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Contrario al intento de la FIFA, el mundial se vivió en Mx como una fiesta popular: Patricio Solís (Redacción Astillero Informa)

El sociólogo Patricio Solís analizó cómo la afición mexicana arrebató y resignificó el torneo frente a la privatización corporativa del organismo futbolístico.

Redacción Astillero Informa

A pesar de las barreras económicas interpuestas por la FIFA y un marcado proceso de exclusión en los estadios, el Mundial de Fútbol encontró en las calles de México su verdadero corazón. En una reciente entrevista con el periodista Julio Astillero, Patricio Solís, sociólogo, demógrafo e investigador de El Colegio de México (Colmex), desmenuzó el contraste entre la “corporativización” del torneo y la respuesta del ánimo social mexicano.

Para Solís, la gestión de la FIFA ha derivado en un “secuestro” de un deporte cuya base es, históricamente, de origen humilde y comunitario:

“Se ha hablado ya mucho de la comercialización de la privatización lucrativa excesiva de la FIFA en torno a la elitización de las entradas de los mundiales de fútbol (…) existe una corporativización de las entradas del fútbol (…) de tal manera que esto implica pues un secuestro de alguna forma de la fiesta del fútbol que es una fiesta de origen popular con una base popular enorme”, apuntó el investigador.

La blanquitud y las élites en las gradas

El especialista sostuvo que, al observar las transmisiones desde el extranjero, saltó a la vista una desconexión total entre los rostros que llenaban el Estadio Azteca y el público que asiste habitualmente a los partidos locales. Un fenómeno directamente ligado a los precios prohibitivos, donde los boletos más económicos para ciertos encuentros llegaron a equivaler a ocho meses de salario mínimo en México.

Esta barrera monetaria dejó en evidencia la estratificación social del país:

Notaba un perfil etnoracial de gente de piel clara (…) muy distinto de lo que uno usualmente ve cuando visita el Estadio Azteca a un juego del América o del Cruz Azul”.

La calle: la resistencia de la fiesta popular

Sin embargo, el sociólogo destacó que el espíritu mundialista sobrevivió y se impuso fuera de los recintos comerciales. Frente a la privatización del espacio oficial, la ciudadanía convirtió el espacio público en un refugio de identidad y colectividad, diferenciándose notablemente de los otros países coorganizadores (Estados Unidos y Canadá).

“A contraparte del intento de FIFA por corporativizar y obtener lucro al máximo de las entradas, lo que implica una elitización de la gente que puede ir al estadio, a contraparte de ello —o como una reacción— tenemos un mundial que en las calles de México se vivió como una fiesta popular”, afirmó con firmeza Solís.

Finalmente, el investigador concluyó que, aunque el torneo sirvió como un “respiro necesario” frente a un entorno político y económico complejo, el verdadero triunfo social no le pertenece a la FIFA, sino a la gente que le devolvió al fútbol su carácter popular.

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