Centenario de San Juan Pablo II: ¿hizo lo suficiente para combatir la pederastia? Autor: Venus Rey Jr.

«Dejad que los niños se acerquen a mí»
Mateo 19, 14; Marcos 10, 14.

Si una persona llega a ser santa, no es por sus méritos, sino por gracia de Dios. Claro, la persona pone todo de su parte, pero todo, a fin de cuentas, es gracia de Dios, según la teología católica. La Iglesia, tras un proceso exhaustivo que analiza la vida de una persona y confirma sus milagros, hace la declaración solemne y el santo entra al Canon –de ahí que el proceso se llame “canonización”–, y existe la certeza absoluta de que dicha persona está en contemplación de la divinidad. Lo comento porque los católicos del mundo celebran el natalicio número 100 de San Juan Pablo II (18 de mayo de 1920). En México, San Juan Pablo II tiene muchos devotos.

Pero no todo es júbilo. Hay dudas. Es un hecho ya comprobado que el papa santo no hizo lo suficiente para combatir la pedofilia al interior de la iglesia. No estoy diciendo que Juan Pablo II haya protegido deliberadamente a los pederastas. Tal vez el papa santo no creyó los informes o acusaciones, o tal vez los funcionarios alrededor de él le impidieron ver las cosas como eran. ¿Y cómo eran? Ahora sabemos cómo fueron, no estoy inventando nada: la pederastia está profundamente arraigada entre los sacerdotes, no todos, claro, pero sí un número preocupante. Tan es así que Benedicto XVI y Francisco han actuado enérgicamente en contra de la pederastia, mucha de ella ocurrida en tiempos de San Juan Pablo II.

La otrora postura de la jerarquía católica era que, con tal de no dañar la imagen, reputación y buen nombre de la Santa Iglesia, era mejor actuar con discreción y sigilo, lo que equivalió a que muchos obispos y cardenales prefirieran esconder el escándalo de la pederastia y cambiar de diócesis a los sacerdotes pedófilos, en vez de castigarlos y entregarlos a las autoridades civiles; era como una enfermedad contagiosa, porque los sacerdotes en rotación propagaban la pederastia. Pero ahora, con el papa Francisco, eso se acabó; al menos en el discurso.

Es posible afirmar, sin generalizar, que no hay país con presencia católica sin escándalos de esta naturaleza: sacerdotes que abusan sexualmente y violan niños: Francia, Inglaterra, Italia, Irlanda, Malta, Holanda, Bélgica, Polonia, Noruega, Eslovenia, España, Suecia. En América ni se diga: Estados Unidos, México, Argentina, Canadá, Brasil, Chile, Perú. Y también Australia, Nueva Zelanda, Filipinas y numerosas naciones africanas. Hay que aceptarlo: innumerables sacerdotes católicos tienen un serio y grave problema sexual –no todos, insisto, pero sí muchos–. Si no lo reconocen, están perdidos.

Cristo dijo, a propósito de la tentación de la lujuria, que si nuestro ojo o nuestra mano son ocasión de pecado, mejor sacarnos los ojos y cortarnos la mano que perder el reino de los cielos. Aquí la cita bíblica:

«Y si tu ojo derecho te es ocasión de pecar, arráncalo y échalo de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno. Y si tu mano derecha te es ocasión de pecar, córtala y échala de ti; porque te es mejor que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo vaya al infierno» (Mateo 5, 30).

Esto es palabra de Dios, pero parece que a los sacerdotes pederastas les tiene sin cuidado: ni se arrancan los ojos, ni se cortan las manos; por el contrario, satisfacen y dan rienda suelta a su concupiscencia en niños creyentes que van a la iglesia movidos por la fe y la inocencia; y todo ello bajo el cobijo y complicidad de la alta jerarquía. Pero basta el sincero arrepentimiento y un genuino acto de contrición para alcanzar el perdón divino y por ende la salvación, y hasta la beatitud, sin importar una vida entera en el crimen y en la maldad.

A veces me pregunto si hay algo en la formación que inclina a los sacerdotes a estas conductas. Orígenes, padre de la iglesia, se castró luego de interpretar literalmente el pasaje bíblico que cité más arriba. Los sacerdotes de hoy no tienen el arrojo de Orígenes.

No queda duda: el papa Juan Pablo II supo de las múltiples acusaciones contra sacerdotes, con nombre y apellido, lugar y circunstancia. Y estas acusaciones no fueron conjeturas y suposiciones infundadas, como algunos ultra-católicos sostienen, sino hechos; y no fueron hechos aislados: fueron cientos, miles de casos. Y para muestra un botón. Todos los escándalos que mencionaré a continuación ocurrieron durante el pontificado de Juan Pablo II, y están debidamente documentados:

Austria

El cardenal austriaco, Hans Hermann Gröer, fue acusado de haber abusado sexualmente de decenas de niños durante los años ochenta. Según investigaciones periodísticas en Austria y Europa, Joseph Ratzinger habría pedido al papa Juan Pablo II que se investigara y se actuara en contra de Gröer, pero el poderoso cardenal Angelo Sodano habría convencido al papa de no actuar, y por lo visto lo convenció. En 1995 el asunto se hizo público y fue tanto el escándalo, que no quedó más remedio a la Santa Sede que imponer a Gröer un “exilio”.

