Claudia Sheinbaum: ¡no estás sola! Autor: Venus Rey Jr.

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Estimada señora Sheinbaum:

En primer lugar quisiera pedirle, en caso de que lea estas líneas, que no las tomé como algo personal en contra suya. Al contrario. Yo voté por usted en la pasada elección del 1 de julio, porque pensé, como muchísimos electores, que las cosas irían mucho mejor. Permítame también decirle que soy una persona que siempre ha simpatizado con la izquierda, desde que era muy joven, así que por favor no me vaya a descalificar a priori diciendo que soy conservador: le aseguro que soy mucho más liberal que usted y que el señor López Obrador –pero bueno, no se trata de ver quién es más liberal–. El hecho que uno simpatice con la izquierda no significa que uno tenga que renunciar a la capacidad de crítica cuando la izquierda está en el gobierno. Nada más alejado de la verdad. Yo sé que usted no está sola: tiene el respaldo del presidente y de millones de personas que creen en ustedes; tiene también usted el respaldo y la protección de innumerables y muy fervientes seguidores de Morena y de Andrés Manuel que la defenderían ciegamente, aún cuando todo fallase, porque son absolutamente incondicionales y estarían dispuestos a destruir en las redes a cualquiera que la critique a usted o a López Obrador. Así que no está sola. Pero, insisto, el hecho de que una persona sea de izquierda no significa que tenga que guardar silencio ante los errores de un gobierno que se dice progresista, ni aplaudir absolutamente todo. Simpatizar con la izquierda no es un acto de fe ciega, sino un ejercicio libre de la inteligencia y de la voluntad. No crea que si usted ganó mi voto, tiene para siempre mi apoyo y mi simpatía. Coincido con usted y con el presidente en que el pueblo es bueno y sabio. Y, ¿sabe qué? El pueblo no es tonto. Ya vio usted lo que pasó con el PRI y con el PAN: el pueblo se hartó, les dio la espalda y se volcó con pasión en favor del movimiento al que usted pertenece. No crea que ese acto de voluntad es eterno. Así lo creyó el PAN, así lo creyó el PRI, y mire dónde están estos dos partidos. Si ustedes no hacen un buen trabajo, el pueblo bueno y sabio los echará del poder, aunque usted y su movimiento no puedan creerlo en este momento.

Desde que yo era un adolescente soñé que algún día el régimen del PRI acabaría y llegaría la democracia. Eso sucedió en 1988, cuando yo tenía dieciocho años: la izquierda ganó, pero el PRI, por maniobras de una persona que ahora está en su movimiento, robó la elección a Cuauhtémoc Cárdenas. De ese modo, el régimen se extendió, y cuando arribó Fox, todos pensamos que entonces sí las cosas cambiarían. Pero no. Las cosas siguieron igual. Y ya ni le digo de los regímenes de Calderón y de Peña Nieto, que usted bien conoce y sabe del terrible daño que causaron a nuestro país. Le decía que cuando era adolescente soñaba que algún día la izquierda llegaría al poder y todo cambiaría para bien. Mi sueño se hizo realidad, no en todo el país, pero sí en mi Ciudad: la izquierda llegó al gobierno de la Ciudad de México en 1997, hace más de veinte años. Y no es una izquierda que le sea ajena a usted. El grupo y la corriente a la que usted pertenece ha gobernado esta Ciudad desde hace más de dos décadas. Usted ha sido parte del gabinete de quienes han gobernado esta ciudad, y usted misma ha encabezado un gobierno delegacional.

La Ciudad es muy compleja y presenta múltiples problemáticas. No le voy a decir que todo está mal. Al contrario, yo aplaudo muchas políticas de la izquierda, sobre todo la cuestión de los derechos de las minorías. Celebro políticas típicamente de izquierda que gracias al grupo al que usted pertenece desde hace décadas, ahora son frutos que todos los habitantes de esta ciudad disfrutamos. Así que no voy a demeritar nada de lo bueno que esa izquierda a la que usted pertenece ha realizado. No obstante, debemos reconocer que en materia de seguridad pública las cosas no van bien. No van nada bien. Tampoco voy a sumarme al linchamiento público del cual usted ha sido blanco por la ola de secuestros que nos sacude. La existencia de la delincuencia en sí mismo no es un hecho que pueda ser atribuible a usted ni a su gobierno; pero sí la reacción y el combate que emprenda: debo decir que en este rubro, su gobierno ha sido ineficaz.

