¿Nava vive? Autor: Federico Anaya Gallardo

Así reza la primera parte de una consigna popular: Nava vive, la lucha sigue. Las y los potosinos reconocen fácilmente este grito de batalla y rememoran una biografía admirable –de esas que al oírse pareciera que relatan aventuras imposibles, vividas por personas fuera de lo común. Pero lo realmente admirable es que la saga navista es –en toda su luz y toda su sombra– la demostración del poder de la gente común. Por ello es que en 1991, el navismo escogió el Coro de los esclavos judíos de la ópera Nabucco de Verdi como su himno. (En la Liga 1 puedes oírlo.) Me parece importante analizar cómo, al oponerse al enésimo fraude electoral priísta, la ciudadanía potosina se volvió Pueblo Soberano cantando “¡Vuela, pensamiento, con alas doradas!” Para ello te propongo, lectora, ver primero quién era Nava.

Salvador Nava Martínez era hijo de Manuel Nava Díaz de León, hijo benjamín de Fortunato Nava Bravo –un destacado potosino que, en febrero de 1867, pronunció en la ciudad de San Luis de la Patria uno de los discursos dando la bienvenida al presidente Juárez en su camino a México adonde restauraría la República. Ese Fortunato fue muy activo en la política potosina, según nos reporta El Siglo Diecinueve del gran Zarco el 19 de enero de 1868, en la página 3: Acusado de haber colaborado con los imperiales, Fortunato aclaró a sus compañeros liberales de México que el prefecto imperial en la capital potosina había decidido que todos aquellos que habían servido en el gobierno liberal antes de la ocupación extranjera debían firmar un juramento de que no tomarían las armas contra el imperio, so pena de ser desterrados fuera de la ciudad. El prefecto les dio tres días. Como el ciudadano Fortunato no podía dejar a su familia de siete hijos en el desamparo, y había sido varias veces secretario de gobierno, se presentó. Trató de firmar un texto en el que se aclarase que se firmaba obligado y no voluntariamente, pero no lo dejaron. (Liga 2, a la página de la Hemeroteca Nacional.)

El ciudadano Fortunato era abogado y hombre de prensa. Entre 1879 y 1883 dirigió La Unión Democrática (así se llamaba el periódico oficial del Estado). Eran los días en que los tuxtepecos aún eran radicales y no se habían vuelto “porfirianos”… Por ejemplo, en el ejemplar del 30 de diciembre de 1880, La Unión Democrática publicó la Ley de Egresos que regiría en 1881. En su artículo 6 (página 4 del periódico) se ordenaba: “A todos los sueldos, gratificaciones ú honorarios que conforme á esta ley … disfruten los funcionarios y empleados del ramo civil, de ciento cincuenta pesos en adelante, así como á los gastos de cualquier cuantía detallados para las oficinas, se les hará un descuento de 5 pesos que quedará á beneficio del Erario para ayuda de cubrir el deficiente del año que finaliza”. (Liga 3.) Austeridad republicana y corte de gastos en oficinas, avant la lettre (o más bien, en lettre originale).

Ese era el abuelo del Buen Doctor Nava. Es decir, que el ciudadano Salvador era parte de las familias que tradicionalmente se habían ocupado de la cosa pública en el Estado potosino. Salvador tenía lo que Weber llamaba legitimidad tradicional. Por ello, cuando él y su hermano Manuel empezaron a destacar en la política de la ciudad capital, todos los sectores sociales les mostraron automática deferencia y respeto.

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Ahora bien, hace veinte siglos, el gran líder del partido popular romano, Cayo Mario, en la elección consular del año 107 aC, dijo a sus conciudadanos: “No adornan mi casa las estatuas de mis mayores y es reciente mi nobleza: ésta es mejor adquirírsela uno por sí mismo que corromper la que se ha heredado”. (Imagines non habeo et quia mihi nova nobilitas est, quam certe peperisse melius est quam acceptam corrupisse, en Salustio, Guerra de Yugurta, párrafo 85.) Los hechos de nuestros ancestros no bastan. Los doctores Manuel y Salvador Nava Martínez debieron construir ellos mismos su prestigio con obras propias. Manuel, siendo rector de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, se enfrentó a los fraccionadores inmobiliarios y abrió una Facultad de Humanidades para espanto del cacique Gonzalo N. Santos. (Un nieto suyo, Jaime Nava Noriega, reportero, nos debe una tesis sobre esa saga.)

Por su parte, Salvador se forjó haciendo política democrática, al principio dentro del PRI y luego como candidato de un Frente Cívico que se opuso exitosamente al cacicazgo santista. Ganó la presidencia municipal de la capital potosina en 1958, en una primavera propiciada por la crítica de López Mateos al cacique de Tampamolón. Su ayuntamiento es recordado por su sencillez y honestidad, una especie de “momento Camelot” potosino. Luego Nava optó por ser un candidato independiente en la elección de gobernador de 1961. El régimen priísta le había ofrecido una de las senadurías potosinas, pero el Buen Doctor declinó la transa implícita en este arreglo. La experiencia terminó a balazos, con el Ejército ocupando la ciudad y con el ciudadano Salvador detenido en el Campo Militar número 1.

