
“La exigencia de que Auschwitz no se repita es la primera de todas las que hay que plantear en la educación. Precede tan absolutamente a cualquier otra que no creo deber ni tener que fundamentarla”. Estas son las palabras del filósofo Theodor W. Adorno, quien después de vivir y sobrevivir el genocidio de la Segunda Guerra Mundial, veía en la educación una ventana de posibilidad para seguir adelante con la vida. Y ahora yo me pregunto ¿qué pasó? Ante tal monstruosidad aún hay tan escasa conciencia tanto de la exigencia como de los interrogantes que tal monstruosidad no ha calado lo bastante como para no repetir lo acontecido.
Ahora esas víctimas de aquel entonces se han convertido en los verdugos de un pueblo entero, Palestina. Y no entraré en discusiones banas de quién tiene o no la razón porque ante tal acto no hay razón que quepa. Simplemente es inadmisible que se pase por encima de millones de vidas que han tenido la mala fortuna de nacer donde nacieron, ese ha sido su único error. Es evidente que no ha dejado de ser un síntoma la pervivencia de la posibilidad de la repetición ya sea por el estado de conciencia de las personas o la inconsciencia de estas.
Cualquier debate sobre ideales educativos resulta vano en comparación a lo que estamos viendo actualmente. Las guerras siguen siendo lo prioritario, pero yo me pregunto ¿cómo educar en tiempos violentos? ¿cómo explicar a los infantes lo que está sucediendo para que sembremos la esperanza de la no repetición? Estamos ante una inminente recaída en la barbarie. Y la barbarie persiste mientras perduren, en lo esencial, las condiciones que han hecho posible tal recaída, Y es justo en esto donde radica lo terrible. Por invisible que parezca, hoy la necesidad, la presión social gravita y empuja a las personas a lo inenarrable. Basta ver todos los movimientos racistas que han cobrado fuerza en los últimos tiempos, la clara tendencia por los fundamentalismos ergo totalitarismos.
Habría que retomar algunas de las ideas freudianas que han tenido un gran alcance a nivel cultural y sociológico, ya que por su profundidad nos muestra que la civilización engendra, a su vez, incivilización y la refuerza progresivamente. Sugiero le den una leída a su obra El malestar de la cultura y Psicología de las masas. Pues es claro que en el principio de la civilización late la barbarie y luchar contra ella tiene consecuentemente algo de desesperado sin caer en una retórica idealista.
Millones de inocentes -y no indico cifras exactas porque es regatear incluso sobre ellas y es ya indigno hacerlo- han sido exterminados en los últimos meses de acuerdo con una planificación sistemática. De verdad no concibo una mente humana elaborando la estrategia para matar a millones de seres humanos que lo único que han hecho es existir. Ningún ser humano está legitimado para decidir sobre la vida de otros ni tampoco para hacer de esto una minimización de los hechos ni mucho menos justificación. Bastante lejos quedó el proceso de la ilustración donde la humanidad iba en ascenso. El hecho de que sigan existiendo genocidios de los que poco se ha hablado como el que se hizo en Ruanda en 1994 y hoy el de Palestina que si bien hay décadas de historia de conflicto, el hecho hoy por sí mismo es que hay un exterminio claro y evidente de palestinos y que todo es parte de un plan sistemático de apropiación de tierra para establecer un canal que nutre la economía de las naciones poderosas. Sí, está claro, pero todo esto ¿a quién beneficia realmente? No se trata de establecer culpas sino de esclarecer las ideas y ser más críticos, las raíces han de buscarse en los perseguidores y no en las víctimas. Lo realmente esencial es sacar a la luz los mecanismos que hacen a los seres humanos capaces de tales atrocidades; mostrárselas a ellos mismos y tratar de impedir que lo repitan. El tiempo exige que apelemos a la consciencia. Los verdaderos responsables son quienes sin miramiento alguno han descargado sobre otros su odio, su agresividad y es justo ese nivel de insensibilidad el que hay que combatir y para eso están las aulas.