Seguramente sabe usted que en las últimas semanas la sensación de desamparo e indefensión que sentimos muchos habitantes de esta gran urbe, se ha incrementado. Quizá le suene exagerado si le digo que muchos de los que aquí vivimos tenemos miedo y nos sentimos solos. No sé usted, pero uno llora –se lo digo en serio, aunque pudiera usted reírse, como se rió en el mitin de la GAM en el que el presidente le dijo que no estaba sola y le alzó la mano– cuando ve en Twitter la cantidad de alertas ámbar que la Procuraduría de nuestra Ciudad emite diario. No es un caso. Son múltiples casos. No puede ser. Estamos viviendo en el infierno. Pero usted no está sola, y qué bueno, porque estar tan tremendamente respaldada como usted lo está, es una posición muy favorable para que usted pueda actuar y contrarrestar esta crisis de inseguridad que estamos todos padeciendo. Tal vez usted me pregunte, como mujer de ciencia que es, con base en qué datos empíricamente constatables estoy hablando de una crisis de inseguridad, y con justa razón querría usted saber si soy experto en la materia. Pues no lo soy. Soy un simple músico, y ni siquiera sabría decirle si soy uno muy bueno. Pero ese no es el punto. El quid es que yo, desde mi pequeñez ciudadana, me siento inseguro y temo por la vida y la integridad física de mi familia. No soy el único. Miles y miles de ciudadanos sienten lo mismo, aunque usted no lo crea. Y cómo no iban a sentirse inseguros, dirá usted, si diario los medios difunden noticias de gente que desaparece y es asesinada: Diario, señora Sheinbaum. Diario. Y diario la Procuraduría de su gobierno emite alertas ámbar. No es un invento mío. En estas últimas semanas, apenas se entera uno del secuestro y asesinato de un estudiante, y apenas lo están velando –mientras a usted el presidente la apoya en ese mitin al que me acabo de referir y le levanta la mano como si hubiese ganado usted una épica batalla contra los conservadores y las legiones del mal–, se anuncia en los medios la desaparición de otro estudiante que también termina asesinado. ¿Qué tal la mujer que hace unas semanas fue secuestrada y asesinada en la alcaldía de Coyoacán? ¿Y qué me puede decir de la chica que fue secuestrada en Polanco, y de quien, al momento en que escribo estas líneas, nada se sabe? No es que le tenga yo mala fe y mala voluntad a su gestión, señora Sheinbuam, es que estamos literalmente viviendo una pesadilla.

Usted tiene hijos, señora Sheinbaum. Muchos de nosotros también. Seguramente a usted y a los suyos no les ocurrirá ninguna desgracia nunca, porque, como lo dice el presidente, usted no está sola: usted está al frente del gobierno de la ciudad y tiene bajo su mando a miles y miles de servidores públicos, y entre ellos a miles y miles de efectivos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Usted y los suyos viven seguros y protegidos, cuidados, vigilados, y qué bueno. Eso no se lo reprocho. Usted y su familia son afortunados de disfrutar ese privilegio aparejado al poder. Pero nosotros no: ni mis compañeras y compañeros de trabajo, ni mis compañeras y compañeros de la preparatoria y la universidad, que son madres y padres de familia, ni mis colegas músicos, ni mis colegas profesores de la universidad. Nosotros somos simples personas que no gozamos de ningún privilegio. Dirá usted que estoy exagerando y que son los medios conservadores los que están provocando esta psicosis para desestabilizar a su gobierno, que yo mismo soy un grandulón ventajoso y abusivo que se aprovecha de una indefensa persona como usted. Dirá usted que tiene otros datos y que debería serenarme.