Esos fueron los hechos propios de Salvador Nava Martínez. Esa es su nobleza forjada por él mismo y no heredada del ancestro ilustre. Salvador adquirió así lo que Weber llamaba legitimidad carismática.

El primer navismo (1950-1961) floreció y fue cortado por la represión. Eventualmente, bajo el liderazgo de Antonio Rocha Cordero (gobernador entre 1967-1973) el priísmo potosino cooptó cuadros, robó banderas, imitó ideas y trató de construir la decencia política que los hermanos Nava Martínez habían encarnado heroicamente. Sobre esto, te recomiendo leer el ensayo de Javier Padrón Moncada, Los Bombazos de 1975 en SLP: Terrorismo de Estado (el Rochismo y la Guerra Sucia), de 2005. (Liga 4.) Nos dice Padrón que el gobernador Rocha “rápido se echó a la bolsa al navismo y clases altas, les compartió el poder e hizo lo posible por desaparecer las esquirlas del santismo …. Una ‘máxima’ que se le atribuye … y lo retrata con fidelidad, es la de que ‘basta ponerse de acuerdo con unas cuantas familias para gobernar a todos los potosinos’… La inclusión en los patronatos, la entrega de notarías y cargos públicos a opositores y empresarios, fue una estrategia política de Rocha que luego sería adoptada por otros gobernadores con el mismo propósito de ‘reconciliación’ y ‘reconocimiento’ de la diversidad.”

Pero, eventualmente el viejo modo caciquil de hacer política regresó con Carlos Jonguitud Barrios (gobernador 1979-1985). Y sólo entonces el Buen Doctor regresó a la política. Ganó de nueva cuenta el ayuntamiento de la capital potosina (1982-1985) desde donde exigió que las promesas delamadridistas de fortalecimiento municipal fuesen cumplidas y los ayuntamientos fuesen verdaderamente libres. Desde allí, Nava Martínez proyectó, una nueva candidatura independiente a la gubernatura (1991).

Importa hacer sentido de la evolución del navismo entre 1961 y 1982. Padrón Moncada nos presenta el acercamiento del rochismo y el navismo como un pacto de élites que excluyó a las nuevas izquierdas post-1965 (estudiantil, magisterial y campesina). Esto es sin duda cierto. Pero también era un arreglo razonable para integrar a un movimiento de clases medias urbanas con educación universitaria de excelencia dentro de la gobernanza priísta. Esta experiencia no debe olvidarse si deseamos entender lo que ha ocurrido en el Estado potosino últimamente.

Fue bajo el rochismo que el navismo experimentó por vez primera con mecanismos de participación ciudadana en funciones públicas. Por ejemplo, creando patronatos en instituciones públicas claves, como hospitales o asilos. Hoy, esos espacios de “gobernanza” nos parecen primitivísimos. Entre 1982 y 1992, el navismo complejizó su postura en la materia. De su seno nacieron proyectos como la ciudadanización de los órganos electorales, los proyectos de coinversión social y los espacios de participación ciudadana en la administración municipal. Cuando, en 1992, Samuel Ruiz García requirió demostrar al todavía clandestino EZLN que existían opciones democráticas y ciudadanas de organización, el Buen Doctor le apoyó para formar el Movimiento Ciudadano por la Democracia (MCD). En estas circunstancias, Nava y el segundo navismo adquirieron lo que Weber llamaba legitimidad racional-normativa.

La confluencia de las legitimidades tradicional, carismática y racional-normativa explica la fortaleza del movimiento de 1991. Esto explica por qué las y los navistas cantaban a Verdi “¡Vuela, pensamiento, con alas doradas!” Lo tenían todo para gobernar su Estado con dignidad y justicia.

Paradójicamente, ese gusto verdiano del navismo también ha resultado una profecía de su actual debacle. Has de saber, lectora, que ese himno de los esclavos judíos se ubica aún en Babilonia, adonde los israelitas aún están exilados. Verdi estrenó su Nabucco en 1842, treinta años antes de la final liberación de los italianos del yugo extranjero. Por eso el himno habla de un pensamiento que vuela para ver desde lejos la aún lejana tierra natal. No es canto triunfal, sino de suprema melancolía. Los últimos versos le dicen al pensamiento volador: “Canta un aire de crudo lamento / o que te inspire el Señor una melodía / que infunda valor a nuestro padecimiento”. El Buen Doctor nunca gobernó su Estado. Murió en 1993. Nada ni nadie lo ha sustituido.

Ligas usadas en este texto:

Liga 1:
https://www.youtube.com/watch?v=QCAw14sTzto

Liga 2:
http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558a3e187d1ed64f17169aa9?intPagina=3&tipo=pagina&anio=1868&mes=01&dia=19&butIr=Ir

Liga 3:
http://www.hndm.unam.mx/consulta/publicacion/visualizar/558075be7d1e63c9fea1a3c9?intPagina=4&tipo=publicacion&anio=1880&mes=12&dia=30&butIr=Ir

Liga 4:
http://webcache.googleusercontent.com/search?q=cache:ZNtyhc0qI5IJ:www.cedema.org/uploads/slp.pdf+&cd=6&hl=es-419&ct=clnk&gl=mx

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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