La vuelta al mundo en 100 días. Autora: Adriana Moles

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Llega AMLO a sus 100 días con 78 por ciento de aceptación en encuestas confiables e incluso hechas por sus detractores. No hay duda, AMLO es el líder más carismático del planeta.

Se siente bien saberlo para los miles, millones de personas que votaron por él, pero sobre todo a las bases morenistas, sí, esas que por su incansable labor, provocaron el apelativo de “ternuritas” a quienes sin un trabajo de masas articulado, hoy se lanzan a autonombrarse “contrapeso político” frente a un movimiento que lleva años fraguándose desde la base.

A esos que han marchado, que se han organizado, que han creado comités ciudadanos, trabajo político, cultural y participativo: felicidades por estos 100 días.

Y ahí va este barco a todo vapor. El capitán sale cada mañana y marca el rumbo del timón, resuelve las preguntas que flotan, da la cara por aquello que no va muy bien. Y yo no sé si de verdad es una transformación o no, pero sí da la impresión de que andamos ya por aguas nuevas. Eso da miedo.

Viajamos en el mismo barco los fifís y los chairos. Ni modo. Muchos no se sienten cómodos pues el capitán ha ordenado medidas que no se estilaban. Algunos piensan saltar del barco, sueñan con ir en un crucero, pero vamos en un barco modelo austero al que cada día le descubre el capitán diferentes desperfectos. Así que vamos a tener que remar todos juntos o se hunde. Nos guste o no. No falta el ex capitán, un pirata usurpador que sentado en su cofre del tesoro profiere todo género de insultos y señalamientos mientras se aferra al porrón y planea con unas cuantas ratas muy atentas cómo tomar el barco. Ternurita.

Un polizonte que acabó en ese barco queriendo haber subido a otro, observa. Se da cuenta de que viene una tormenta, nubes muy negras. Pero las encuestas suben. El Capitán va por el 100 por ciento de aceptación. Parece ser su única preocupación. Todas las mañanas se dirige a la tripulación desde la proa. Es un capitán que adora los aplausos de sus marineros.

Un momento. Esto no es un cuento de marineros. Es un país, son muchos pueblos. Y las encuestas son algo tan extraño en la experiencia de lucha. ¿No son esas mismas encuestas las que le dieron un día el triunfo a Felipe Calderón?

Recuerdo un texto zapatista en la que los intelectuales con sus análisis decían que si la realidad no se adaptaba a sus estudios peor para la realidad. Así el país. Si el bienestar no se adapta al índice de aceptación del mandatario pues peor para el bienestar. Es su problema y seguramente es un bienestar fifí o alguna ternurita ocurrente y trasnochada.

Aquí la que escribe cuestiona severamente dos ejes del gobierno de AMLO y según mis cálculos estos ejes son precisamente los que le dan en mi cosmovisión el apelativo de ser un gobierno ULTRANEOLIBERAL Y CAPITALISTA. ¡Ay ojón! Dios de mi vida ¿pero cómo? No puede ser. Pues sí.

  1. Su estrategia laboral. Ya por mí comentada en entregas anteriores. No tiene ni un ápice de parecer una estrategia de izquierda. Ni por asomo. Las reformas neoliberales que Luisita, la secretaria del Trabajo (y su papá por supuesto) impulsa, son fascistas y capitalistas a ultranza. ¿Por qué estarán ahora tan contentos los empresarios? Sus huelguillas locas (las de los Sindicatos de Papá Alcalde) sólo son el acicate para recordar quién tiene el poder, pero no son un mecanismo de defensa de los derechos de los trabajadores. Esta reforma como dije anteriormente fue propuesta por ENRIQUE PEÑA NIETO hecha “por decreto” (imaginen un hombre como EPN que de un plumazo borra una ley –y sus derechos– ganada con la historia y con la sangre, CTM y CROC muy de acuerdo con ese decreto fatal), reforma ahora corregida y aumentada por el Clan Alcalde y de la cual se encuentra muy satisfecho el señor Andrés Manuel quien impulsa en los actos concretos, aunque lo niegue, la Central de Napoleón Gómez Urrutia, mismo que pretende ser el nuevo paladín de las libertades sindicales, pero eso sí, no se refiere con ninguna firmeza a las reformas que habrán de lesionar los derechos de los trabajadores. ¿Cómo se llamó la obra? Reforma laboral neoliberal. Gracias. Y que Marx me desmienta.
  2. El desarrollo de obras como el Tren Maya. De impacto ambiental severo, de raigambre 100 por ciento capitalista. Se prevé un fuerte encontronazo con las comunidades zapatistas. Ya lo dijeron en su comunicado de febrero que cancela el II Encuentro de Mujeres que luchan en zona zapatista porque se organizan contra el “nuevo mal gobierno”. Continúan denunciando la presencia de paramilitares en la zona. “Los mismos del PRI, DEL PAN, DEL VERDE, ahora de MORENA”. El tren no será consultado, será impuesto y reprimidos o asesinados quienes se opongan. Ojalá me equivoque.

Podría señalar muchas otras cosas que me parecen ultraneoliberales pero estas dos me parecen suficientemente ejemplificativas.

En mi paranoia nocturna me pregunto: ¿Y si AMLO fuera el artífice de la implementación del nuevo orden mundial para México? Apoyado por Soros, negociados los ejes de la aplanadora neoliberal en cuanto a las reformas laborales, las obras y megaproyectos extraccionistas y la represión garantizada a los opositores a través de la Guardia Nacional?

No soy machuchona ni soy fifí, lo juro. Pero esto no me gusta. Veo nubes negras y el timón parece ir directamente a ellas. Soy polizonte en este barco equivocado. Yo debiera estar en mi propio barco. Yo tenía un barco. Pero lo perdí.

Adriana Moles @Adrianamoles1
Facilitadora de Procesos de Base
a través del Teatro comunitario.
Jurado Fonca 2018/2019
Fundadora de Zirka Centro de Estudios
del Humor

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