ESPECIAL: “Fue un sacrificio”: madre relata travesía con sus pequeñas hijas en caravana migrante

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(190110) -- TIJUANA, enero, 2019 (Xinhua)

Por Luis Brito y Wu Hao

     TIJUANA, México, 11 ene (Xinhua) — A María Isabel Reyes, una migrante hondureña, las voces de ánimo de sus pequeñas hijas la empujaron a seguir la difícil travesía hacia la frontera de México con Estados Unidos.

     “Son unas guerreras: ‘sigamos, mami’, decían, ‘vámonos’. Son valientes, ‘vámonos, mamá, no te canses'”, recordó la mujer de 40 años, quien era obrera de maquila textil en Honduras.

     Como muchos otros integrantes de la masiva caravana de centroamericanos que recorrió México, María Isabel dejó su país por la violencia porque dijo que pandilleros le mataron a seis hermanos.

     Ella se unió a la caravana desde que salió el 13 de octubre de San Pedro Sula, su ciudad natal, llevando a sus hijas Amy, de tres años; Génesis, de cinco, y Yaritza, de 20, más la hija de ésta, Abis, de tres, entusiasmada por la idea de llegar a Estados Unidos.

     Actualmente la madre, hijas y nieta se refugian en El Barretal, un centro de espectáculos en la periferia este de la fronteriza ciudad de Tijuana que el gobierno mexicano habilitó como albergue para la inédita movilización de centroamericanos.

     Sus dos hijas más pequeñas y su nieta pasan los días dibujando o aprendiendo los nombres de colores en el área para niños, aunque Génesis ya ansía regresar a un salón de clases porque le dice a su madre que quiere aprender mucho.

     El recorrido desde su país hasta la ciudad mexicana separada de San Diego, California, por una larga valla metálica implicó para ellas una travesía de 45 días en la que hubo jornadas que caminaron hasta ocho horas cuando no conseguían que algún automovilista las llevara entre ciudades.

     “Yo traía una en el hombro y la otra en la mano y ahí veníamos caminando”, relató María Isabel.

     Las niñas se enfermaron de gripa y tos e incluso Génesis se contagió de varicela, una infección viral que se caracteriza por una erupción en la piel con picazón, que le causó fiebre y manchas en el rostro.

     En el largo periplo hacia la ciudad en la esquina del noroeste mexicano, María Isabel dijo que atestiguó con sus hijas accidentes de otros migrantes, como caídas de las cajas de camiones o atropellamientos.

     “Es duro el camino, pasamos grandes oscuranas (oscuridad) que sólo con la luz del celular veníamos alumbrando y ahí veníamos con los niños”, agregó.

     Igual que las hijas de María Isabel, cientos de niños y adolescentes formaron parte de la multitudinaria caravana que se abultó en número mientras recorría México rumbo a la frontera, la mayoría de ellos viajando con sus padres y en menor medida solos.

     Al menos unos 1.000 de los poco más de 6.000 migrantes que llegaron en grupos en noviembre pasado a Tijuana eran menores de edad, según los conteos de la alcaldía.

     Expertos que atienden a niños en El Barretal han notado que varios muestran una actitud a la defensiva o de violencia hacia otros pequeños, mientras que algunos hablan poco con sus padres o explotan repentinamente.

     El coordinador de la organización internacional Psicólogos Sin Fronteras en el estado mexicano de Baja California, Luis Guillermo Gómez, señaló que ellos observan que niños absorbieron y reflejan en su comportamiento las situaciones que atravesaron, como abandonar su hogar, las caminatas o la incertidumbre que encaran sus padres sobre el futuro.

     “Son niños de siete, ocho o 10 años que apenas están conociendo el mundo e imagínate ante su situación cambiante. Vienen caminando, vienen con personas que no conocen, a veces dejan a la familia en su país, entonces es muy difícil”, dijo a Xinhua el psicólogo.

     Expuso que la organización, que brinda asistencia humanitaria en 12 países, realiza junto con personal de otros organismos terapias de juego e individuales para apoyar a los niños a que modifiquen sus respuestas emocionales.

     “Están reflejando lo que están viendo en su medio ambiente (…) Recordemos que los niños aprenden por lo que ven, están viendo estas situaciones y de repente ellos responden de la misma manera y lo proyectan con su misma comunidad”, apuntó Gómez.

     Las hijas de María Isabel extrañan a su padre, quien se quedó en Honduras, sus juguetes y su hogar, pues el que tienen por ahora es una tienda de campaña rodeada de decenas más en el amplio refugio.

     La madre señaló que aún falta que concreten el sueño de entrar a suelo estadounidense, que sólo han mirado a través de la valla que divide San Diego de Tijuana y que recientemente el gobierno de ese país reforzó.

     Aunque la meta sigue siendo obtener asilo en Estados Unidos, María Isabel planea permanecer un tiempo en Tijuana porque ya cuenta con permiso para trabajar en México.

     Esa condición le permitirá emplearse y cubrir gastos mientras aguarda a presentar su caso ante las autoridades estadounidenses, lo que puede tardar varias semanas.

     Cientos de integrantes de la caravana buscaron entrar a Estados Unidos de forma irregular pero fueron detenidos por agentes de ese país, mientras que otros más optaron por regresar a sus lugares de origen o han comenzado a establecerse en México.

     “Cuando venimos y miramos la barda que está ahí fuimos a la playa. Dije ‘qué bonito, algún día vas a estar allá, no hay que perder la fe'”, relató María Isabel y agregó que sus hijas le decían “Mami, quiero estar allá”.

     Además de huir de la violencia, la mujer explicó que el deseo de una mejor educación en Estados Unidos para sus hijas es lo que la impulsó a recorrer miles de kilómetros de la mano de ellas.

     El presidente estadounidense, Donald Trump, mantiene una dura postura hacia la migración e insiste en construir un muro en la frontera con México alegando que servirá para frenarla; sin embargo, la hondureña confió en que Dios toque su corazón para que apoye a quienes buscan oportunidades de trabajo.

     “Este fue un sacrificio y hay que saberlo aprovechar porque Dios nos ha puesto aquí por un propósito (…) Quiero hacer mi casa para ellas y darles un estudio a mis hijas mejor, porque lo que quiero es que las niñas se preparen”, aseguró María Isabel.

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