La estrategia de pedir lo imposible. Autor: Ignacio Betancourt

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AMLO en SLP

Bien lo dijo un amigo, a los próximos eventos del presidente electo habrá que ir con los zapatos destrozados y vestidos con los peores harapos, por aquello de que primero los pobres. Para que los medios de incomunicación (sí, incomunicación) no se lancen con todo en contra del presidente electo, para que nadie que se acerque a él sea o pueda parecer “fifí”, pues según los críticos del nuevo funcionario y su equipo, para que resulte coherente con sus dichos la frivolidad debe ser borrada de su itinerario. Pedir lo imposible es una estrategia muy adecuada para tachar de contradictoria a cualquier persona.

Ojo, porque la próxima batalla será contra los empresaurios (sí, empresaurios) de los medios masivos de comunicación, convertidos en portavoces de todos los perdedores del llamado “hueso”, quienes con supuesta imparcialidad atacarán sin piedad todo lo que signifique pérdida de sus propias canonjías, es decir lo que por décadas disfrutaron a costillas de la población, su indignación ante la pérdida del cotidiano robo no tiene límites y para hacer manifiesto su enojo están a su servicio los medios de comunicación, especialmente Televisa y Canal Trece (y otros  nacionales e internacionales), quienes con su impune ingreso a casi todos los hogares mexicanos se hallan en una situación de privilegio para silenciar cualquier logro y especialmente cualquier desliz del Peje y su equipo, lo cual resulta complicado evitar dada la diversidad de sus integrantes. Si los ojetes abundan, raro sería que los mismos no hubieran ingresado ya en la nueva administración.

Por otro lado, no habría que olvidar las experiencias chilenas (o las más recientes brasileñas), y el papel principal que juegan los medios masivos de comunicación en el mantenimiento de las peores características de cualquier poder establecido. Todo aquello que impida la inercia que ha enriquecido a los depredadores, desde hace décadas con las peores vilezas, debe ser satanizado a nombre de las “buenas costumbres” del ciudadano oprimido y aguantador que sobre todo deben predominar en momentos de cambio, especialmente aquellas que suministran a cualquier clase de funcionarios las adecuadas recompensas económicas que consideran merecer eternamente pese a la voracidad de su cotidiano delinquir. Que todo mundo entienda como natural la corrupción y el engaño a las mayorías es algo que resulta inadmisible anular.

El golpe bajo lo instrumentan los medios de comunicación, todos aquellos que durante décadas han estado al servicio de los gobiernos priistas del momento dando relevancia a las infames declaraciones de los oradores en turno e intentando volverlas verosímiles. Qué se puede esperar de un gobierno prianista que concluye con múltiples y gravísimos pendientes sin resolver, por ejemplo, las constantes agresiones a los derechos humanos de los ciudadanos. Luis Raúl González Pérez, presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México, declaró que: “el sexenio se vio marcado por graves violaciones a estas garantías, con casos como Chalchiuapan, Iguala, Tanhuato, Apatzingán, Tlatlaya y Nochixtlán.”

Sumemos a médicos, ferrocarrileros o estudiantes de los años sesenta, y a los cuarenta y tres normalistas desaparecidos del dos mil catorce, y lo que queda de los sexenios priistas y sus cómplices es sólo un cementerio nacional, un reguero de cadáveres por los lugares más insospechados. Sin embargo, aunque el cinismo también tiene límites aún esperaron que las mayorías votaran por ellos el pasado mes de julio. Mala consejera es la costumbre de lo nefasto.

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