La crisis oculta del periodismo en México y por qué necesitamos hablar de ésta. Autora: Verónica Sánchez Medina

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En medio de la crisis mundial de la industria de medios de comunicación dos periódicos que han discutido públicamente sobre el estado de sus finanzas y los retos económicos de la industria están en el camino de ser sustentables: The New York Times y The Guardian. En febrero, The Times informó en su sección sobre medios que habían generado 709 millones de dólares en ganancias en 2018 y que se perfilaban para alcanzar su objetivo de 800 millones en ventas de suscripciones digitales para finales de 2020. En noviembre del año pasado, la editora en jefe del diario británico, Katherine Viner, anunció que más de un millón de personas han donado al medio y que 500 mil lo hacen de manera regular. Además de informar sobre su situación financiera como The Times, The Guardian explicaba hasta hace unos meses a sus lectores, en la parte inferior de cada uno de sus artículos, que los ingresos publicitarios habían caído y que, por lo tanto, necesitaba de su apoyo. Entre los últimos trabajos de The Times que informan sobre la crisis financiera del sector está la serie de reportajes especiales sobre el cierre de diarios locales en Estados Unidos titulada The Last Edition (La última edición) publicada desde mayo.

En México, es un secreto a voces que las finanzas de los medios de comunicación están en picada, pero estos han optado por no hablar del tema. Cuando llegan a cubrir el estado crítico del sector se refieren al de Estados Unidos o Europa y en las contadas ocasiones que la situación específica de México ha llegado a sus plataformas, ha sido en artículos de opinión. Uno de estos es la citada columna de 2013 de Jesús Silva Herzog en Reforma, donde criticaba que el medio redujera elespacio de sus textos e hiciera del levantamiento del vestido de Salma Hayek una nota de portada y de esa manera encarar su estado financiero. Los diarios digitales (a excepción de unos cuantos como este) tampoco han reportado sobre los problemas que les aquejan ni buscado la empatía de sus lectores. Por ejemplo, cuando la edición mexicana de The Hufftington Post, administrado por Grupo Imagen, cerró repentinamente en febrero no mencionó que su clausura se debió a razones económicas. “A partir del 8 de marzo, HuffPost México dejará de publicar contenido. Para obtener más contenido global, visite HuffPost.com. Gracias por su apoyo y comprensión”. Fue lo único que dejó el medio en su portal.

Informar sobre el sector no es una práctica arraigada en los medios en México. Durante los 70 años continuos que gobernó el PRI, las organizaciones noticiosas tuvieron una relación basada en el intercambio de cobertura favorable por beneficios económicos y técnicos (léase a Alejandro Guerrero) y por lo tanto, cubrir al sector no fue un tema de agenda. “Era una especie de hermandad”, me dijo un editor a quien entrevisté para mi investigación sobre la crisis de los medios, “era una lógica de perro no come perro”. Con la digitalización y la Ley de Acceso a la Información Pública de 2002, a través de la cual se hizo público el presupuesto que el gobierno invierte en los medios de comunicación, los temas relacionados con el sector comenzaron a ser abordados en algunas redacciones digitales. Sin embargo, las diferentes amenazas económicas que presionan a la industria siguen sin ser reportadas por los mismos.

Además de no hablar sobre los estragos –caídas publicitarias, cambios en el consumo de noticias, participación de los gigantes de Internet en el negocio de las noticias, etcétera– no se ha organizado una discusión pública sobre el estado en la industria y las alternativas para su futuro. Otro editor de un medio digital al que entrevisté dijo que a los directivos de los medios de comunicación no les gusta discutir sobre el tema entre ellos, ya que todos se ven como competencia. “Piensan: ¿por qué debería reunirme con los demás si hacemos lo mismo?” En contraste, las principales casas editoriales de Alemania y Francia cabildean en conjunto con parlamentarios de la Unión Europea para frenar el avance de Google en la economía digital. Unidas han impulsado la reforma de derechos de autor, la cual entre otras cosas, permitirá a las organizaciones periodísticas exigir pagos o elaborar acuerdos para la publicación de sus contenidos.

Abordar el tema de manera independiente dentro de cada organización en lugar de discutirlo como gremio e ignorar el tema en sus agendas no ha ayudado a que el panorama mejore. Los despidos en las salas de redacción, las contrataciones sin prestaciones sociales y los retrasos en los pagos a los periodistas se han convertido en norma. Los gastos desproporcionados que hizo la administración de Enrique Peña Nieto entre 2012 y 2018 en publicidad en un puñado de medios no fueron suficientes para que estos pudieran prevenir la crisis. El periódico La Jornada, por ejemplo, uno de los más beneficiados con el presupuesto oficial en la presidencia de Peña Nieto, redujo a la mitad los salarios y beneficios sociales de sus trabajadores en 2017. El mismo diario reveló en una editorial que su viabilidad financiera estaba en juego.

De acuerdo con periodistas consultados, en los primeros seis meses de 2019, la situación se agudizó. El recorte del gobierno en gastos de las campañas publicitarias en los medios anunciada por Andrés Manuel López Obrador generó una nueva ola de recortes. “La violencia y las malas condiciones de trabajo que antes nos preocupaban dejaron de ser relevantes. Ahora mismo, lo que nos preocupa es qué vamos a comer”, me dijo un reportero que renunció a su medio porque los 8 mil pesos mensuales no le alcanzaban para vivir en la Ciudad de México.

Aun cuando el futuro de la industria periodística sigue siendo incierto a nivel mundial que los medios hablen de la crisis de los medios como The New York Times y The Guardian puede traer más ventajas que desventajas. Podría abrir un diálogo para encontrar modelos alternativos aplicables al contexto mexicano en el que otros actores de la sociedad aporten sus ideas para construir una industria con mejores perspectivas. Podría sensibilizar a la audiencia y lograr que una parte donara como lo hacen medio millón de personas en el diario británico. Podría contribuir a su credibilidad. Por algo es cierto que el primer paso para resolver un problema es reconocerlo. Mantenerse herméticos no hará más que perpetuarlo.


Verónica Sánchez Medina @VeroSanchez_M
Maestra en Periodismo, Medios y Globalización por la Universidad de Aarhus y la Universidad de Hamburgo y estudiante de doctorado sobre la crisis de los medios en México en la Universidad de Hamburgo.
Fue reportera nacional de Reforma y también ha escrito en El Universal.

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