Por José Reyes Doria | @jos_redo
CONGRESO DOMINADO POR EL PRESIDENTE
El gobierno de López Obrador prácticamente no recurrió al diálogo y la construcción de acuerdos políticos. En el Congreso fue más visible esta práctica, rara vez se aprobó una reforma legislativa relevante por consenso. El Presidente nunca celebró conversaciones con las bancadas de la oposición. Esta política ha sido posible, en gran medida, gracias a la mayoría absoluta que obtuvo Morena, en conjunto con sus aliados, en las elecciones de 2018. Antes de esto, la última vez que el Presidente tuvo mayoría absoluta en el Congreso fue en 1994: en las elecciones intermedias de 1997 el régimen priista perdió la mayoría y se inauguró una etapa de mayor protagonismo e independencia del Poder Legislativo, lo más parecido a la realización de la división de poderes que caracteriza a un régimen republicano.
Dado el sistema y cultura políticos que históricamente han caracterizado a nuestro país, los legisladores del partido gobernante dependen enormemente del control presidencial. A diferencia de los sistemas políticos de Estados Unidos, Europa o algunos países de América Latina, los representantes populares mexicanos tienen vínculos muy débiles con sus electores, pues los partidos políticos, y el Presidente en el caso del partido gobernante, son los factores determinantes para acceder al cargo. La disciplina y la lealtad de los legisladores es casi absoluta hacia el partido y el Presidente: muy rara vez se rebelan o resisten ante una reforma o acción impulsada por el Ejecutivo aunque claramente sea contraria al interés general, abusiva, irracional, caprichosa o inconstitucional.
GRAN PODER CON CONGRESO DOMINADO
Recordemos que la mayoría absoluta en el Congreso por parte del partido del Presidente, hace posible que éste determine temas como los siguientes: aprobar el Presupuesto sin negociar nada con la oposición y los intereses, sectores, regiones y proyectos que ésta representa; por lo mismo, imponer las prioridades del gasto público. La mayoría también permite al Presidente controlar o inhibir la fiscalización del ejercicio de los recursos públicos, así como impedir el control y la facultad de investigación del Congreso para casos de corrupción y revisión de las políticas estratégicas del gobierno. Con la mayoría absoluta, el Presidente y su partido pueden aprobar las reformas a las leyes secundarias sin negociar con nadie. También pueden decidir o determinar nombramientos de ministros, consejeros, comisionados y presidentes de órganos autónomos.
Gran parte de las decisiones y políticas del gobierno de López Obrador no se hubieran podido realizar si la oposición en su conjunto tuviera la mayoría en el Congreso. El Presupuesto para las mega obras, la política de salud, la de educación, la de salud, tendrían que haber sido negociadas. Las diversas reformas legislativas para otorgar recursos y responsabilidades civiles a las Fuerzas Armadas, por ejemplo, no hubieran pasado o al menos no en los términos en que se aprobaron. Todo esto da una idea de la importancia estratégica que tiene ganar o perder la mayoría en el Congreso.
TRANSFORMACIÓN VS DIVISIÓN DE PODERES
El presidente López Obrador ha planteado este tema de una forma por demás interesante: el Proyecto, la llamada Cuarta Transformación, es un bien superior, al cual se debe supeditar el principio de división de poderes. La Transformación en favor del pueblo es más importante que la República, razón por la cual no hay que reparar en sutilezas como la soberanía del Poder Legislativo, la libertad de los legisladores, la función de control y fiscalización del Congreso o el diálogo democrático con las demás fuerzas políticas. Con el argumento de combatir la corrupción en las prácticas legislativas, el gobierno de AMLO impulsó reformas y procedimientos en el Congreso que debilitaron, en los hechos, la capacidad de acción de los legisladores.
CONGRESO Y LEGISLADORES DÉBILES
En este sexenio, diputados y senadores perdieron capacidad de gestión y de respuesta ante los ciudadanos de sus distritos y estados; en el nuevo modelo de gestión, la gente debe acudir solamente al gobierno federal, eliminando así la capacidad de interacción social y reproducción del poder político de los legisladores. Esto, sumado a la disciplina de hierro que exige AMLO, ha hecho posible que ciertos temas polémicos de la agenda legislativa de la 4T hayan sido aprobados sin el menor cuestionamiento de los legisladores oficialistas (al menos en público, porque en la conversación interna, privada, se expresan sentidas inconformidades ante ciertos temas).
AMLO QUIERE CONTROL TOTAL DEL CONGRESO Y LA CONSTITUCIÓN
Bajo este nuevo arreglo político-parlamentario, el Presidente y la candidata presidencial oficialista, Claudia Sheinbaum, se han propuesto el objetivo estratégico de obtener la mayoría calificada en el Congreso. Es decir, no solo ratificar la mayoría absoluta (50 por ciento más uno), sino alcanzar la mayoría de dos terceras partes para poder reformar por sí solos la Constitución. Con ese objetivo, el Presidente ha intensificado su propaganda, incluyendo la presentación de iniciativas de reforma, para reposicionar el abanico de supuestos beneficios para el pueblo que traería consigo la mayoría calificada: reforma al Poder Judicial para que el pueblo elija ministros y jueces, reforma electoral para transformar al INE y acercarlo al pueblo, reforma en materia de pensiones, militarizar la seguridad pública, desaparecer los órganos autónomos como el INAI, CNDH, IFETEL, etcétera.
