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Crónica de otra marcha contra el feminicidio en Morelos. Autor: Guillermo Peimbert

Guillermo Peimbert La marcha salió a las 9:00 del 15 de septiembre desde la puerta 1 del Campus Chamilpa de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y se había convocado en redes la noche anterior. Asesinaron a Claudia tres días antes. En el contingente inicial había principalmente estudiantes y sólo unas cuantas personas […]

septiembre 16, 2026 · Por isrosales
Crónica de otra marcha contra el feminicidio en Morelos. Autor: Guillermo Peimbert

Guillermo Peimbert

La marcha salió a las 9:00 del 15 de septiembre desde la puerta 1 del Campus Chamilpa de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) y se había convocado en redes la noche anterior. Asesinaron a Claudia tres días antes. En el contingente inicial había principalmente estudiantes y sólo unas cuantas personas universitarias que impartimos clases ahí. El sol comenzaba a calar y casi todas y todos, respondiendo a la convocatoria, vestíamos de negro.

Otra estudiante más de la UAEM había sido asesinada en Morelos. Al día siguiente de los hechos, sus compañeras convocaron a realizar lo que resultó un emotivo homenaje y un ritual de despedida en las canchas del Instituto de Ciencias de la Educación (ICE), donde estudiaba. La recordaron con emoción y lágrimas. Al final, ofrecieron a los asistentes algunos alimentos en su honor e iniciaron colaborativamente la pinta de su mural. En un recorrido por la UAEM se pueden ver los memoriales y pintas que sin permiso han sido plasmados por sus compañeros y compañeras en las paredes de varias facultades. Antes de este caso, los feminicidios recientes habían provocado el paro encabezado por los estudiantes organizados en una nueva agrupación no oficial llamada “Resistencia Estudiantil”. Esa toma de instalaciones duró dos meses del 2 de marzo al 2 de mayo en la UAEM. La noticia tuvo poco eco en los medios ya no digamos locales –que incluso llegaron a denostar a las y los paristas—, sino nacionales y mucho menos, internacionales. Gracias a ese movimiento, las autoridades universitarias se vieron obligadas a comprometerse por escrito a dar respuesta a las demandas y a diseñar e implementar algunas acciones orientadas a mejorar la seguridad en la universidad, así como a tratar de evitar represalias a quienes participaron o apoyaron el movimiento estudiantil. Ya con compromisos firmados, las y los estudiantes de Resistencia Estudiantil entregaron las instalaciones. 

En esta ocasión la movilización revivió a raíz de otro asesinato de una estudiante de 21 años, pero ahora con ciudadanía española. Había venido de intercambio académico, ilusionada desde la Universidad de Granada a la de Morelos. En redes circuló un emotivo video grabado por su hermana que nos interpela a todos como humanidad y pregunta: «¿De verdad tenemos que normalizar que en un mismo mes se asesine a tres mujeres en la misma universidad y que nadie haga nada?»

Entonces, ahora sí, su asesinato provocó un grito de indignación que se viralizó en las noticias internacionales y fue motivo de múltiples desplegados de todo tipo de actores políticos y mediáticos “condenando el hecho y exigiendo llegar hasta las últimas consecuencias”. Después de la visita del cónsul español a la gobernadora de Morelos, y con la noticia ya viralizada en todo el mundo, a las condolencias honestas se sumaron los oportunismos políticos y mediáticos de todo tipo, cercanos a tiempos electorales. 

La misma noche del asesinato del 12 de septiembre, el coraje de un ciudadano que quiso ayudarla y que había llamado inmediatamente a una ambulancia, quedó registrado en redes, ya que el número de emergencia no funcionó como debía y eso provocó que la ayuda médica no llegara a tiempo. Cuando finalmente llegó la ambulancia, Claudia había fallecido y el asesino se había fugado. En un frío piso de cemento, en una ciudad lejana llamada Cuautla y ante la impotencia de las personas que la quisieron ayudar, solo pudieron tomar su mano en sus últimos momentos de vida. Sucedió de nuevo: otra vida truncada de la manera más absurda. Entre las muchas pancartas hechas a mano que había en la marcha, pude ver una que destacaba y decía: “¿Qué fue lo que hicimos que nos quieren muertas?”

