Los países más expuestos a las variables externas son los que más crisis tendrán. Autor: Arturo Huerta González

La OECD en su último reporte económico ha señalado que España será el país industrializado que más caerá este año, con una tasa de -14.4%, seguido por Francia (-14.1%) e Italia (-14%), debido a la importancia que el turismo y la hostelería tienen en sus economías. Igual situación le acontecerá a México, en relación al resto de los países latinoamericanos. La economía nacional ha venido dependiendo del comportamiento de las exportaciones, del turismo, de las remesas, como de la entrada de capitales, las cuales se han desplomado con la crisis del Covid-19. El país no cuenta con condiciones productivas internas, ni manejo de política monetaria, fiscal, crediticia, comercial, para contrarrestar tal situación. Mientras los países industrializados están trabajando con tasas de interés cercanas a cero y están aumentando sus gastos públicos deficitarios para frenar la caída de la actividad económica y el desempleo, en México se mantienen altas tasas de interés y la austeridad fiscal, que contraen más la demanda interna y la actividad económica. Es decir, no hay política encaminada a impulsar el mercado interno, para contrarrestar el impacto negativo que están ocasionando las variables externas y para disminuir la vulnerabilidad en que hemos estado y que nos ha llevado a la crisis.

Los megaproyectos que impulsa el gobierno, como el Tren Maya y el Tren del Istmo, siguen apostando al turismo internacional, como a las exportaciones de maquiladoras, respectivamente, sin darse cuenta que no existen condiciones de que ello vuelva a crecer como antes de la crisis. El alto desempleo mundial bajará los salarios y el ingreso de los trabajadores y sus familias, por lo que no se levantará el turismo. Igual acontecerá con las exportaciones, las cuales no crecerán por la contracción económica y del comercio mundial.

La crisis del Covid-19 es consecuencia de la globalización y de las políticas que le acompañan, por lo que para salir de ella se tendrá que replantear todo este proceso y sus políticas económicas. Muchos países instrumentarán políticas proteccionistas para asegurar el abasto de sus insumos, como para proteger y preservar su planta productiva y el empleo, por lo que más caerán las exportaciones. México tiene que repensar la estrategia de crecimiento que ha predominado, que nos ha llevado a depender del comportamiento de las variables externas, las cuales no hay configurado un crecimiento sostenido, ni empleos bien remunerados y sí crisis recurrentes, cada vez más profundas.

Mientras más se tarden los tomadores de decisiones en darse cuenta de la gravedad de la problemática que enfrentamos y de que no es posible seguir apostando a más de lo mismo, (es decir, al crecimiento de exportaciones, a la austeridad fiscal, alta tasa de interés, libre movilidad de mercancías y capitales, desregulación del sector bancario-financiero), para que modifiquen dichas políticas, menos creceremos y más aumentará el desempleo, la miseria y la delincuencia.

La salida de la crisis pasa por fortalecer la esfera productiva, como la generación de empleo y el mercado interno, así como por reducir las presiones sobre el sector externo y los requerimientos de entrada de capitales.

No será fácil que se retome la dinámica de inversión, que de hecho, desde antes de la crisis, no venía creciendo, y menos crecerá ante la incertidumbre existente respecto a la economía mundial y las recomposiciones que se darán, a lo que se le suma la falta de política económica interna que apoye la inversión.

La política monetaria, cambiaria, fiscal, crediticia y comercial, deben encaminarse a generar condiciones de rentabilidad a favor de la industria y la agricultura, para asegurar los flujos de inversión para producir internamente gran parte de los bienes importados.

Hay que recordar que la salida de la crisis del modelo primario exportador, que se dio como consecuencia de la Gran Depresión de 1929-1933, fue porque pasó a instrumentarse la estrategia de crecimiento hacia dentro, a través de la sustitución de importaciones, para disminuir nuestra vulnerabilidad externa y todo ello comandado por más Estado y menos mercado. Ello configuró condiciones de crecimiento desde fines de los años treinta hasta 1981 de alrededor del 6% promedio anual. tanto en países desarrollados, como en los países latinoamericanos. Con la globalización, que empieza a predominar desde los años ochenta, el crecimiento pasó a ser un tercio del crecimiento previo, con crisis frecuentes. La crisis actual cuestiona las políticas que la han originado, por lo que tenemos que encaminarnos a impulsar políticas que configuren bases reales para un crecimiento sostenido, menos vulnerable al exterior y sobre todo más equitativo e incluyente. No se trata de volver a pasado, pero hay que ir a la historia para traer lecciones al presente.

ahuerta@unam.mx
Profesor del Posgrado de la Facultad de Economía de la UNAM desde 1975.

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