Autor: Ricardo Bravo.
Un profesor francés de la universidad me contó una vez que, a pesar de que su ciudad de origen y la nuestra, San Luis Potosí, fueran del mismo tamaño, solo aquí, y no allá, le ocurría toparse con gente que reconocía con frecuencia. ¿La razón? En la ciudad mexicana existe una fragmentación, mayor, de las clases sociales que limita las zonas por donde generalmente se mueve la gente. Nuestra clase social – como otros clivajes importantes – no solo influye en nuestros “límites” geográficos, sino que también crea todo tipo de límites. Uno fundamental: limita cómo interpretamos la realidad. “En México ya nadie usa sombrero”. Conclusión compresible si vives en la Roma en la CDMX, o en San Pedro Garza García en Monterrey. Por ello, para cualquier persona, pero en especial para la clase política, es importante desafiar esos límites para comprender los problemas de la población en general.
“¿Cómo podemos estar gobernados por gente como Noroña y Adán Augusto? Bola de nacos, poco preparados”. Este tipo de expresión la he escuchado mucho durante los dos últimos sexenios. Es buena la crítica a los que nos gobiernan. Creo que es válida cuando está dirigida a los dos personajes del ejemplo. Pero la crítica equivoca el objetivo: ¿incongruentes, quizás? ¿Poco honestos tal vez? Esas voces no entienden que estamos donde estamos, en parte, por el clasismo de nuestro país. La expresión conlleva el problema. Sin embargo, una cosa es que la gente de a pie cometa este tipo de errores y otra es que los partidos políticos en la oposición sean miopes ante esas realidades. Miopes, estos partidos políticos van sobreestimando el valor de cosas que en realidad no lo tienen y subestimando el de otras que sí lo tienen. Más importante aún, nos privan a los ciudadanos de la posibilidad de contar con alternativas políticas atractivas y de avanzar agendas sobre problemas sociales reales.
El caso Rocha Moya cala hondo en las filas morenistas. Las acusaciones que se hacen públicas, en un contexto en el que “el río ya sonaba”, ponen en entredicho la estrategia y objetivos – quizás solo de boca pa’afuera – de los gobiernos morenistas. Hay forma de sacar raja política del momento actual. Pero no… no pidiendo que los Estados Unidos declaren a Morena un narcopartido. Una cosa es que a tu alrededor haya varias personas que correrían para que nos dieran el título de Estado 51 de la Unión Americana. La otra es que los mexicanos, en general, aplaudamos el injerencismo estadounidense. Subestiman el antiyankismo mexicano.
La presidenta de la Comunidad de Madrid estuvo la semana pasada de visita en nuestro país, invitada (¿del verbo le pagaron?) por la derecha mexicana. La distinguida invitada llegó al país con una línea Zunzuneguista de reescribir la historia para que los españoles no queden tan mal parados. Cada zancada que dio en el país, y fueron pocas, pareció tener como objetivo enterrar ídolos y levantar villanos. ¿Para qué? Ayuso sus razones tendrá. ¿El PAN y Alessandra? Supongo que era hacer aspavientos. Lo sabemos: en nuestros tiempos la estridencia vende. Pero hay líneas rojas que no se pueden cruzar. No sin costo político, por lo menos. La construcción nacional es eso, una construcción. El mito fundacional, los héroes, las batallas, los clivajes históricos están llenos de mentirillas piadosas y no tan piadosas. Pero todas importan. Una cosa es que los ricachones mexicanos se muden a Madrid, o que tus conocidos se fueran a formar en los consulados cuando España regaló ciudadanías, y otra es que la mayoría de la población esté dispuesta a que le digan que su identidad es de papel. Subestiman el nacionalismo mexicano.
Lo de Ayuso se encuentra insertado en una estrategia más general, que a la derecha le ha gustado por bautizar como la “batalla cultural”. Personajes estridentes, políticos, streamers, exdeportistas, coaches de vida, son paseados por diferentes países del orbe, con el aura de ser la nueva generación de críticos sociales. Hablan de todo y de nada: antifeminismo, religión, democracia y autoritarismo, las juventudes perdidas, orientación sexual, identidades de género, etc. En San Luis, Cayetana Álvarez de Toledo nos ayudó a rescatar el verdadero feminismo. En Guadalajara se registran picos de la verdadera masculinidad necesaria para salvar al mundo, luego de la conferencia sobre la masculinidad valiente, con ponentes como Eduardo Verastegui y otros religiosos. Verastegui es uno de los promotores de llevar estos temas a la política mexicana. Ricardo Salinas Pliego, y su universidad patito, también. Pero esos temas son muy de nicho en los países del “1er mundo” y todavía más en nuestro país. Una cosa es que tus redes no dejen de mostrarte discusiones sobre el feminismo tóxico, sobre la masculinidad que perdimos, sobre la invasión migrante, y otra es que las personas que viven al día, y son muchos, tengan tiempo para voltear a verlas. Sobreestiman la importancia de las discusiones importadas a nuestra realidad.
Es una lástima que la última camada de partidos que solicitó registro ante el INE tenga toda la pinta de continuar por las líneas ya descritas. Si es así, no les vaticino mejores resultados. Algunos soñamos con una más amplia oferta de partidos de izquierdas. No estaría de más alguien que le echara en cara a Morena que eso de andar moviendo a sus integrantes incómodos a posiciones menos visibles, se asemeja a la estrategia que desenmascaró el equipo Spotlight del Boston Globe sobre la reubicación de sacerdotes, de la Iglesia católica, acusados de abuso sexual. No es la compañía en la que quieres estar.
Pero no, por lo pronto: ¡arriba, Hernán Cortés, y bienvenidas las fuerzas armadas de los Estados Unidos! ¡Arriba el machismo y la feminidad que no debe ser tocada ni con el pétalo de una rosa! Si siguen así, hasta el Tricolor (y en tiempos mundialistas) y la Guadalupana terminarán profanados. Buena suerte con eso.
Ricardo Bravo

Ricardo Bravo
Internacionalista por el Colegio de San Luis, maestro en filosofía política por la Univeridad Pompeu Fabra en Barcelona. Candidato a doctor en teoría política por la Universidad Centroeuropea en Viena. Instagram y Threads: Parteaguas.mex




