíficos han determinado que las recompensas psicoemocionales no están limitadas al ámbito de los alimentos, la ingesta de sustancias o sonidos, un aspecto muy importante es también la interacción social. En años recientes los estudios en este tema se han visto potenciados gracias a la interacción en las redes sociales. En suma, podemos decir que existen recompensas generadas por estímulos sociales y no sociales. Las características más sobresalientes de la recompensa son: 

–       La necesidad, caracterizada por generar gran motivación o ser el principal incentivo del individuo que lo atrae y lo motiva, como un imán muy poderoso, a realizar una acción.  

–       El aprendizaje, al asociar ciertos estímulos con determinadas respuestas, permitiendo adelantarnos a la obtención de placer.

La capacidad de los humanos y otros animales para experimentar placer mediante la recompensa es al parecer un producto de la evolución, debido a que motiva al individuo para obtener las recompensas necesarias para su bienestar y sobrevivencia. Sin embargo, en ambientes de “abundancia”, la búsqueda de recompensas puede ocasionar una mala adaptación como suele ser en el caso de las adicciones.

La intensa capacidad de nuestro cuerpo para buscar recompensas hace necesario la existencia de sistemas de control que regulen hasta dónde podemos llegar o con qué frecuencia podemos recibir una recompensa. En condiciones sanas el individuo podrá frenar sus impulsos, sin embargo, en condiciones patológicas, no es capaz de hacerlo.

Por otro lado, no solo hay alteraciones que hacen muy intensa la búsqueda de recompensa, sino que también podemos tener la ausencia o disminución de nuestra obtención de placer. ¿Podríamos imaginar comer, practicar sexo o interactuar con nuestros amigos sin experimentar ninguna clase de sensación placentera? Eso no es normal y a esa condición se le denomina anhedonia. Existen enfermedades como la depresión que pueden ir acompañadas de la anhedonia junto con otros síntomas que afectan el área emocional, motivacional o de pensamiento. 

Es muy frecuente que se presente ansiedad en conjunto con la depresión, y un número importante de pacientes cursan con algún tipo de adicción. Esta relación ha hecho pensar a los científicos que las regiones cerebrales afectadas en la depresión también pueden ser las responsables de las adicciones a drogas. Los nuevos descubrimientos han mostrado una relación entre trastornos afectivos y adicciones, esta correspondencia se puede generar por alteraciones en el funcionamiento cerebral del sistema de la recompensa. En determinadas áreas cerebrales existe lo que se le ha denominado “puntos clave o puntos calientes hedónicos”, que al ser estimulados producen un gran placer, causando que el individuo vuelque toda su conducta en su búsqueda. 

Las adicciones, la depresión y otros trastornos afectivos, requieren de atención profesional oportuna, no deben de ser calificados como la simple falta de voluntad, son problemas de salud serios que requieren ser atendidos con prioridad. Es muy importante pensar que alguien “dominado” por una adicción o “abatido” por la depresión está perdiendo años de vida efectivos y afectan de manera importante a su entorno. Los médicos psiquiatras, los psicólogos y los terapeutas son los profesionales de la salud mental que pueden apoyar a quien lo padece. Vivir a plenitud, es vivir efectivamente con felicidad.

@VicM_RodriguezM

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