En la democracia cabemos todos. Autor: Iván Uranga

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Democracia, antidemocracia, opinocracia, opción ante la militarización y la sociedad solidaria.

Lo primero que deberíamos entender es que en la democracia cabemos absolutamente todos, los de derecha, los de centro, los de izquierda, los homosexuales, los heterosexuales, los pobres y los ricos, los que tienen partido y los que no lo tenemos, e incluso se puede estar radical y escandalosamente en desacuerdo con quien gobierna y ser parte de la democracia.

La democracia nos debe garantizar opinar con respecto a todo y respetar las opiniones de todo el que piense distinto, el debate debe alimentarse de argumentos, no de insultos; el insulto, la denostación, la intolerancia, la agresión son símbolos de impotencia e ignorancia mucho más cercanas al fascismo que a la democracia.

Es absurdo usar el poder de las redes sociales sólo para escuchar el eco de nuestra propia voz, necesitamos ampliar nuestro conocimiento de todo lo que nos rodea, construir con información nuestro criterio y hacerlo valer en las decisiones que nos afectan. El diálogo real no es comunicarnos con los que piensan igual, el diálogo comienza cuando entramos en controversia con el que piensa diferente y podemos comunicar nuestras ideas con argumentos, con respeto y sin insultos ni denostaciones.

No es tiempo para complacencias y aplausos, la democracia hoy debe plantearse como un proceso de revolución interna en donde la dignidad humana sea el fundamento de nuestra acción política. Revolución interna que a partir de la toma de conciencia individual se comprometa con el mundo, formando parte de la conciencia colectiva que va mucho más allá del solo ejercicio del voto. Las inercias antidemocráticas de corrupción, injusticias e impunidad son parte intrínseca de la estructura del poder político, éste está diseñado para la prevención del gobierno, por lo que nuestra participación debe ser activa e incluyente, ahora más que nunca debemos supervisar cada acción del gobierno y de cada actor dentro de él para evitar la corrupción, la impunidad y que se garanticen efectivamente la equidad y la justicia social.

Decía Mario Benedetti que en nuestros países se considera extrema izquierda lo que es extrema necesidad. Para un gobierno democrático no deben existir las derechas, centros o izquierdas, nosotros y nuestro gobierno debemos significarnos en el humanismo, en sus valores éticos y su práctica social siempre más cercana del que menos tiene y que debe propiciar que el sistema y la sociedad, en todos los niveles, construya una conciencia colectiva que genere la equidad, de igual manera que tenemos un deber de solidaridad con todos los pueblos y con todas las personas del mundo. Que no se pueden permitir abusos con los grupos más débiles y por lo tanto más vulnerables. El respeto y la defensa de los grupos sociales minoritarios, nacionales o extranjeros, es un deber humano, el luchar permanentemente contra las injusticias y generar una cultura política que las erradique es nuestra tarea. La discriminación y el abuso en contra de los débiles tendrá que desaparecer, pero esto sólo se logrará a través de la educación. No solamente es un deber jurídico, sino un deber moral, respetar la dignidad de las personas, de los grupos y de los pueblos. Y tiene que ser ahora, porque la dignidad es como la inocencia, no se le reconoce hasta que se le pierde. Nuestra trinchera se volvió universal. Ahora es necesario ir liberando espacios de conciencia, que no físicos. Nuestros espacios liberados, nuestros bastiones deben estar en la conciencia de individuos armados con principios, valores y una nueva moral revolucionaria que con la congruencia de su andar liberen nuestras calles.

Cuando agredimos a otro por lo que piensa nos convertimos automáticamente en antidemocráticos porque la idea primaria de pertenecer a la democracia es que cada uno de los que la integramos valgamos exactamente igual que los demás y en cuanto desvalorizamos al otro perdemos nuestro propio valor. Nuestra labor dentro de la transformación del país no puede ser destruir, la ira siempre demerita nuestra inteligencia, los súbditos y esclavos de la oligarquía son nuestros hermanos, de nada sirve atacarlos, desvirtuarlos y/o agredirlos. Necesitamos liberarlos de sí mismos y del yugo mental en que se encuentran, la derecha no tendría fuerza si no tuviera cómplices entre los explotados. Lo que nos aleja de la derecha es nuestra sensibilidad, inteligencia y humanismo. El neoliberalismo no se declarará vencido nunca, hay que vencerlo. En este momento de la lucha, la primera batalla que debemos ganar es impedir que la derecha se reposicione. Nuestra lucha no es una lucha asilada, el adversario se ha globalizado para mejorar su ganancia y sus formas de control, por eso es imperante la solidaridad y coordinación internacional para dar respuestas únicas en todo el mundo ante la injusticia. Pero se requiere de toda nuestra inteligencia y humanismo que siempre han militado del lado del corazón.

