11 de agosto de 2023
Ingeniera Xóchitl Gálvez, senadora de la República:
Le escribo para alertarla de un riesgo que me parece mayor, el riesgo de que se esté fraguando un atentado en contra de su vida y que usted, engañada, esté participando en él.
Usted ha demostrado ser una brillante empresaria política. A partir de una primera oportunidad de participación en la escena nacional creó un conjunto muy exitoso de empresas que no han dejado de prosperar al cobijo de las distintas posiciones públicas que ha ocupado durante los últimos veinte años. Pero la ambición, un rasgo de su personalidad que le ha ayudado mucho hasta ahora, puede obrar en su contra, al impedirle ver que acaso usted sea útil a los intereses que la convirtieron en candidata de la oposición para 2024, pero no de la forma que usted supone.
Le propongo que deje de imaginarse por un rato las ganancias astronómicas que podrían lograr sus empresas si llegara a la presidencia de la república y piense fríamente en los objetivos de sus patrones. ¿Qué quieren sus patrones, es decir, los grandes empresarios que forjaron sus fortunas a la sombra de los gobiernos del PRI y del PAN y que desde 2018 dejaron de tener acceso prácticamente ilimitado a los recursos públicos, se han visto obligados a aceptar el aumento de casi 100% de los salarios mínimos e, ¡imagínese!, han tenido que comenzar a pagar impuestos.
Ellos, sus patrones, quieren recuperar el control del poder ejecutivo federal porque es lo que necesitan para recuperar sus privilegios; saben que no podrán lograr, ni remotamente, las mayorías en las cámaras del poder legislativo (a pesar de que la ley electoral esté diseñada para que hasta personas como usted puedan ser senadoras) y han visto que el poder judicial, que controlan casi completamente, sirve para obstaculizar al gobierno, no para controlarlo. Recuperar la presidencia, eso es lo que ellos quieren; no que usted sea presidenta, y no es lo mismo, aunque su ambición pueda llevarla a creer que sí.
Sus patrones no son buenos políticos, como han puesto en evidencia los resultados de la alianza opositora, que a excepción de Coahuila, ha perdido en todas las elecciones en las que ha participado. Pero como su soberbia sólo es superada por su codicia, es muy posible que en secreto ya lo hayan reconocido y que, en consecuencia, hayan contratado, también en secreto, los servicios de uno o varios “laboratorios de guerra psicológica”, empresas especializadas en la asesoría de campañas electorales para que dirijan sus operaciones políticas. ¿Por qué no habrían de hacerlo si en 2006 con la campaña del “Peligro para México” casi consiguen por la vía electoral lo que no lograron mediante el desafuero (aunque al final hayan tenido que pactar con operadores como la líder del sindicato magisterial y de plano cometer fraude) y en 2012 consiguieron llevar a la presidencia a un actorcillo de telenovela?
Los dueños de estas empresas, diseñadores y conductores de campañas políticas –los J. J. Rendón, los J. R. Durán Barba, los Antonio Solá– , que operan desde Miami y otras ciudades del sur de los Estados Unidos, son la versión siglo XXI de los operadores que antaño maquilaban golpes e intervenciones a la CIA por toda América Latina; una combinación de publicistas y cabilderos empresariales habituados a echar mano de los servicios de empresas privadas –y no siempre legales– de información (es decir, de espionaje) y “seguridad” para conseguir sus objetivos. Seguro que usted conoce Miami (es posible, incluso, que por el tipo de empresaria que es, tenga un departamento en uno de sus condominios exclusivos); no estaría mal que buscara contactar con ellos directamente a ver cómo reaccionan, a ver si quieren platicar con usted y así usted pueda obtener elementos para deducir los planes completos que ellos acordaron con las personas que los contrataron, es decir, con los patrones de usted.
El de 9 de agosto ocurrieron dos cosas en las que usted debería reflexionar muy seriamente. Primera: la alianza opositora dio a conocer la lista de las cuatro personas finalistas para su candidatura de 2024: usted (obviamente) y otras tres, que Julio Hernández López calificó de “escoltas” de su candidatura. Seguramente que Astillero tiene razón y las nombraron para eso, en efecto; sin duda fueron preseleccionadas, también, para amarrar las alianzas del próximo gobierno si la empresa tiene éxito; pero también, acaso, para seguir con la operación del plan en una fase “B”, si la fase “A” no funciona.
