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¿2025: Buen año o mal año para la Presidenta? ¿Quo vadis Claudia? Autor: José Reyes Doria

Foto: Mario Jasso / Cuartoscuro.com

José Reyes Doria | @jos_redo

UN BUEN AÑO, CONTRACORRIENTE

1.- No se cumplieron los pronósticos de una Presidenta acosada por el ex presidente López Obrador. Si bien AMLO dejó sembrados personajes afines en medio gabinete, en el Congreso y en el partido, lo que se observó en este 2025 es el paulatino avance de una gestión gubernamental que puede empezar a caracterizarse como claudista.

2.- En la estrategia de seguridad pública se resalta más el contraste con el obradorato. La reorganización de la política de seguridad en torno a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, a la cual se le asignaron atribuciones sustanciales, es un factor que resta influencia a las fuerzas armadas en este delicado ámbito. Sobre todo, es una política que incorpora acciones de persecución del crimen organizado, así como operativos que han reducido importantes índices delictivos. Estas acciones eran un reclamo social creciente y también una exigencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Como sea, ello ha generado a la Presidenta un margen de maniobra vital para desplegar el poder presidencial.

3.- La política social cada vez adquiere más rasgos claudistas, con programas masivos millonarios como la beca Rita Cetina, que tienen el toque de la Presidenta. Más allá de la sostenibilidad a largo plazo de esta política social, en términos del balance político del 2025, lo relevante es que la Presidenta avanza en la apropiación del conjunto de programas sociales universales que generan respaldo y adhesión de millones de personas. En el tema de la economía, el Plan México también marca una diferenciación de la política cerrada de AMLO, pues otorga la importancia debida al objetivo del crecimiento económico y la inversión privada.

4.- La irrupción de Trump puso a temblar a medio mundo. Con México, el presidente de EEUU ha sido particularmente agresivo. Impuso una buena cantidad de aranceles que afectan la economía, afirma que México está dominado por los carteles del narcotráfico, amenazando con intervenir directamente con fuerzas militares. Trump también profundizó la satanización y persecución de nuestros paisanos en Estados Unidos. En este escenario la Presidenta ha mostrado un manejo eficaz de la situación, donde no evitó los golpes, pero impido la escalada de insolencias trumpistas, lo que le ganó el reconocimiento dentro y fuerza del país.

5.- En el juego de fuerzas interno, la Presidenta encontró resistencias en diversos grupos de poder del régimen. En el Congreso se han frenado o modificado significativamente reformas relevantes de la Presidenta, como la relativa a erradicar el nepotismo en candidaturas; recordemos que la mayoría del régimen en las cámaras legislativas impusieron que entre en vigor hasta 2030, no en 2027 como quería Claudia Sheinbaum. Es probable que ese desafío interno se consume con las candidaturas a las gubernaturas de Zacatecas, Guerrero, San Luis Potosí, donde los abanderados serán familiares directos de los gobernadores salientes.

6.- El incidente donde notables líderes del régimen le dieron la espalda a la Presidenta en un acto masivo en el Zócalo, fue la expresión de que los equilibrios internos en el bloque gobernante son precarios e inestables. Sin embargo, en los meses posteriores a ese desplante se ha conocido información sobre comportamientos y probables vínculos impresentables de esos personajes que los han acotado de forma notable. No sabemos si esa información fluyó desde o con la venia de Palacio, pero tuvo el efecto de debilitar a los adversarios internos y reposicionar a la Presidenta y su grupo.

7.- El tema de la inseguridad es una losa gigantesca que difícilmente se va a resolver en este sexenio si no se lanza una política integral, que incluya recursos presupuestales suficientes y una determinación de combate a la corrupción y las complicidades. Por ello, cuando ocurren crímenes como el asesinato de Carlos Manzo, el alcalde de Uruapan, Michoacán, se convierten en misiles que golpean fuertemente al corazón de la estrategia de seguridad del régimen, y resta importantes dosis de legitimidad.

8.- Los señalamientos en el sentido de que los cárteles de la droga, y en general la delincuencia organizada, condicionan al gobierno, o incluso que tienen el control en grandes porciones del territorio, son cada vez más fuertes, sobre todo porque se impulsan desde Estados Unidos.