La democracia debe tender a construir individuos que de manera consciente interactúen en la sociedad generando valores y principios que, a su vez, construyan a través de la conciencia colectiva la posibilidad de una verdadera transformación democrática. La democracia es la lucha de los sujetos por su cultura y por la libertad contra la lógica dominante del sistema. La libertad individual y colectiva no puede existir sin la libre elección de los gobernantes y sin la capacidad de la mayoría de participar activamente en todas y cada una las decisiones. La democracia sólo es vigorosa cuando está conducida por un deseo de liberación, que constantemente avance. La razón de ser de la democracia es el reconocimiento del otro, es posibilitar vivir juntos a individuos y grupos, semejantes y diferentes a la vez. La principal aportación de la democracia es la invención política del individuo.

Sabemos bien del poder del dinero y su fascista influencia en las voluntades humanas, desde que fue establecido en el mundo para darle un precio a las cosas, pero es sólo a las cosas a las que se les puede poner un precio, no un valor, las cosas que valen (nuestros valores): el amor, la libertad, la justicia, el pensamiento, una sonrisa, la tristeza, la solidaridad, la fe, la convivencialidad, el pasado, el presente, el futuro, la esperanza y la dignidad, no tienen precio.

Los niveles de corrupción en el país son tan altos que costará mucho para que en la vida cotidiana se dé esta igualdad garantizada por nuestra vapuleada Constitución, pero desde siempre ha existido la esperanza de que “en las próximas elecciones por fin tendremos un presidente honesto” y muchos mexicanos históricamente han luchado y dado su vida por ello y muchos otros hemos trabajado ininterrumpidamente durante toda nuestra vida para lograr tal empeño, pues ya no hay próximo, nuestro futuro es aquí y ahora, es tiempo de luchar, de no dejarnos y de no dejar que las buenas intenciones de López Obrador sean sólo buenas intenciones, si no luchamos, si regresamos a la comodidad de no hacer nada y esperar que sea el gobierno el que resuelva nuestros problemas, habremos fracasado. Necesitamos salir a tomar todos nuestros espacios con propuestas, acciones y asumiendo responsabilidades, cada uno de nosotros sabemos qué es lo mejor para nuestra calle, barrio, colonia o pueblo, para nuestros hijos y nuestro futuro, hagamos valer nuestra palabra, nosotros somos quienes le debemos decir al gobierno qué hacer y no el gobierno a nosotros. AMLO no es nuestro papá que deba regañarnos y decirnos qué está bien o está mal, él es quien debe obedecer lo que el pueblo mande, pero para que el pueblo mande, debe ser un pueblo consciente, informado, participativo y con un trabajo concreto en su comunidad, porque si no sólo es opinocracia.

Creemos que el usar un arma en contra de otro ser humano siempre es símbolo de incapacidad, estupidez y barbarie, Felipe Calderón y Peña Nieto son la muestra viva de ello, por lo que usar militares y militarizar a 50 mil de nuestros jóvenes para enfrentar la inseguridad no es una solución inteligente, ni democrática, ni transformadora. Nunca la violencia ha sido la solución a la violencia, necesitamos crear cortinas de contención con capacitación, formación y educación, programas inmediatos de impacto comunitario que vayan más allá del asistencialismo y refundar a los cuerpos policiacos; se debe erradicar de raíz a todos y cada uno de los cuerpos policiacos existentes; es imperativo que se entienda que no se les puede reeducar, han sido el instrumento de la impunidad, la corrupción y la represión. Esos 50 mil jóvenes –y más– deben ser parte de la nueva policía, entrenada por especialistas (no militares) y los militares –todos– deben ser una solución parcial y temporal, en tanto esta nueva policía es capacitada.

Para nosotros la democracia sólo es un escalón más para el estado superior de la mujer y el hombre que es la libertad en una sociedad solidaria, pero defenderemos ese escalón con nuestras vidas. Es absolutamente necesario que entendamos todos y cada uno de los ciudadanos que hemos emprendido el sueño de democratizar realmente a México, que necesitamos participar y cuestionar todo. Y que no desistamos ni un solo día, con nuestra revolución ciudadana, democrática y pacífica en el empeño para que cada mexicano y mexicana puedan sentirse dignos.

No puede haber democracia sin dignidad.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolucion

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