Nuevamente, el asesino se fugó. Inmediatamente comenzó a correr la versión de que el motivo fue un asalto. Huyó corriendo y con el celular de Claudia. (¿La policía cibernética –¿existe?, ¿funciona?–, ¿no habría podido localizar al perpetrador en tiempo real?)

En fin, ante la convocatoria inmediata y las imágenes que circularon en redes desde la misma noche del 12 de septiembre, el día 15 acudimos a la entrada de la UAEM y comenzamos a caminar por avenida Universidad. Una vez más.

Al pasar por el Instituto de Salud Pública unos estudiantes, sostenían una cartulina y levantaban el puño en señal de apoyo. Podía leerse: “Estudiar no debería ser sentencia de muerte”.

Las consignas que no pararon en todo el trayecto gritaban: “Claudia, hermana, aquí está tu manada”, “no estamos todas, nos falta Claudia”… “no estamos todas, nos falta Aylín”…

Al pasar por la zona militar, el tono de los gritos aumentó y las bardas fueron pintadas bajo la vigilancia de varias jovenes con uniforme de policía femenina que venía en la parte final de la marcha. Incluso bromeamos en voz alta para que pudieran escuchar; “ellas también apoyan”. Una nos miró y sonriendo levantó el pulgar asintiendo con la cabeza amistosamente. Otra policía que tenía en la espalda la frase “Policía vial. Perito”, tomaba nota de lo sucedido con las paredes de la zona militar. Las y los estudiantes que pintaban eran protegidos por sus compañeros para cubrir sus rostros y evitar ser fotografiados; les rodeaban con las mismas mantas y, mientras pintaban, se escuchaba a gritos: “La UAEM no me cuida, me cuidan mis amigas”. Las pintas en la zona militar denunciaban: “Asesinos”, “Morelos feminicida”… Se podía leer en una bandera mexicana intervenida con pintura: “No hay patria en tierra de feminicidios”. Resonaban los fuertes gritos en los muros de los militares: “¿en dónde están, en dónde están, los que decían que nos iban a cuidar?…”

Y las consignas se gritaban con más fuerza mientras en el trayecto el contingente seguía creciendo: “señor, señora, no sean indiferentes, se matan estudiantes en la cara de la gente”, “ciudadano consciente, se une al contingente”. Muchos autos pasaban tocando el claxon y sacaban un puño en alto apoyando.

Avanzamos lento y al llegar a la Glorieta de Tlaltenango los encargados de plasmar los mensajes en las paredes, se dirigieron a escribir en ella y pegar con engrudo las fichas de búsqueda de la fiscalía. Hubo una foto colectiva con el fondo de la Glorieta.

Y la marcha sumaba contingentes. El sol ahora sí, calaba fuerte. Muchas personas donaban botellas de agua y cada vez con más frecuencia la gente las aceptaba siempre agradeciendo el gesto. Algunos personajes extraños comenzaban a integrarse a la marcha y preguntaban sospechosa y amigablemente, los datos de algunas compañeras.

Comenzó a correrse la duda sobre si se ingresaría al Zócalo –símbolo del poder estatal en Cuernavaca–, ya que estaba lleno de comerciantes debido a la fiesta popular que ocurriría por la noche con “el Grito de Independencia”. (Esa misma noche se dio un llamativo espectáculo de punta tecnológica en un Zócalo lleno: drones que dibujaban en el cielo a héroes y heroínas de la Independencia, así como frases alusivas al festejo.) En la marcha muchas consignas se escuchaban contra la gobernadora, la rectora y la dirigente de la Federación de Estudiantes de la UAEM, quienes han aparecido como aliadas en este conflicto.

Y al llegar al Centro, sucedió algo inédito, cuando menos para mí. Los policías habían señalado un trayecto y la marcha se abrió su propio camino sin pedir permiso. Un poco más adelante de la Iglesia de El Calvario (donde se encuentra la Virgen de Guadalupe), el contingente decidió seguir avanzando por Avenida Morelos, pasando en medio de los vehículos, en pleno embotellamiento. Las consignas subían el volumen al pasar entre camiones y autos, algunos con las ventanas cerradas. Nunca había asistido a una marcha que desafiara la presencia de los vehículos y siguiera su camino pasándolos en sentido contrario.

