A propósito de la Revolución Francesa (y de muchas de las revoluciones). Autor: Venus Rey Jr.

Se ha escrito tanto sobre la Revolución Francesa que al parecer no hay nada nuevo que se pueda decir. Un artículo sobre esta revolución quizá esté de más. Aun así, sólo quiero hacer una observación en este 14 de julio: la Revolución Francesa fue provocada por la frivolidad de los sectores privilegiados de Francia: aristocracia y alto clero, y no tanto por los burgueses (clases medias e intelectuales) ni por los pobres, como muchos piensan. Me explico.

La desastrosa situación financiera que atravesaba Francia era ya insostenible desde la década de los 1770. Turgot, ministro de Hacienda, había hecho ver al rey la necesidad de que la aristocracia y el clero pagaran impuestos. Pensaba que aumentando los ingresos y reduciendo el gasto público Francia sortearía la crisis. Pero ni nobleza ni clero estuvieron dispuestos a perder privilegios: ¿cómo un noble iba a recibir el mismo tratamiento que un plebeyo? Efectivamente, las reformas fiscales de Turgot trataban por igual al noble y al plebeyo en materia tributaria. Clero y nobleza se aliaron para acabar con Turgot, y contaron con el apoyo invaluable de la reina María Antonieta. Luis XVI despidió a Turgot y este le dijo, en alusión a la revolución inglesa de un siglo antes: “No olvidéis nunca, Majestad, que la debilidad puso la cabeza de Carlos I bajo el hacha.” Palabras proféticas.

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El nuevo ministro, Necker, muy pronto se dio cuenta que las medidas propuestas por su antecesor eran indispensables: era necesario que la nobleza y el clero pagaran impuestos, aunque ello llevara aparejada la pérdida de privilegios. Así que fueron los nobles y el clero quienes orillaron al rey a convocar a los Estados Generales, pues sólo ellos podían modificar los privilegios feudales que disfrutaban. Los Estados Generales representaban a todos los franceses, y lo hacían por estamentos, cada uno de ellos con un voto: el pueblo llano (sector productivo sin privilegios), la nobleza y el clero (sectores improductivos privilegiados). Los nobles y el clero estarían aliados y no votarían la pérdida de privilegios ni impuestos que gravasen sus tierras. Así que el pueblo llano, con un solo voto, jamás podría superarlos. En el verano de 1788 los Estados Generales fueron convocados para que se reunieran pocos meses después, en 1789.

La nobleza y el clero celebraron la convocatoria de los Estados Generales como una gran victoria. Con ello quedaba demostrado que eran más fuertes que el rey, y que en la reunión de dichos Estados impondrían sus condiciones y saldrían más fortalecidos. Pero reunidos los Estados Generales todo salió de control. Y ya sabemos la historia. Las palabras de Turgot se hicieron realidad.

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De haber aceptado solidariamente nobleza y clero pagar impuestos y perder algunos de sus privilegios, la Revolución Francesa se hubiera quizá retrasado y quizá habría sido mucho menos violenta. Pero la mezquindad y frivolidad de los estamentos privilegiados hizo que les saliera el tiro por la culata. ¿Qué tanto? Muchísimo.

Y aquí es aplicable la alegoría de “la revolución devorando a sus propios hijos”. Si entendemos la Revolución Francesa en sentido lato e incluimos las guerras napoleónicas (que fueron la exportación de los ideales revolucionarios), las bajas civiles y militares son inmensas. El historiador británico, Niall Ferguson (Civilization, 2012), apoyado en varios estudios, señala que cerca de 3.5 millones de personas perdieron la vida en las guerras de Francia en Europa entre 1792 y 1815. A estas cifras habría que agregar las personas que murieron en Francia a causa de la represión interna y el terror: 17 mil franceses ejecutados después de proceso; entre 20 mil y 40 mil franceses fueron a la guillotina sin un debido proceso; de 80 mil a 300 mil franceses perdieron la vida en la rebelión realista de La Vendée.

No es de extrañar que la letra de La marsellesa sea un canto sediento de sangre:

Contra nosotros se alza el sangriento estandarte de la tiranía!
¿Escucháis en los campos el estruendo de estos feroces soldados?
Vienen hacia nosotros a degollar las gargantas de nuestros hijos y esposas!
¡A las armas, ciudadanos! ¡Formad batallones! ¡Marchad, marchad!
¡Que la sangre impura [de estos asesinos] corra por los surcos!
¡No perdonéis a estos déspotas sangrientos!

En efecto, eso fue exactamente lo que sucedió. Y sucedió por la mezquindad y la falta de solidaridad de los sectores privilegiados. Es una historia que nadie debería olvidar.

Venus Rey Jr.
Venus Rey Jr.

Compositor de música sinfónica, escritor, ensayista y académico. Licenciado en Derecho por la Universidad Iberoamericana y Maestro en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Su obra musical ha sido presentada en Estados Unidos, Rusia, Alemania, Reino Unido, Italia, Polonia, Ucrania, Austria, Argentina, Perú y México. Ha grabado diez discos de sus composiciones y publicado dos libros de narrativa, tres volúmenes de poesía y diversos ensayos jurídicos y filosóficos en revistas especializadas de la Universidad Iberoamericana, el ITAM y la Universidad Anáhuac. Es colaborador de Grupo Fórmula. Escribe en el diario El Economista y en las plataformas digitales de los periodistas Eduardo Ruiz Healy y Julio Hernández “Astillero”.

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