Permítame por favor compartir con usted unos datos. No cualesquiera “otros datos”, sino aquellos publicados por la Procuraduría de Justicia de la CDMX, es decir, la Procuraduría de su gobierno, señora Sheinbaum:

En 2018 se cometieron, según su Procuraduría, 1,265 homicidios dolosos y 35 secuestros en la Ciudad de México. En el primer cuatrimestre de 2019 (enero-abril) se han registrado 494 homicidios dolosos y 26 secuestros, según números de su Procuraduría. De mantenerse esta tendencia, 2019 podría cerrar con 1,482 homicidios dolosos, lo que implicaría un incremento de 17.15% respecto a 2018. De mantenerse esta tendencia, 2019 podría cerrar con 78 secuestros, lo cual equivaldría a un incremento de 200% respecto a 2018. ¡Incremento del 200% en secuestro! ¿Le parece poca cosa? Usted no podrá decir que estoy inventando los números, porque este registro de delitos ha sido publicado por la Procuraduría de Justicia del gobierno que usted encabeza. Fíjese que la tasa de homicidio doloso en 2018 fue de 14.39 por cada 100 mil habitantes, una tasa alta, sin duda. Si las cosas siguen como van, 2019 podría cerrar con una tasa de 16.65 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes. ¿Es eso mucho o poco? Usted dígame: si estas tendencias numéricas se mantienen, 2019 sería el año más sangriento en la Ciudad de México desde que se llevan estos registros. Y si usted no cree que estos datos sean ciertos, pregunte a Ernestina Godoy o consulte el link de la PGJ de la CDMX. Aquí se lo dejo: https://www.pgj.cdmx.gob.mx/procuraduria/estadisticas-delictiva

Yo no le voy a pedir que renuncie como muchos exigen, ni voy a gastar mis esfuerzos en propagar un hashtag con ese fin. No, señora Sheinbaum. Yo voté por usted y le voy a exigir que asuma su cargo con la mayor autoridad, seriedad y diligencia de que sea usted capaz –usted es asaz capaz–, que centre todos sus esfuerzos en combatir esta ola de criminalidad que nos tiene a todos asolados en esta Ciudad. No quiero que renuncie: quiero que haga frente a la situación. No está sola. Está usted más respaldada que cualquier jefe de gobierno de todos cuantos hemos tenido en la Ciudad, incluido López Obrador: la respalda el presidente y la respaldan millones de votos. Así que no tiene pretexto.

Le decía de los datos. Usted y su movimiento aducen que recibieron la Ciudad hecha pedazos. La pasada administración fue terrible: llena de corrupción, de soberbia y de negación de la realidad, como usted muchas veces señaló. Miguel Ángel Mancera vivía una utopía en la que todo estaba bien, una utopía en la que no operaba la delincuencia organizada en la Ciudad. Ahora sabemos, y desde entonces sabíamos, que eso no era cierto. Pero permítame decirle que aunque Mancera ahora es un senador que traicionó a la izquierda por irse con el PAN, él fue parte del movimiento de izquierda al que usted pertenece. Usted misma gobernó la ahora alcaldía de Tlalpan. Usted pertenece a esa izquierda que tiene el poder desde 1997. Usted pertenece a la izquierda desde 1989, cuando era una jovencita llena de sueños e ilusiones. Usted ha crecido y se ha desarrollado en ese grupo y ha pasado de ser opositora, casi clandestina, proscrita y perseguida, a ostentar el supremo poder ejecutivo de nuestra Ciudad. Usted sabe lo que es ser miembro de un gabinete, pues fue secretaria del medio ambiente cuando López Obrador gobernó la Ciudad. Usted siempre ha estado activa y tiene experiencia. Por eso cuando algunas personas la descalificaban porque usted era una connotada científica –mujer de ciencia, sin experiencia, decían–, yo siempre rebatía semejante descalificación haciendo énfasis en su larga trayectoria política. Y por eso mismo me desconcierto cuando usted culpa a las anteriores administraciones del grave estado que guarda ahora nuestra Ciudad. Las anteriores administraciones han estado en manos de personas de su movimiento: Cuauhtémoc Cárdenas, Rosario Robles, Andrés Manuel López Obrador, Alejandro Encinas, Marcelo Ebrard, Miguel Ángel Mancera y José Ramón Amieva. Claro, me dirá usted que Rosario Robles y Mancera traicionaron al movimiento y tendría razón. ¿Pero los demás?