Al llegar al Cine Morelos, el contingente dio vuelta hacia el Zócalo. Antes de ingresar, todos levantaron el puño: era una señal conocida y respetada. Se debería guardar silencio y todos lo hicieron. Y una estudiante hizo una reflexión que todos pudimos escuchar desde su megáfono: “Entraremos al Zócalo, pero no lo haremos violentamente, sino respetando a los comerciantes que ahí se encuentran instalados, que son clase trabajadora y venden sus mercancías honestamente”. Y así fue. Se ingresó sin contratiempos. Al llegar a las vallas metálicas, las acostaron y la marcha, un poco disminuida en cantidad de personas ante el miedo, ingresó a la plancha principal y se acercó a la puerta del Palacio de Gobierno. Los gritos aumentaron y comenzaron las pintas y los discursos explicando los motivos de la marcha.

Como ha ocurrido en otras ocasiones, varias personas, comenzaron las pintas en Palacio de Gobierno; otras, las menos, aventaron objetos y rompieron algunos vidrios.

 Los policías con cascos, gases, toletes y uniformes tipo granaderos comenzaron a rodear el Zócalo y a cerrar las entradas impidiendo que más gente ingresara. Yo salí ante los ruidos estruendosos que comenzaron a sonar y no quise averiguar de dónde venían. Al salir, por detrás de la estatua de Emiliano Zapata, los policías rodeaban sigilosamente la plancha del Zócalo.

No supe luego qué pasó, solo vi por la noche y en las redes, las impresionantes imágenes de los drones iluminando el cielo y dibujando con precisión artística –y sin pólvora— la noche que festejaba la Independencia. La mismísima Sonora Santanera amenizó la verbena popular en Cuernavaca, Morelos.

16 de septiembre de 2026 

Fotos del autor

Notas

1 Entre enero y agosto de 2026, se registraron en Morelos 618 víctimas de homicidio doloso, de acuerdo con el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. El Informe de la Comisión Independiente de Derechos Humanos de Morelos A.C. (CIDHM) sobre la situación de Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en Morelos reportó que en 2025 se registraron 121 feminicidios. Entre enero y septiembre, se estiman 70, ubicando al estado de Morelos como el segundo más violento después de Sinaloa. 

2 Sociólogo, docente de la Facultad de Psicología en la UAEM y académico titular de la UNAM, adscrito al Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Campus Morelos. Editor de la revista Cultura y Representaciones Sociales. 

3 Para quien le interesen las estadísticas –además de al Estado—, seríamos tal vez trescientos, aunque confieso que soy malo para esa clase de estimaciones.

4 el de Viridiana Morales estudiante de Psicología en agosto de 2012; el de Alejandro Chao profesor de psicología en 2012; el de Aylín Rodríguez estudiante de Psicología de 20 años en abril de 2025; el de Kimberly Joselín Ramos estudiante de contaduría de 18 años el 20 de febrero de 2026; el de Karol Toledo estudiante de Derecho de 18 años el 2 de marzo 2026; las pintas sobre Michel Itzayana Fuentes estudiante del bachillerato de 15 años el 24 de mayo de 2026 y ahora el de Claudia Tacoronte en intercambio académico con el Instituto de Ciencias de la Educación el 12 de septiembre.

5 La representación legalmente reconocida del sector estudiantil en la UAEM la ostenta la Federación de Estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (FEUM). No todas las facultades y estudiantes han aceptado participar en ella y el movimiento conocido como Resistencia Estudiantil, surgido recientemente, ha desconocido su legitimidad. La FEUM, fundada en 1960 es reconocida en el artículo 10 de la Ley Orgánica de la UAEM. Incluso el Consejo Universitario, donde también cuenta con representación y voto, le asigna y aprueba recursos económicos institucionales. Varios políticos locales y autoridades estatales y universitarias han emanado de sus filas.

6 https://youtu.be/2DrfsHGQrLE?si=bPXjgQ42CvaW8Mdo 

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