Ese mismo día, 9 de agosto, a más de tres mil kilómetros de la Ciudad de México, en Quito, Ecuador, fue asesinado a balazos Fernando Villavicencio, candidato a la presidencia de su país. Con ello y a pesar de que sus expectativas de triunfo fueran muy escasas (en el último sondeo publicado, Villavicencio aparecía en el cuarto lugar de las intenciones de voto, con menos de 10% de éstas) las elecciones anticipadas han sido completamente trastocadas. Programadas para salir del impasse provocado por el golpe de Estado que el presidente Guillermo Lasso dio al disolver el parlamento en mayo pasado para evitar su destitución tras un juicio político (a pesar del informe favorable al mandatario, emitido por la Comisión de Fiscalización, que encabezaba el propio Villavicencio), el hecho más relevante de éstas será, sin duda, su asesinato. ¿Quiénes lo ordenaron, por qué? Imposible saberlo, por ahora. Lo cierto es que las elecciones del 20 de agosto no se suspenden, pero se realizarán en estado de excepción, decretado por el propio Lasso. Los títulos de la prensa de ese día dejan ver el tono previsible de las elecciones: “Encuestas predicen alto porcentaje de votos nulos y blancos”, “Más del 50% de ecuatorianos aún no han decidido por quién votar”, “Ya no se podrán difundir encuestas previas a las elecciones de Ecuador”, “Rivales del candidato a presidencia de Ecuador Fernando Villavicencio suspenden campañas”…
¿Cómo influirá asesinato de Villavicencio en el resultado de las elecciones del 20 de agosto, en las que competirán Luisa González, Otto Sonnenholzner y Yaku Pérez? No lo podremos saber. Pero sí podemos descartar, desde ahora, que la motivación de quienes lo ordenaron fuera impedir su llegada a la presidencia, pues no estaba ni en el primer ni el segundo lugar de las preferencias electorales. Lo que sí cabe preguntarse es si otro candidato saldrá beneficiado del atroz crimen y si entre los escenarios previstos por laboratorios de guerra psicológica estaba éste: el del asesinato de un candidato sin posibilidades reales de ganar.
¿Ve hacia dónde conduce mi razonamiento, ingeniera Gálvez? ¿Y si su candidatura no “prende” y usted deja de representar una posibilidad real para sacar a MORENA de Palacio Nacional el próximo año? ¿Cómo podría seguir siendo usted útil, desde la perspectiva de los war rooms contratados por sus patrones, en ese supuesto?
Tengo la impresión de que los grandes empresarios que mandan el bloque opositor, cuya cabeza visible es Claudio X. González, no tienen ninguna simpatía por usted. Seguramente la consideran, además de una empresaria menor –cosa cierta si comparan los negocios de usted con los de ellos–, un personaje marginal y prescindible, más allá de que su simpatía natural y talante desenfadado pueda serles de utilidad. Piénselo. ¿Cómo ha sido hasta ahora su interlocución con ellos? ¿La invitan de buen grado a sus conciliábulos financieros y empresariales? ¿Forma parte usted de sus círculos sociales? ¿Vacacionan juntos, asisten a las mismas bodas y reuniones familiares? ¿Qué estimación pueden tener por usted, si no les ofrece el derecho de picaporte con el presidente de México, como hicieron Fox, Calderón y Peña Nieto?
Piense, por contraste, en los vínculos que sus escoltas tienen con estos empresarios. En los del senador Creel, panista de sepa, exsecretario de Gobernación que les dio nada más y nada menos que el negocio de los casinos; o en los de la senadora Paredes, exgobernadora, expresidenta de partido, exembajadora, magnífica representante del priísmo ilustrado de antaño; o en los de Enrique de la Madrid, cuadro técnico neoliberal formado en Harvard y sobre todo, hijo de su papá.
¿Qué efecto podría tener, en las proyecciones de los laboratorios de guerra psicológica, el eventual asesinato del candidato de la oposición y su reemplazo in extremis por cualquiera de los aspirantes de escolta? La idea, no se me ocurrió a mí, sino a ustedes y comenzó a expresarse de forma significativamente coordinada desde principios de julio. Primero fue Beatriz Pagés, en su revista Siempre, el 6 de julio, luego Ricardo Alemán el 13 de julio y Joaquín López Dóriga el 17; ese mismo día el presidente del PAN, Marko Cortés habló de la posibilidad de un atentado con todas sus letras; tres días después usted misma declaró: “…el presidente creo que debe ser mucho más responsable con sus palabras, porque su veneno, su odio, su insidia, pueden hacer que otros voluntarios traten de hacerte algo para quedar bien con él…” (https://www.24-horas.mx/2023/07/20/preocupa-a-xochitl-galvez-seguridad-de-sus-hijos-y-anuncia-que-dejara-de-usar-bicicleta/), el 24 de julio Raimundo Riva Palacio siguió con lo mismo, un día después Guadalupe Loaeza, insistió.
Por ello, es obvio que usted está al tanto –y de acuerdo– con que se propague la idea, construida por ustedes mismos, de un atentado en su contra, supuestamente promovido desde la presidencia de la República; pues ello podría ayudarle a fortalecer su imagen como verdadera adversaria. Pero, me pregunto y le sugiero a usted que lo considere: si la mención de ese atentado no funciona para el “Plan A” (que gane usted la elección presidencial), ¿la realización material de este atentado, podría servir, según la lógica de los laboratorios de guerra psicológica, para obtener la presidencia conforme a un “Plan B” (convertir en mártir a un candidato sin posibilidades, para que su relevo aumente las de otro y eventualmente gane), que usted evidentemente desconoce?
Esta idea, ingeniera Gálvez, me parece horrible y espero de veras, por su propia integridad y el bien de nuestro país, que a nadie se le haya ocurrido seriamente. Pero los indicios me hacen recelar y la contextura ética de la organización política que usted aspira a encabezar –capaz de afirmar y repetir hasta el cansancio, sin una sola prueba, que sus adversarios están preparando un atentado en contra de usted– me impide descartarla. Usted además de ambiciosa, es sagaz y aguda; indague qué ases bajo la manga se guardan los responsables de los laboratorios de guerra psicológica que contrataron sus patrones para recuperar Palacio Nacional, no está de más. No vaya a ser.
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