Si no se tocan estos temas en un salón de clases ¿entonces para qué estamos educando? Es muy necesario hablarlo, mostrarlo y generar consciencia de la barbarie pues nadie está exento de ser víctima de un ser que se siente con el poder de decisión sobre tu propia vida. Lo acontecido en Palestina es el extremo de lo que en otras sociedades vemos día a día, violencia normalizada, odio sin fundamento, repulsión hacia otros que no son iguales. Estamos en una era de violencia por doquier y si no paramos a reflexionar y de verdad tomarnos en serio el asunto, no nos extrañe que en 10 años se repita un genocidio ¿ahora quizá a latinos? Pues un esquema confirmado por la misma historia de todas las persecuciones es que la ira se dirige siempre contra los débiles, sobre todo los que se perciben socialmente débiles. Desde la sociología me atrevería a añadir que nuestra sociedad, a la vez de que se integra cada vez más, cada día estamos más homogeneizados en lo cotidiano, sin embargo, esto también alimenta en su seno social, la tendencia a la descomposición. Un ejemplo muy claro lo señala Freud en el Malestar de la cultura, donde dice que cada vez más serán las personas que recurrirán a estupefacientes. Veamos tan solo la gran crisis de fentanilo, acaso ¿será mejor estar drogado que ver lo que somos?
Es por ello por lo que toda mi esperanza la sigo poniendo en la educación y cuando hablo de ello me refiero a la educación en la infancia, en donde hay posibilidad de crear un clima espiritual (sin dogmas ni creencias institucionales), cultural y social. Un clima en el que los motivos que llevaron al horror se hayan hecho conscientes. Donde la libertad a existir se conciba como un derecho inalienable no solo en documentos sino en la praxis de existir. Pues quienes han sido capaces de matar es claro que no estuvieron a la altura de la libertad y es por ello que las estructuras de autoridad logran asumir tales dimensiones destructivas incluso demenciales. Sin embargo, vale la pena aclarar que el retorno del fascismo no es en lo esencial una cuestión psicológica, sino social.
Pero entonces ¿qué hacer? Una de las cuestiones que considero fundamental es ocuparnos del impacto que han ejercido los medios de comunicación sobre el estado de consciencia el cual dista mucho de haber alcanzado un nivel de liberalismo cultural, sin embargo, es un hecho que ante la llegada de redes sociales, hoy tenemos la otra cara de la moneda y afortunadamente ya hay una parte de la población no manipulada, que va más allá de la narrativa erigida por el poder. Pues dondequiera que la consciencia esté mutilada, pasa a ser retroproyectada de forma no libre y es propicia a ejercer actos de violencia. El autoritarismo ya tiene un carácter rancio, soy de la idea de que para evitar el peligro de la repetición hay que combatir la supremacía ciega de lo colectivo; y fortalecer la resistencia a ellos arrojando la luz sobre el problema real de la colectivización. Esto no es en lo absoluto tan abstracto como parece, pues debemos sembrar desde la educación en los jóvenes la consciencia progresista, la cual se infunda fácilmente en relación con el sufrimiento que los colectivos infringen. Basta con pensar en las primeras experiencias en la escuela, habría que combatir todos esos modos de folk-ways, costumbres populares y ritos de iniciación, los cuales muchos de ellos son violentos. Otra de las cosas que es indispensable erradicar en la educación es el papel “pedagógico” de la dureza. Pues si bien cada vez es menos común, yo aún me he encontrado con colegas que piensan que hacer sufrir al alumno es el modo de imponerse y ganar el respeto sin darse cuenta que lo único que está enseñando es una indiferencia ante el dolor, sin una distinción nítida entre el dolor propio y el ajeno. Pues quien es duro consigo mismo, se otorga el derecho de serlo con los demás. Si tan solo analizamos la vida de un asesino, veremos que en su educación hubo violencia, desde infante se le enseñó que era el modo de existir. Vaya que me gustaría analizar las mentes de esos altos gobernantes que así sin chistar mandan bombardear, seguro algún trastorno tienen pero como no les hacen exámenes psiquiátricos antes de otorgarles el poder, vemos gente enferma realmente gobernando y tomando decisiones por toda una nación.
Lo que hoy vemos en Palestina no hubiera sido posible si la gente no lo hubiera tolerado. En la actual estructura, donde la sociedad no descansa, como se asume ideológicamente desde Aristóteles, en la atracción, sino en la persecución del interés propio en detrimento de los intereses de los demás y esto se ha metido en el ser humano hasta su más profunda entraña. De ahí de ofrecer una educación política en todos los niveles, y por político me refiero a social, al ethos. La educación es nuestro único camino posible de reestablecer un camino social no solo hacia la paz sino hacia la compasión humana. El ver al Otro como un Yo mismo nos detiene a pensar y a reflexionar sobre lo que estoy haciendo.
Hoy Palestina debería ser la vergüenza de todo humano, estemos o no de acuerdo, hemos sido cómplices de la indiferencia, de la falta de voz, de callar, de no movernos, de ser solo espectadores de la historia y no ser actores de la misma.
@Hadacosquillas



