Alexandria Ocasio-Cortez y la irrupción del Nuevo Pacto Verde en Washington. Autor: Carlos F. Diez Sánchez

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La nueva representante demócrata, Alexandria Ocasio-Cortez (AOC, a quien bien podrían llamar “el meteorito”), de tan solo 29 años, la legisladora más joven que ha tenido la Cámara de Representantes, quien derrotó al eterno Joe Crowley en el 14º distrito de Nueva York (el cual comprende partes de El Bronx y Queens) durante las elecciones intermedias en noviembre del año pasado, un verdadero fenómeno mediático, con más de 2.8 millones de seguidores en Twitter (y contando), sigue haciendo historia. Ha presentado su propuesta conocida como el Nuevo Pacto Verde (Green New Deal), quizá la agenda ambientalista más radical que haya visto el pueblo estadunidense en mucho tiempo.

El Nuevo Pacto Verde es apenas un primer paso, una resolución no vinculante en la cual se establecen los principios generales para comenzar a legislar sobre el tema durante los próximos dos años. Tiene también la intención de aumentar la presión sobre la recién creada Comisión Especial sobre la Crisis Climática en la Cámara de Representantes (recordemos que la comisión predecesora fue eliminada por los republicanos en 2010), surgida a partir de las protestas del Sunrise Movement (Movimiento Amanecer), a las que se unió AOC a finales del año pasado y sobre todo, presionar para que los posibles candidatos presidenciales demócratas adopten esta plataforma rumbo a las elecciones de 2020.

Durante la presentación de Nuevo Pacto Verde, junto al senador Ed Markey de Massachusetts, en clara referencia a los infantiles argumentos del presidente Donald Trump al retirarse del Acuerdo de París, dentro de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, AOC dijo: “No vamos a fijarnos a los estándares que tienen otras naciones. No diremos: ‘¿Y qué hacen ellos? Si ellos no hacen esto, ¿por qué tenemos que hacerlo nosotros?’ Lo vamos a hacer porque tenemos que liderar en este tema”. Una posición concordante, como se ha explicado muchas veces, con el desarrollo estadunidense y la cantidad de emisiones de gas invernadero de las cuales son históricamente responsables.

Recordemos que en octubre del año pasado, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU publicó el ‘Informe especial sobre un calentamiento global de 1.5°C’ (SR15), en donde demanda una transición social rápida y de gran alcance para reducir las emisiones globales de CO2 en un 45% para 2030. Un aumento de 1.5°C todavía provocará grandes sequías, hambre, insolación, desaparición de especies, pérdida de ecosistemas enteros y de tierra habitable, lo que arrojaría a la pobreza a más de 100 millones de personas. 

Hasta ahora, AOC ha sido muy amable con la líder de su partido en la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, refiriéndose a ella incluso como la máxima defensora del movimiento contra el cambio climático, pero la realidad es que, justo un día antes, en entrevista con el periódico digital Politico, Pelosi prácticamente se burló de su propuesta: “Esa solo será una entre muchas otras sugerencias que recibiremos. El ‘sueño verde’ o como sea que le llamen… nadie sabe qué es, pero están a favor de eso, ¿cierto?” Tanto los medios de comunicación dominantes como la élite del Partido Demócrata, favorable a los grandes intereses empresariales (por lo que se les ha llamado ‘Corporate Democrats’), siguen atacando al ala progresista de su partido, encabezada por AOC y por el senador independiente del estado de Vermont, Bernie Sanders.

Lo más seguro es que Pelosi tratará de evitar, a través de todos los medios que estén a su alcance, que esta iniciativa se concrete, a pesar de que la más reciente encuesta de los centros sobre cambio climático de las universidades de Yale y George Mason muestran que 80% de los estadunidenses están a favor de este Nuevo Pacto Verde (específicamente, 92% de los demócratas y 64% de los republicanos). Lo peor es que después los demócratas se muestran sorprendidos de cómo pierden —tanto las elecciones como su credibilidad— ante un bufón como Donald Trump. El electorado está dispuesto a apoyar cada vez con más fuerza este tipo de políticas progresistas y, si siguen manteniendo posturas tan timoratas, lo más seguro es que se lleven otra gran sorpresa para las próximas elecciones en 2020.

El pacto reconoce, por supuesto, que la actividad humana es la causa principal del cambio climático observado en el último siglo y se propone, como lo recomienda el IPCC de la ONU, eliminar por completo las emisiones de CO2 y otros gases de efecto invernadero (la llamada ‘huella de carbono cero’) para el 2050.

El texto explica que el cambio climático, la contaminación y la destrucción ambiental han exacerbado las injusticias socioeconómicas en la región de manera sistemática, afectando a las comunidades más vulnerables, por lo que el acuerdo debe poner fin a la opresión a la que han sido sometidas estas comunidades, promoviendo justicia y equidad.

Propone orientar las inversiones para diversificar las industrias locales y regionales, al tiempo que se le da prioridad a la creación de riqueza y empleos de calidad para las comunidades más vulnerables, que serán las más afectadas, y para quienes será más difícil la transición hacia una economía fuera de las industrias basadas en combustibles fósiles.

En especial, el documento se refiere a las comunidades indígenas: “Se debe obtener el consentimiento libre, previo e informado de los pueblos indígenas para todas las decisiones que los afecten a ellos y a sus territorios tradicionales. Se deben honrar todos los tratados y acuerdos que se tengan con ellos, protegiendo su soberanía y sus derechos territoriales”.

Propone también actualizar la infraestructura del país, su industria y su manufactura, así como sus sistemas de transporte, promover una agricultura sustentable, y el uso de energías limpias y renovables.

Nos toca ver a una nueva generación que ha irrumpido en el centro de la política de EU y que ha llegado para apropiarse de más y más espacios dentro del debate público. Evidentemente, el Nuevo Pacto Verde es una propuesta demasiado amplia y ambiciosa, pero la urgencia de la tarea, quizá la más importante de nuestros tiempos, requiere de este tipo de acciones. Esta nueva circunstancia sirve también para vernos al espejo y preguntarnos no solo qué tipo de movimientos sociales deberemos apoyar en el contexto estadunidense, sino qué tipo de acciones locales y nacionales deberemos implementar y exigir a nuestros gobiernos en América Latina. Es tiempo de ser audaz y escuchar a las nuevas generaciones, que están planteando una vida con dignidad en un futuro ya no tan lejano.

@CarlosFDiezS

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