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Cuba libre… ¿en las rocas, para Trump? Adiós, Revolución Cubana. Autor: José Reyes Doria

José Reyes Doria | @jos_redo

El escenario global sugiere un desenlace cruel y doloroso para Cuba, o, mejor dicho, para la Revolución Cubana. El régimen revolucionario nunca tuvo la fuerza necesaria para depender de sí mismo y resistir el acoso de Estados Unidos. Dado el tamaño de Cuba, siempre fue indispensable el juego de alianzas internacionales para mantener vigente el proyecto revolucionario socialista.

La extinta URSS brindó un respaldo estratégico al régimen cubano durante casi 30 años, en gran medida estimulado por el propio proyecto soviético de expansión en América Latina. El apoyo soviético no hizo de Cuba una potencia económica, pero le permitió afirmarse como referencia internacional de desafío y resistencia ante el imperialismo estadounidense.

México ha sido también un aliado fundamental para impedir el aislamiento continental y el estrangulamiento de Cuba, que siempre ha intentado Estados Unidos. Con la caída de la URSS en 1990, pero incluso desde años antes debido al declive soviético, esa alianza vital de la Cuba socialista se esfumó. Diplomáticamente, países como Francia, España, Alemania, Brasil, China, apoyaron consistentemente a Cuba, pero no al grado de desafiar el aislamiento impuesto por EEUU.

Luego de la caída de la URSS, y ante la precariedad de la economía cubana que nunca se desarrolló suficientemente con la alianza soviética, otros países otorgaron respaldos significativos a Cuba, marcadamente la Venezuela chavista, hasta la caída de Nicolás Maduro, en este año de 2026. Hoy, Cuba ya no tiene ningún apoyo de peso en la escena internacional.

Rusia no tiene interés ni estímulo para respaldar al régimen cubano, salvo el envío esporádico y simbólico de petróleo y víveres. China tampoco tiene interés en gastar energías en la defensa de Cuba, pues su proyecto de hegemonía global no asigna valor estratégico a la isla. Irán se debate actualmente en una guerra contra EEUU e Israel, que quieren exterminar a la élite islámica.

El resto de los actores de peso a nivel global no moverán un dedo por el régimen cubano. México es, tal vez, el único país del mundo que debe defender a Cuba, porque es frontera nuestra, porque buena parte de la estabilidad interna mexicana depende de la estabilidad y la integridad cubana. Es decir, porque Cuba es un factor de soberanía para México.

Pero hoy, el injerencismo descarnado impulsado por Trump en todo el mundo, hace visible y palpable una realidad irrefutable: la soberanía de países como México es vigente hasta que el Imperio quiere. Así ha sido siempre desde mediados del siglo XIX, pero ahora es más brutal y menos diplomática esta realidad. Trump impuso ya un límite despiadado a la soberanía de México respecto a Cuba: no permitirá que se le apoye en este proceso de aniquilamiento total que quiere el presidente de Estados Unidos.

Trump, la diáspora cubana en Miami, y el variopinto contingente antisocialista, anticastrista, anticubano en EEUU y América Latina, están decididos a derrocar al régimen cubano y tomar la isla. Trump dijo que será un honor esa toma, y que hará lo que quiera con Cuba. Nada en el horizonte parece que pueda impedirlo.

La condición económica de Cuba debe ser objeto de una reflexión profunda. No cuenta con recursos ni suministros energéticos básicos, ni para solventar las necesidades cotidianas de la población, mucho menos para actividades económicas sustanciales. Las carencias sociales son inmensas y generalizadas. En el balance histórico no debe ignorarse el aislamiento impuesto por EEUU durante décadas, pero, al mismo tiempo, el análisis debe ser mucho más amplio para entender la situación cubana de indefensión.

En estas condiciones, Trump quiere acelerar la caída del régimen cubano. Personajes como Marco Rubio, secretario de Estado gringo y líder de la diáspora cubana anticastrista en Miami, buscan la capitulación de la élite castrista para impulsar una transición política en Cuba. La asfixia insoportable en la que se encuentra Cuba, ya provocó las primeras expresiones de rendición del régimen, como la aceptación de la apertura de la economía a la inversión económica de los llamados “gusanos” de Miami.