Esta Ciudad hoy es lo que es por la izquierda. Hemos sido gobernados por la izquierda desde 1997. Y por la única izquierda que hay, aunque usted pudiera rebatir que hay muchas izquierdas, una buenas y otras malas –supongo que las buenas son las que simpatizan con usted y con el presidente, las malas las que no–. Las izquierdas son como brazos o vertientes de un río, pero la Izquierda es el cauce principal, y de allí brota todo. Todo lo bueno que hay en la Ciudad, que es mucho, se lo debemos a esa izquierda progresista; y todo lo malo, a sus malos funcionarios, que son y han sido muchos, no nos ceguemos. No se trata de juzgar moralmente qué es el bien y qué es el mal. Usted sabe a lo que me refiero. Esta ciudad es la más progresista de México, pero también es una ciudad llena de corrupción y de inseguridad. No es que la izquierda que ha gobernado hasta antes de usted sean unos pillos y usted y su movimiento unos próceres. Es el mismo grupo, la misma gente. La corrupción y la inseguridad han existido durante todos los gobiernos progresistas de esta Ciudad. Usted puede pensar que en el suyo no, que en su gobierno la corrupción y la inseguridad llegaron a su fin. Temo decirle que no. No se dibuje usted una utopía feliz como la que se creó Mancera en su imaginación –el presidente López Obrador cree también que en su gobierno se acabó la corrupción–. Qué bueno que usted quiera extirpar ese cáncer público que es la corrupción, yo la apoyo y la respaldo totalmente en esa lucha. Pero por favor no me diga que la inseguridad que vivimos se debe, como dijo Epigmenio Ibarra a propósito del asesinato de Norberto Ronquillo, a los intentos de la mafia del poder (ya no están en el poder; los que están en el poder son ustedes) para restaurar el régimen neoliberal. Hay cosas que tienen sentido y cosas que no. Usted ya lleva más de seis meses en el gobierno. Una duodécima parte de su tiempo se agotó. ¿Cuáles son los resultados? Le repito, no voy a escatimar sus logros en las áreas donde los haya, pero en materia de seguridad, debo decirlo, y usted lo sabe, estamos viviendo un inefable infierno. Una pesadilla gore.

Qué bueno que el presidente la respalde. Pero, por favor, tenga mesura. Mientras se llevaba a cabo el sepelio de Norberto Ronquillo, López Obrador le levantó la mano para decirle que usted no estaba sola. Y usted dibujó una grande sonrisa en su rostro. Generalmente usted presenta un semblante serio, pues la administración y gobierno de esta Ciudad no es para menos. Tampoco quiero decir que su rostro sea duro o adusto, como el de una persona poco sonriente. No estoy significando eso. Pero sí me llamó la atención esa sonrisa y ese suspiro cuando Andrés Manuel le levantó la mano. No entendí. En ese momento era el sepelio de Norberto, no sé si usted lo sabía. Hay que tener tacto. No era momento para reír ni para que le echaran porras a usted. Y ahora con la desaparición y asesinato de otro estudiante, Hugo Avendaño, ¿qué va a pasar? Porque las críticas contra su gobierno siguen. Y son críticas legítimas. No vaya usted a descalificar a quienes señalan los fallos de su gobierno en materia de seguridad. No es invento mío, ni es imaginario colectivo. La Ciudad está en manos del crimen y ni usted ni su gabinete de seguridad han sido capaces de mitigar el problema. Los números lo dicen. ¿Qué números? Los números de su gobierno, señora Sheinbaum. ¿Qué va a pasar, pues? Habrá otro mitin en donde el presidente le alce la otra mano y le vuelva a echar porras. Usted solamente tiene dos manos. ¿Qué va a pasar después cuando asesinen a la siguiente víctima? ¿Qué le va a alzar el presidente? Creo que por respeto a todos los millones de ciudadanos que votaron por ustedes, López Obrador y usted deberían dejar de halagarse tanto en público y mejor combatir el problema. La tarea que usted tiene enfrente es gigantesca, pero confío en que salga avante. Sin embargo, me permito decir que la auto complacencia y la lisonja podrían ser sus peores enemigos.