DILEMA DE LAS ELECCIONES 2024
Por todo lo anterior, las elecciones de junio de 2024 presentan un ángulo fundamental: ratificar la mayoría, sea absoluta o calificada, para el partido del Presidente de la República, o quitarle esa mayoría para que el Congreso recupere sus capacidades reales de control y representación efectiva de la diversidad y pluralidad de intereses. Las encuestas electorales son muy consistentes en apuntar una ventaja muy grande de Claudia Sheinbaum en la carrera presidencial, sacando una ventaja de entre 20 y 30 puntos a la candidata opositora Xóchitl Gálvez. Una serie de factores analizados en este espacio en anteriores entregas, configuran un posicionamiento político a favor de Claudia que, hoy, luce insuperable.
DEBILIDAD OPOSITORA
La candidatura de la oposición, encabezada por Xóchitl, parece cada vez más débil y desapegada de la realidad. En buena medida, esto obedece a que PRI, PAN y PRD no han podido encontrar las formas y acciones necesarias para potenciar su candidatura presidencial, y han concentrado sus energías en el reparto de candidaturas al Congreso. Pero en el estancamiento de la candidatura de Xóchitl, también influye la debilidad general de PAN, PRI y PRD, que han perdido casi todas sus gubernaturas, que miles de sus cuadros y liderazgos se han convertido en morenistas-obradoristas, y que cargan con un persistente rechazo de la mayoría de la sociedad.
ESCENARIOS
Entonces, ¿podrán PRI, PRD y PAN, sumando a MC en este caso, arrebatarle la mayoría al oficialismo? En mi opinión, el escenario más probable es que el obradorismo no obtenga la mayoría calificada de dos terceras partes, pero sí conserve la mayoría absoluta. En todo caso, cualquier modificación de este escenario dependerá de factores como los siguientes:
1.- Que PAN, PRI, PRD y MC logren, a pesar de sus debilidades, impulsar candidaturas atractivas a nivel micro, en los distritos, en las regiones, de tal suerte que los electores definan su voto más por las personas que por los partidos.
2.- La ventaja tan grande de Claudia podría generar exceso de confianza en sus seguidores y no saldrían a votar masivamente, o bien que muchos de sus votantes sin militancia intensa decidan votar por la oposición para diputados y senadores.
3.- Que el desgaste natural de los gobiernos de Morena en las gubernaturas, los municipios, los congresos locales, presente una aceleración importante y se refleje en voto de castigo, favoreciendo a los candidatos de la oposición.
4.- Que las encuestas no estén midiendo adecuadamente las dinámicas y tendencias en los distritos, las localidades, los barrios, las comunidades, de tal suerte que las intenciones de voto por Claudia no sean las mismas que los candidatos a legisladores del oficialismo. Algo similar ocurrió en 2021, y no olvidemos que PAN, PRI, PRD y MC obtuvieron más votos que Morena y sus aliados, pero debido a la dispersión del voto opositor en los distritos y a la ingeniería electoral del oficialismo, lograron alcanzar la mayoría en la Cámara de Diputados.
5.- Que se presente una serie de fracturas en el oficialismo, que se expresen en filtraciones de casos de corrupción, deslealtades, complicidades; o bien en brazos caídos y apoyo disimulado a los candidatos al Congreso de la oposición por parte de liderazgos, dirigentes, gobernadores o poderes fácticos que aparentemente deben apoyar a los candidatos del oficialismo. Apoyarían a Claudia para buscar juego con ella, pero no a los candidatos a legisladores morenistas.
MAYORÍA MÁS ALLÁ DEL BIEN Y DEL MAL
Los que quieren mayoría absoluta o calificada generalmente son los partidos gobernantes y el oficialismo en todas sus expresiones, pues con la mayoría pueden transitar de manera más ágil sus proyectos e intereses (más allá de ideologías, demagogias y manipulaciones). Es la gobernabilidad que consideran indispensable, aunque la política como negociación y consenso se debilita, incluido el principio de la división de poderes.
Quienes prefieren un Congreso de mayoría opositora, piensan que solo así se pueden garantizar los intereses que representan los partidos opositores, y al obligar al gobierno a consensuar reformas, presupuestos y nombramientos se ejerce una política más democrática, incluyente, republicana, y se reivindica la dignidad del Congreso.
Desde luego, el universo de poderes fácticos plantea desafíos al Estado que rebasan los ámbitos partidarios y parlamentarios, y en ese terreno no basta con tener mayoría en el Congreso para imponer las decisiones políticas. Con el gobierno de AMLO hemos visto muchos casos de ese tipo respecto a empresarios, crimen organizado, etcétera.
PRONÓSTICOS
Gana Claudia la Presidencia: 80 por ciento de probabilidades
Gana el oficialismo la mayoría calificada en el Congreso: 30 por ciento de probabilidades.
Ratifica el oficialismo la mayoría absoluta en el Congreso: 60 por ciento de probabilidades.
A pesar de las tendencias, y puesto que la política finalmente es impredecible del todo, la moneda está en el aire. Como en el fútbol, los partidos hay que jugarlos; hasta, en un juego hipotético, un Real Madrid, por todopoderoso que sea, debe vencer en la cancha a un debilucho Necaxa.