9.- Más grave aún, es el señalamiento de que existen complicidades entre altos liderazgos de la clase política y el gobierno con la delincuencia organizada. También es desde EEUU, de donde vienen con más fuerza estos señalamientos. Estas acusaciones se envuelven en un marco de corrupción que, inevitablemente, exigen a la Presidenta un compromiso contra la impunidad.

10.- El 2025, en conclusión, arroja un balance positivo para la Presidenta. Ha ganado espacios de poder real sin generar fracturas o confrontaciones internas de consideración. Le ha costado trabajo y mucha paciencia, pero cada vez utiliza con más olfato y sentido los amplios poderes depositados en la investidura presidencial. No es un dato menor el hecho de que el ex presidente AMLO anunciara que no va a hacer un recorrido nacional para presentar su libro en las plazas públicas del país. Esa idea fue interpretada por propios y extraños, como un desplante inaceptable para la autoridad política de la Presidenta. Pero tiene que tomar decisiones determinantes en los próximos años para consolidar las bases de poder de su gobierno.

¿QUO VADIS CLAUDIA?

Pero, ¿a dónde va Claudia Sheinbaum? Esta pregunta implica una cuestión más profunda: ¿hacia dónde va el régimen de la llamada Cuarta Transformación?

La disputa por el poder interno, como dijimos, tiene que resolverse sin poner en riesgo las condiciones de dominación tan potentes que existen. En términos políticos, en este primer año de gobierno de Sheinbaum se ha observado una tendencia a la centralización y concentración del poder en el Ejecutivo federal: eliminación de órganos autónomos, mayor control sobre el Poder Judicial, la FGR y el INE, mayoría calificada en el Congreso, implantación avasallante de Morena en todo el país, centralización de funciones reguladoras en materia de transparencia, telecomunicaciones, energía, etcétera.

Pero el análisis quedaría muy corto si arrojara como principal conclusión que el objetivo único y fundamental de la 4T es concentrar el poder. Un buen número de comentócratas tradicionales así lo afirman, rasgadura de investiduras incluido. El otro extremo, el del entusiasmo propagandista, tampoco es útil para entender dónde estamos parados políticamente. Algunos comentócratas, aparentemente no alineados al régimen, comparan la movilización masiva por los siete años de la transformación encabezada por la Presidenta en el Zócalo, con la irrupción estelar del Pueblo durante la Revolución Francesa. Todo exceso es mucho.

Es claro que existe tal proceso de concentración intensa del poder, sin embargo, todos los movimientos convertidos en regímenes políticos tienen, o deben tener, objetivos estratégicos de transformación y consolidación que los legitimen históricamente, más allá del mero acaparamiento del poder.

Conocemos algunos postulados de la 4T, como la reivindicación de los pobres, la austeridad republicana, el fortalecimiento del salario frente al capital, la honestidad, etcétera. Pero solo en el tema del fortalecimiento del salario y la transferencia de recursos a las familias más pobres se observan logros medibles.

La Presidenta, como cabeza formal y política (o como decían los clásicos: constitucional y metaconstitucional) debe plantearse cómo utilizar todo ese poder concentrado, centralizado y acumulado. Está dándole forma a una segunda fase del proyecto iniciado por AMLO. Sean los que sean los ejes de ese proyecto, deben incluirse temas cruciales como el combate frontal, sistémico, a la corrupción y las complicidades, sobre todo las que implican a miembros conspicuos del régimen. En materia de derechos sociales, también debe impulsarse un avance estructural profundo, sobre todo en el acceso a los servicios educativos y de salud.

Es cierto también que la Presidenta tiene el desafío de hacer funcional ese gran poder, evitar fracturas e inestabilidad. En este punto, tal vez debería plantearse un cambio en su política de comunicación, menos confrontativa, más conciliadora, valorando la posibilidad de dejar atrás el esquema obradorista de las mañaneras.

Pero el reto mayor es avanzar en la expectativa de erradicar las grandes complicidades entre la delincuencia y la política, entre los empresarios y el poder, entre el gobierno y la corrupción. Avanzar significativamente en la democratización, y transferir poder real a la sociedad, o al pueblo si así se le quiere denominar. No solo apoyos monetarios, que son bienvenidos, sino mecanismos de participación efectivos.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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