Poner delante un espejo. Autora: Pilar Torres Anguiano

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Explosión de fe mística. Obra de Salvador Dalí, que sólo puede apreciarse reflejada en un espejo.

Para los maestros, quienes se encargan de ponernos delante un espejo.

In Ixtli, in yólotl.
(Rostro y corazón)

¿Qué edad tenían cuando se enteraron de que la creencia de romper un espejo trae siete años de mala suerte no es una superstición de la perrada (saludos a Brozo), sino una anécdota de la historia? Yo lo supe a los 17, gracias a una maestra que hacía todo lo que estaba a su alcance para mantener nuestra atención en clase:

Hoy los encontramos a 3 pesos, afuera del metro, pero en Venecia del siglo XV, los grandes espejos –vidrio con una lámina de plata– eran objetos de lujo que sólo se encontraban en los palacios. Cuando alguno de los sirvientes rompía uno, debía trabajar durante siete años para pagar el costo. Si eso no es mala suerte, no sé qué será.

Un espejo es una superficie de cristal, cubierta en su cara posterior por una capa de mercurio o por una plancha de metal, en la que se reflejan la luz y las imágenes de los objetos que hay delante. No se sabe cuándo apareció este objeto en nuestra vida, pero seguramente va de la mano con el concepto de identidad. Su simbolismo es imprescindible en la historia de la cultura. 

El espejo está presente en mitos y leyendas –desde Narciso y Medusa hasta Harry Potter y Black Mirror, pasando por Blanca Nieves y Alicia la de Lewis Carol–. En ocasiones es un objeto mágico capaz de reflejar sólo la verdad. Está relacionado con el agua, con la luna, con la plata y la luminosidad. El cristal que compone al espejo no se ve, pero permite ver través de sí. Es transparente e intermediario entre lo que se puede ver y lo que no; lo cual es poético.

Así, un espejo está relacionado con la imaginación, la fantasía, la luna, la plata, el agua, y la naturaleza. También es base simbólica de sabiduría. Es fundamental para la identidad. Es el reflejo del alma, no sólo de la apariencia (me parece oportuno recordar que los vampiros no tienen alma que se refleje en los espejos).

En este mismo espacio, hace algunos días comentaba que, cuando alguien nos cae mal, es porque vemos en esa persona algo que nos desagrada de alguien más. Tal vez ese alguien más es el que nos ve fijamente en el espejo del baño cuando nos lavamos los dientes. La ley del espejo de J. Lacan, se refleja cuando afirmamos conocer muy bien a otras personas y en realidad lo que hacemos es proyectar sobre ellas nuestra propia realidad. Cuando se da esto, probablemente anteponemos nuestra visión proyectada de nosotros mismos sobre la imagen física de dicha persona captada por nuestros sentidos. Así de importante es el simbolismo del espejo.

La configuración de la identidad personal es un fenómeno muy complejo en el que intervienen muy diversos factores, desde su ser personal con la dignidad e irrepetibilidad que eso implica y sus predisposiciones individuales, hasta la adquisición de diversas capacidades, roles y creencias culturales que surgen en el proceso de socialización y educación. “¿Qué nunca te has visto en un espejo?” Creo que todos hemos usado alguna vez esta frase, para intentar hacer que alguien entre en razón.

La personalidad supone un proceso dinámico, ya que, a lo largo de la vida, los elementos que la configuran pueden ir modificándose, aunque muchas veces nos damos cuenta hasta que ya cambiamos. Para percatarse de ello es necesario aprender a mirarse detenidamente al espejo para descubrir dónde están nuestro rostro y corazón.  

Rostro y corazón son la piedra angular de la concepción náhuatl de persona y –por ende– el punto clave del concepto de educación. La naturaleza humana está dada, pero no determinada, de manera que cada persona debe aprender a ver lo que ya es. Y para que lo vea, está el Temachtiani (maestro). Estos son sus atributos:

Maestro de la verdad,
no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar una cara,
los hace desarrollarla
les abre los oídos, los ilumina.

Es maestro de guías,
les da su camino,
de él uno depende.

Pone un espejo delante de los rostros,
los hace cuerdos y cuidadosos,
hace que en ellos aparezca un rostro…

Gracias a él, la gente humaniza su querer,
y recibe una estricta enseñanza.
hace fuertes los corazones,
conforta a la gente,
ayuda, remedia, a todos atiende.

@vasconceliana

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