A lo que le temen es al liberalismo popular. Sobre el liberalismo de Andrés Manuel (2)

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AMLO y Lenín Moreno
Andrés Manuel López Obrador y el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, en el Palacio de Carondelet el 3 de agosto de 2017.

Federico Anaya-Gallardo

Una semana después de que Krauze había publicado sus poco liberales “anatemas” contra López Obrador, Emir Sader publicó “El liberalismo oligárquico latinoamericano” (La Jornada, 23 de febrero). Sader es un politólogo brasileño nacido en 1943, y señala la relación del liberalismo con la organización económica y la estructura de la sociedad en Latinoamérica. El brasileño afirmó que el liberalismo no tiene que ver con un discurso de libertades como el que dice defender Krauze. Nos recuerda que en Europa, hace 200 años, el liberalismo “fue la ideología de la burguesía ascendiente en la lucha en contra del feudalismo” y que sus supuestos defensores de hoy “transfieren mecánicamente el rol del liberalismo en Europa para América Latina”.

Para Sader, esa transferencia es falsa, pues está demostrado que en Nuestra América “el liberalismo fue la ideología de los modelos primario exportadores, es decir, de la derecha oligárquica”. Cierto : Los liberales latinoamericanos del XIX creían en el libre comercio, pero no en la libertad de los peones campesinos. En este sentido, y visto desde el año 2018, ese liberalismo aparece muy conservador –es decir, de derechas. En este sentido la mayor parte de los liberales latinoamericanos nunca fueron de izquierdas y mucho menos populares. El brasileño tiene razón y con su aporte nos muestra el juego de espejos al que nos induce Krauze. Este, que se llama a ofensa porque López Obrador le califica de conservador revira señalando que los conservadores alientan “la intervención económica del Estado y el proteccionismo”. Sader tercia para aclararnos que esas posiciones pro-Estado son las de las derechas nacionalistas europeas del siglo XX.

El brasileño nos muestra algo que ocultaba el fuego de artificio del debate sobre liberales y conservadores: aparte de esta oposición hay otra, entre izquierdas y derechas. Y podría haber combinaciones entre estas dos oposiciones.

Para ejemplificar, pongo dos ejemplos emblemáticos del México del siglo XIX : Joaquín Miguel Gutiérrez, el padre liberal del Chiapas mexicano en 1824, es el rico heredero de una familia de finqueros dedicados a producir y comerciar grana cochinilla y añil. La familia de la mujer de Juárez, Margarita Maza, en Oaxaca, se dedicaba al comercio internacional de la grana. Ambos casos se ajustan al modelo de liberalismo exportador de materias primas de Sader. ¿Debemos concluir que Gutiérrez y Juárez son representantes de la derecha oligárquica? No. Como siempre, las cosas son más complejas de lo que aparentan. El cultivo de la grana requiere la existencia de grandes superficies dedicadas al nopal en cuyas pencas anida el insecto o “cochinilla”. En la época virreinal eran las comunidades indígenas las que hacían esto. Mientras más organizadas –como en Oaxaca– mejores condiciones obtenían de los comerciantes que reunían la cosecha y la colocaban en el extranjero (la familia Maza). Mientras más desorganizadas las comunidades –como en Chiapas– peores condiciones de comercialización. Los Gutiérrez de Tuxtla denunciaban que los productores indios de su intendencia debían trasladarse al vecino Tabasco sólo para conseguir el dinero de los fletes. (Sobre esto, sigo a Sergio Nicolás Gutiérrez Cruz de la Unicach : “De la intendencia de Ciudad Real al estado federal chiapaneco, 1786-1835”, 2013.) La familia política de Juárez representaba intereses del comercio exportador, sí. Pero este comercio incluía como socios-productores a colectivos indios con relativa autonomía. Los Gutiérrez, al hacer sus propuestas para mejorar el comercio de grana chiapaneca, tenían como ejemplo el arreglo oaxaqueño. Es decir, tenemos a liberales comprometidos simultáneamente con el modelo de exportación primario pero con articulaciones regionales de carácter colectivo. Esto ayuda a explicar por qué tanto Joaquín Miguel Gutiérrez como los Juárez Maza eran identificados como populares en sus estados.

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Sader también falla en su esquema porque su retrato no cuadra exactamente para el México de la Guerra contra la Intervención Francesa –durante la que el juarismo mexicano se “popularizó” en un sentido más radical. Al final de la guerra contra conservadores/monárquicos e invasores, en muy rural Estado de Guerrero se difundió una canción llamada Gusto Federal en la que se cantaba:

Carlota y Maximiliano vinieron a estos lugares (bis)
formaron bastantes tropas de bélgicas y austriales.
Pero, ¿cuál fue su derrota?
El indio Benito Juárez.

Cuando el gran Benito Juárez
sentenció a Maximiliano
el cielo cubrió de gloria
este suelo mexicano
donde se rinde tributo al poder republicano.

Viva Dios en sus altares
y también el águila real
mi intención es demostrar
viva don Benito Juárez
que viva la libertad.

Sader tiene razón cuando dice que el Estado es importante en Latinoamérica como defensa del pueblo frente a la opresión tanto interna como externa. Por eso los cantantes de sonecitos de finales del siglo XIX mexicano enaltecían simultáneamente al “indio Juárez”, al “poder republicano”, a “Dios en sus altares” y … a la libertad.

Me parece que este proceso de inserción popular del liberalismo mexicano decimonónico no se dio en otros países de Nuestra América. De hecho, es una de las semillas de los radicalismos mexicanos que florecerían a principios del siglo XX en nuestra revolución. Es decir, el liberalismo puede ser de izquierda y aparte, puede ser popular. Esta última conexión se encuentra al centro del liberalismo juarista que proclama López Obrador y nos explica por qué el candidato de Morena causa horror a gente como JSH-III y Krauze. No le temen al Estado. Le temen al pueblo organizado.

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