Bélgica

Bélgica sufrió un terrible asedio de sacerdotes pederastas que actuaron con impunidad durante más de cinco décadas, desde los años cincuenta. Las autoridades belgas recibieron cientos de denuncias de ataques de sacerdotes católicos a niños, en su mayoría varones entre 10 y 12 años, aunque también hubo víctimas niñas y se ha documentado el caso de un bebé de dos años. Juan Pablo II no actúo, o si actuó no hubo efecto alguno, pues la actividad pederasta en Bélgica no cesó ni disminuyó durante su pontificado. Tuvieron que pasar varios años hasta que en 2010 el papa Benedicto XVI reconoció esta tragedia y prometió que habría justicia. Y no lo hizo motu proprio, sino porque le reventó el escándalo del obispo de Brujas, Roger Vangheluwe, que fue acusado por el abuso sexual y sistemático hacia su propio sobrino. El escándalo trajo a la luz la investigación de Peter Adriaenssens, que documentó casi 500 casos de agresiones sexuales de sacerdotes católicos en Bélgica, la mayoría de ellos durante el pontificado de Juan Pablo II.

Alemania

Alemania ha sido otra nación donde la pederastia de sacerdotes proliferó impunemente en tiempos de Juan Pablo II. Son cientos de casos. Durante los años ochenta hubo uno muy conocido, el del padre Peter Hullermann, quien habría abusado sexualmente y violado a más de una centena de niños (varones, para no variar). La jerarquía alemana y la Santa Sede tuvieron noticias de Hullermann durante toda la década de los ochenta, pero lo único que hicieron fue transferirlo a otras diócesis en las cuales Hullermann volvía una y otra vez a hacer de las suyas. La transferencia a otras diócesis ha sido el modus operandi de la red pederasta al interior de la jerarquía católica.

Estados Unidos

El escándalo de la Arquidiócesis de Boston es monumental, en el peor sentido de la palabra, y los esfuerzos del entonces cardenal Bernard Francis Law (obispo de Boston desde 1984 y cardenal desde 1985) para encubrirlo fueron vergonzosos. Estamos hablando de cientos de abusos sexuales: siempre el mismo patrón: sacerdotes violando menores, casi siempre varones. Law fue forzado a dimitir en 2002, pues el escándalo no podía esconderse más. En 2011 el cardenal O’Malley fue forzado a publicar una lista de 159 sacerdotes de la arquidiócesis que fueron acusados de abuso sexual y violación. En la arquidiócesis de Los Ángeles se cuentan, desde los años ochenta, al menos 581 víctimas de abuso sexual y violación por parte de sacerdotes. La arquidiócesis a la fecha ha pagado más de 600 millones de dólares en indemnizaciones. Así que nos son víctimas imaginarias, sino reales que en los tribunales han ganado juicios, y la iglesia se ha visto condenada a pagar dichas indemnizaciones. La arquidiócesis de Boston también ha pagado millones de dólares a las víctimas.

México

Y para no ir más lejos, en México tuvimos nuestro propio escándalo con el padre Maciel. Las acusaciones en su contra se remontan a finales de los años cuarenta, y ahora es público que su apetito sexual dirigido a menores varones era insaciable. Durante los ochenta y noventa, el entonces cardenal primado de México, Ernesto Corripio Ahumada, y desde 1995 su sucesor, Norberto Rivera Carrera, y Juan Pablo II, le creyeron todo. Pero bastó que falleciera Juan Pablo II para que Maciel quedara sin protección, que su imperio de maldad se resquebrajara y que la verdad fuera conocida por el mundo entero. Todo parece indicar que hasta el último momento de su vida, Juan Pablo II creyó los engaños de Maciel.

Hay muchísimos casos más ocurridos en tiempos de Juan Pablo II. No es posible mencionar todos en este artículo.

¿Será que innumerables sacerdotes han dado el más abyecto sentido a las palabras de Jesús, a quien, por encima de todo, fingen imitar? ¿Qué dijo Jesús? «Dejad que los niños se acerquen a mí; no se los impidáis, porque de los que son como ellos es el Reino de los Cielos» (Mt, 19, 14). ¿Quizá los sacerdotes pederastas quieren, en su torcido y pervertido entender, un pequeño adelanto de ese Reino?

En suma: no es especulación. Es un hecho que Juan Pablo II tuvo noticia de la actividad pederasta de cientos de sacerdotes. Y es un hecho que no hizo lo suficiente para detener de raíz este mal a pesar de que varios casos se hicieron públicos durante su pontificado. Si San Juan Pablo II está en la contemplación de Dios, qué bueno. Para mí es un poco desconcertante que un santo, y más siendo papa, no hubiera actuado con mayor aplomo y contundencia contra ese mal diabólico que es la pedofilia.

@VenusReyJr

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