Tal vez ni siquiera llegue usted a leer estas líneas, y si llegara a leerlas, probablemente la pongan de mal humor. Como persona que sostiene ideas progresistas, me niego a apoyarla y aplaudirle ciegamente, como muchos de sus seguidores. Al contrario: mis convicciones me compelen a ser más crítico y a exigirle más. Usted está para servirme a mí y a todos los habitantes de esta gran Ciudad, no al revés. Y por eso tengo el derecho de criticar y de exigir, con madurez y respeto, con inteligencia y argumentos, no con gritos ni estridencias.

Muchos de sus seguidores argumentan que no venimos de una edad dorada de bonanza y bienestar, sino de un régimen que ha empobrecido a millones de mexicanos. Y es verdad: casi cuatro décadas de neoliberalismo nos tienen en una situación que es muy difícil enderezar. El presidente tiene un reto muy grande, y ha logrado, desde el punto de vista democrático/electoral, romper ese círculo vicioso a nivel del gobierno federal. Pero la situación de usted es distinta, porque, insisto, la izquierda a la que usted pertenece lleva gobernando la Ciudad desde 1997. ¿No me va a decir que usted también encontró un desastre? (Ustedes usan la palabra “cochinero”, pero yo no quiero utilizarla). De todos los jefes de gobierno, los que quizá dieron un giro fueron los últimos dos (me refiero a Mancera y a Amieva), porque aún Rosario Robles, en la época de Cuauhtémoc Cárdenas, era tan de izquierda como usted o su ex-cónyuge, el señor Ímaz. Que después los haya traicionado –Robles, no Ímaz– y se haya vuelto incondicional de Peña, es otra cosa (por cierto, López Obrador alzándole a usted la mano me recuerda a Peña diciendo: “Rosario, no te preocupes”). Así que por favor no culpe a las administraciones pasadas, porque sería tanto como descalificarse a usted misma y desprestigiar a gente cercana a usted como Marcelo Ebrard, Alejandro Encinas o el mismísimo Andrés Manuel López Obrador.

Así las cosas, señora Sheinbaum, centre sus esfuerzos en doblegar a la delincuencia y en hacer de esta Ciudad un lugar más seguro para todos. Eso fue lo que prometió. Por eso la gente votó por usted. No se ciegue con los halagos de millones de incondicionales que le dirán que usted es la mejor jefa de gobierno del mundo y que la sensación de inseguridad es solamente una insulsa percepción de los conservadores que se oponen al nuevo régimen.

Ojalá, señora Sheinbaum, que su familia siempre esté bien, que siempre esté protegida y que nunca les falte nada. Que por ningún motivo, si usted o yo sufriéramos una desgracia, haya un presidente y una jefa de gobierno que rían y alcen sus manos en señal de triunfo ante los vítores de cientos, mientras usted y yo lloramos y morimos de tristeza. Por favor no me vaya a decir que la actitud serena y admirable de la madre de Norberto Roquillo me inhabilita a expresar mi indignación y preocupación, porque eso sería una falacia.

No tome a mal mis palabras, señora Sheinbaum. A lo mejor usted dice: a este músico, por andar criticando, no lo va a apoyar mi gobierno. No se preocupe; ningún gobierno de esta Ciudad ha apoyado mi trabajo artístico, así que en esa materia no espero nada ni de usted ni de su administración. Empero, confío en usted en todas las demás áreas. Voté por usted. Y por eso exijo que enfrente el problema de la inseguridad con todos los recursos de que dispone, que no son menores. No está sola, señora Sheinbaum. Y por eso mismo no tiene derecho de fallar.

Deseo que su gestión como jefa de gobierno sea la mejor de todas, la mejor desde que la izquierda tomó el poder en nuestra Ciudad, allá en el lejano 1997.

@VenusReyJr

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