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Contraataque | Fútbol y OnlyFans. Autor: david pérez

Foto: captura de pantalla

david pérez | @davidperezglobal

Los tres integrantes de Pláticas del Mal que, después del 10-0 que el América le propinó a la máquina celeste del Cruz Azul Femenil, afirmaron entre risas que las jugadoras deberían abandonar el fútbol para dedicarse a OnlyFans, trabajar en un table dance o realizar labores domésticas. Las críticas que recibieron esos tres jóvenes por sus expresiones machistas fueron más que merecidas, en mi opinión recibieron pocas críticas.

Cruz Azul anunció posibles acciones legales, la Liga MX Femenil condenó los comentarios, la Secretaría de las Mujeres y ONU Mujeres reaccionaron y la Asociación Mexicana de Futbolistas exigió consecuencias y muchas otras instituciones expresaron su rechazo. El problema es que algunos de los que firmaron comunicados de condena son también parte del problema que denuncian, a ese tipo de instituciones dirijo este Contraataque. 

Porque parece que resulta demasiado sencillo descubrir el machismo cuando tres hombres lo graban frente a un micrófono. Es tan explícito que resulta fácilmente condenable. Mucho más complicado es reconocer la cultura machista institucionalizada cuando aparece escrita en un reglamento, escondida en un presupuesto o justificada mediante conceptos como «viabilidad económica». 

En 2021, la Comisión Federal de Competencia Económica sancionó a 17 clubes de la Liga MX y a la Federación Mexicana de Futbol por prácticas monopólicas. Entre los sancionados estaba Cruz Azul. Una de las conductas acreditadas por la autoridad consistió en algo extraordinariamente revelador, los clubes habían acordado imponer topes máximos a los salarios de las futbolistas, impidiendo que compitieran entre ellos ofreciéndoles mejores remuneraciones. COFECE concluyó que aquello profundizó la brecha salarial de género.

Cuando nació la Liga MX Femenil, el acuerdo establecía que las jugadoras mayores de 23 años podían cobrar como máximo dos mil pesos, las menores de 23, quinientos pesos más un curso de formación, y las Sub-17 no recibirían salario. Posteriormente el límite aumentó a 15 mil pesos y sólo cuatro futbolistas de cada equipo podían superarlo. No fue una ocurrencia de tres aficionados, según COFECE, el primer tope formó parte del proyecto de la Liga MX Femenil, fue aprobado por el Comité de Desarrollo Deportivo de la Liga MX y la Federación llegó a verificar su cumplimiento. Les pareció lo correcto a los «señoros» del fútbol. 

A los impresentables integrantes de Pláticas del Mal se les condena, correctamente, por degradar a las futbolistas mediante palabras. Pero durante años las instituciones del fútbol participaron en un mecanismo que limitaba cuánto podían ganar precisamente por ser mujeres. Los primeros, expresaron el machismo de manera obscena en YouTube. Los segundos, tuvieron que ser sancionados por una autoridad del Estado para abandonar una práctica que restringía económicamente a las jugadoras.

En 2024 llegó al Senado una reforma para establecer un salario base digno para deportistas profesionales, acompañado de otras garantías y protocolos contra la violencia de género. La propuesta no pretendía que una futbolista cobrara lo mismo que una estrella de la Liga MX masculina, lo que buscaba era establecer un piso laboral. Patricia Mercado, una de sus impulsoras, relató que desde la Liga MX Femenil la iniciativa fue recibida inicialmente como una amenaza. La directora de la competición, Mariana Gutiérrez, advirtió sobre los costos y la posible inviabilidad de la liga, después, aclarado el alcance de la reforma, participó en la construcción de acuerdos.

No intento fabricar villanos ni negar los avances del fútbol femenino mexicano. Se trata aquí de preguntarnos por qué la defensa institucional de las mujeres adquiere una contundencia extraordinaria cuando cuesta un comunicado y se vuelve mucho más compleja cuando implica modificar presupuestos, garantizar derechos o permitir que una autoridad externa regule el negocio.

El poder no se sostiene únicamente mediante la coerción visible, sino también a través de formas de dominación simbólica que se naturalizan hasta parecer sentido común. Desde esa perspectiva, la desigualdad no necesita ser explícita como en el caso del podcast, se reproduce en las estructuras que organizan, en los límites que se presentan como inevitables y en las jerarquías que se aceptan como «normales». Condenar la misoginia ajena no convierte automáticamente a una institución en defensora de la igualdad.

Por eso los tres jóvenes del podcast son, paradójicamente, el blanco más fácil. Su machismo tiene rostro, nombre y video. Podemos indignarnos, castigarlos y regresar tranquilos a casa convencidos de que hemos identificado el problema. El machismo estructural es menos espectacular. No necesita insultar a una mujer ni mandarla a un table dance. Puede elaborar presupuestos, redactar reglamentos y explicar que todavía no existen las condiciones económicas necesarias.

Las instituciones que condenaron los insultos machistas hicieron lo correcto. Ahora deberían aceptar que la misma vara con la que juzgan a quienes denigran públicamente a las futbolistas puede utilizarse para evaluar las condiciones que esas mismas instituciones ofrecen.

david pérez

Analista con formación en filosofía, historia, resolución de conflictos y derechos humanos. Ha sido columnista en El Siglo de Torreón, Grupo Reforma y Grupo Milenio. Dirigió el grupo de investigación en materia de derechos humanos del Mecanismo de Esclarecimiento Histórico que investigó las violaciones graves a los derechos humanos cometidas en el periodo de 1965 a 1990 en México. Actualmente conduce el podcast Pensar la Vida y dirige la editorial independiente Pacífico Global Media.

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