Corrupción, violencia, pobreza y desigualdad siguen en el país: obispos (nota de SinEmbargo)

Alfonso G. Miranda Guardiola, obispo auxiliar de Monterrey y Secretario General de la CEM. Foto: Rogelio Morales, Cuartoscuro.

En el texto titulado “La paz como anhelo de la plenitud humana”, los obispos subrayaron que “la paz no puede reducirse al simple equilibrio entre la fuerza y el miedo”, ya que “mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad”.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) aseguró que “la creciente actividad de la delincuencia organizada, la pobreza, la desigualdad social, la corrupción, la falta de reformas en las políticas económicas, las deficiencias en el sistema de impartición de justicia, el desempleo, etc.” que advirtió desde 2010, “lejos de disminuir, continúa amenazando a nuestras comunidades”.

“Los obispos de México vemos con tristeza cómo nuestra sociedad se ha visto perjudicada considerablemente por escenarios de inseguridad y violencia, la cual, lejos de disminuir, continúa amenazando a nuestras comunidades”, publicó la CEM a través de su cuenta de Twitter, para acompañar un pronunciamiento extenso sobre el tema.

En el texto titulado “La paz como anhelo de la plenitud humana”, los obispos subrayaron que “la paz no puede reducirse al simple equilibrio entre la fuerza y el miedo”, ya que “mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad”.

Por ello, reafirmaron que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas, son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia. “El terror ejercido sobre las personas más vulnerables contribuye al exilio de poblaciones enteras en busca de una tierra de paz”, alertaron.

“Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan ‘artesanos de la paz'[1] que sean auténticos mensajeros y testigos, en la vida cotidiana, del bien ser, del bien dar y del bien estar, y con ello complementar la felicidad en la familia humana. En este sentido dirigimos nuestro pensamiento a las familias, niños y adolescentes, que viven en zonas de inseguridad o que han sido dañados por la violencia, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos”, dijeron los integrantes de la CEM.

Asimismo, recordaron que “nos encontramos cada vez más interconectados con los acontecimientos de los diferentes ámbitos sociales, pero contradictoriamente, también experimentamos lejanía, desconfianza y, hasta sospecha, para con los demás”.

Más adelante, los obispos señalaron que “muy variadas formas de violencia amenazan nuestra vida contemporánea, no sólo a través de las armas, sino también a través de las diferentes plataformas digitales y medios de comunicación masiva, los cuales tienen como fundamento la cultura de la indiferencia y del descarte, misma que el Papa Francisco ha señalado como una patología que puede provocar ‘consecuencias funestas'[2]”.

Ante dicha situación, destacaron que la Iglesia se ha dado a la tarea de insistir en la importancia de la promoción de la paz, motivo por el que “el magisterio de los pontífices del siglo XX, azotado por revoluciones y guerras mundiales, y del siglo XXI, que no ha estado exento de conflictos bélicos, se ha mantenido firme en la exhortación a toda la humanidad para generar una cultura de diálogo y de paz”.

“Sabemos que todos, autoridades gubernamentales, organismos autónomos, sociedad civil y ministros de culto, estamos llamados a realizar nuestra propia aportación para la construcción de la casa común, bajo el resguardo jurídico que provee el Estado de Derecho, el cual debe garantizar una sana convivencia entre la población”, enfatizaron.

Además, los sacerdotes indicaron que “la auténtica vida social, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar, aun ante lo complejo, nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales”.

En el texto firmado por Rogelio Cabrera López, presidente de la CEM, y Alfonso G. Miranda Guardiola, Secretario General, también aprovecharon para hacer un llamado para optar con prontitud y en todo momento por combatir la violencia para contribuir de manera trascendental en la promoción de la paz.

“Habiendo transcurrido uno de los procesos electorales más significativos de nuestra historia, invitamos a todos, independientemente de los resultados de las votaciones, a construir un futuro, basado en la capacidad de comprometernos juntos para superar las divisiones, favoreciendo la paz, la reconciliación frente a las injusticias y la comunión entre todos nosotros”, se lee en el posicionamiento.

LA MASACRE EN REYNOSA, TAMAULIPAS

El sábado pasado, individuos armados que se trasladaban en varios vehículos descargaron sus armas contra ciudadanos comunes, entre ellos taxistas, obreros y un estudiante de Enfermería. En los ataques perecieron 15 ciudadanos, uno de ellos en un centro de salud, y cuatro civiles armados que murieron en enfrentamientos con la policía, precisó el Gobierno estatal.

“Existen elementos suficientes sobre la probable participación de grupos criminales vinculados a la comisión de varios delitos federales, entre ellos delincuencia organizada, que tendrían relación con agrupaciones criminales que operan en la región de Matamoros, Río Bravo y Reynosa”, señaló el Gobierno de Tamaulipas en un comunicado el lunes, en el que indicó también que la Fiscalía estatal trabajará con la federal para esclarecer los hechos.

Reynosa es escenario habitual de actos de violencia vinculada al crimen organizado y punto estratégico de los tráficos ilegales. En esa región, la parte más oriental de la frontera entre México y Estados Unidos, opera el Cártel del Golfo, que tienen en su seno distintos grupos que luchan entre sí para controlar territorios clave para el trasiego de droga y de migrantes. Aparentemente una de las células de una localidad cercana es la que entró en Reynosa y cometió los ataques.

Pese a que la violencia no es algo nuevo, los sucesos del sábado impactaron en la población.

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