Es evidente que esa apertura económica, esa suerte de Perestroyka cubana, no será suficiente para calmar la animosidad de Trump y su grupo de halcones. Los sectores más radicales del trumpismo y de la diáspora cubana quieren la eliminación del régimen socialista y la salida y eventual captura de la élite del régimen cubano. En especial, reclaman el derrocamiento del castrismo todavía encabezado por Raúl Castro, y su eventual procesamiento y encarcelamiento.

Es poco probable una intervención armada de EEUU en Cuba, pues la condición de precariedad, aislamiento y debilidad antes descrita hace innecesaria la acción militar directa. Pero no debe descartarse del todo la probabilidad, porque Trump es sumamente impulsivo e impredecible. Un revés o un empantanamiento en la guerra contra Irán, podría provocar un golpe contundente a Cuba para proyectar una imagen de poder implacable.

También, si la histórica capacidad de resistencia del castrismo retarda mucho tiempo la caída del régimen cubano, la impaciencia del trumpismo podría acelerar una eventual acción directa tipo Venezuela antes de las elecciones intermedias gringas de noviembre.

Como sea, la tendencia más encarrilada hoy, es que el régimen cubano instaurado en 1959 llegará a su fin muy pronto. Para muchos observadores, la Revolución Cubana terminó hace muchos años, hace décadas. Para el debate y la reflexión más profunda queda el tema del modelo económico-político que trató de implantar el régimen de Fidel Castro en Cuba: ¿fue socialismo, fue despotismo antiimperialista, fue un esquema de colonia que cambió de metrópoli, de Washington a Moscú, ganando márgenes de independencia en ello?

Cada quien hará sus propias lecturas. Lo cierto es que la Revolución Cubana despertó las más altas expectativas revolucionarias y de desafío ante el imperialismo de los Estados Unidos en la segunda mitad del siglo XX. Prácticamente toda la comunidad intelectual, estudiantil, popular, proletaria, campesina, de América Latina, Europa y grandes zonas de Asia abrazó con enorme simpatía la Revolución Cubana.

En el camino se fueron bajando del barco castrista muchos seguidores de todo el mundo. Para los años 80, la mayoría de los respaldos de la Revolución Cubana la constituían solo núcleos altamente ideologizados o con una relación orgánica con la Habana. En México, representó un duro golpe el hecho de que Fidel Castro haya apoyado el supuesto triunfo de Carlos Salinas de Gortari en las elecciones de 1988, marcadas por las sospechas del fraude contra Cuauhtémoc Cárdenas. La Realpolitik siempre se impone.

La relevancia y el poder que llegó a tener la Revolución Cubana se debió, en gran medida, al valor simbólico e idealista de la Revolución de una pequeña isla ante las narices del Imperio gringo. Fue un poder simbólico básicamente, pero determinante en muchos sentidos. En cierto modo, EEUU toleró la existencia de la Revolución Cubana, pero cuando rebasaba la línea roja de su seguridad estratégica, daba el manotazo demoledor, como cuando Castro y la URSS quisieron poner misiles nucleares en Cuba; o cuando Castro quiso sacar a los gringos de la base militar de Guantánamo, nomás no se lo permitieron.

Y precisamente esa es la naturaleza de la victoria que buscan Trump y la diáspora cubana: un triunfo simbólico consistente en la capitulación del régimen cubano, la caída y humillación del castrismo y la imposición de un gobierno anticastrista en la isla. Porque, hoy por hoy, Cuba, tomar Cuba, no reporta ganancias significativas en materia económica, estratégica o militar. Pero simbólicamente será una enorme victoria, una medalla que anhela Trump.

José Reyes DoriaPolitólogo por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, y Maestro en Auditoría Gubernamental por la Facultad de Contaduría y Administración, ambas de la UNAM. Asesor parlamentario en diversos órganos de gobierno y comisiones de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión. Colaborador en portales informativos. Conferencista sobre temas legislativos y políticos. Consultor en materia de comunicación política, prospectiva y análisis de coyuntura. Contacto: reyes_doriajose@hotmail.com rdj082013@gmail.com

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