Caos en las alturas. Autor: Federico Anaya Gallardo

Importa recordar los nombres de los nueve consejeros electorales del “segundo IFE” designado por la Cámara de Diputados en octubre de 2003 y quién los propuso: Luis Carlos Ugalde Ramírez (2003-2007), el PRI; Virgilio Andrade Martínez (2003-2010), el PRI; Luisa Alejandra Latapí Renner (2003-2008), el PRI; María Lourdes del Refugio López Flores (2003-2008), el PRI; Marco Antonio Gómez Alcántar (2003-2010), el PVEM; Andrés Albo Márquez (2003-2008), el PAN; María de Teresa de Jesús González Luna Corvera (2003-2008), el PAN; Rodrigo Morales Manzanares (2003-2008), el PAN; y Arturo Sánchez Gutiérrez (2003-2010), el PAN. Los datos los tomo de Omar de la Cruz Carrillo, “La designación de los consejeros electorales…” (p.139) obra que cité en esta columna la semana pasada. Entre paréntesis se anotan los años en que cada una de esas personas sirvieron en el Consejo General del IFE.

De la Cruz nos aclara que Morales Manzanares se distanció del PAN durante su gestión –pero su currículo nos muestra cosas más interesantes, como te contaré al final de estas líneas, querida lectora. La manera en que se comportó Ugalde Ramírez también implicó un cambio de camiseta, aunque en sentido contrario, del PRI al PAN –siguiendo los posicionamientos de Elba Esther Gordillo de los que hablé aquí la semana pasada. Hubo consejeros fieles a sus patrocinadores de 2003, como Virgilio Andrade Martínez, a quien vimos luego servir como Secretario de la Función Pública (SFP) con el priísta Peña Nieto –a quien exoneró de responsabilidades en el affaire de su Casa Blanca de Las Lomas.

Por cierto, revisar la trayectoria de Virgilio nos muestra lo cierto que es el dicho aquél que reza “infancia es destino”. Cuando se debatió la conformación de este “segundo IFE”, Pablo Gómez y el PRD denunciaron que era de temerse que este ciudadano se comportase como su padre, Virgilio Andrade Palacios, quien había sido uno de los abogados de Romero Deschamps durante el Pemexgate.

Detengámonos en el caso Virgilio junior –pues ayuda a ilustrar el ambiente en que vivían las élites políticas mexicanas en las primeras décadas del siglo XXI. En su discurso de otoño de 2003 contra la imposición del PRI y el PAN (y su entonces adláter verde), Pablo Gómez denunció que los dos partidos actuaban impulsados por una venganza. Resulta que ambos habían sido multados por el “primer IFE”, el tricolor con mil millones de pesos por el Pemexgate, y el blanquiazul con 500 millones por Los Amigos de Fox. Por esta razón (más bien pretexto) Elba Esther Gordillo (PRI) y Germán Martínez (PAN) rechazaron “reelegir” a cualquiera de los consejeros del “primer IFE”. Yo creo que había otra causa, que en realidad es la raíz del pretexto. Los consejeros del “primer IFE” habían llegado al instituto propuestos por los tres partidos dominantes (PRI, PAN y PRD), pero su praxis, de 1996 a 2003, bajo dos presidentes, uno priísta (Zedillo) y otro panista (Fox), los había entrenado y acostumbrado a ser verdaderamente autónomos. Era esa autonomía lo que preocupaba a los liderazgos partidistas de derechas en San Lázaro.

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La autonomía del órgano electoral depende en parte de que las y los consejeros acumulen experiencia en la gestión de los casos y para ello es bueno renovar el Consejo General parcialmente. En 2003, sólo la izquierda defendió este principio de autonomía del órgano electoral. Propuso reelegir a tres de los consejeros del “primer IFE”. Elba Esther se aseguró que ninguno fuese reelecto.

Otra cosa que denunció Pablo Gómez sobre Virgilio Junior era su supuesta asociación con César Augusto Santiago Ramírez (n.1942) cuando éste fue Subsecretario de Gobernación en 1993. Santiago Ramírez, recordó Gómez en San Lázaro, era uno de los más famosos mapaches electorales del viejo partido de Estado. César Augusto (y Virgilio Junior) se mantuvieron cercanos a Roberto Madrazo cuando éste rompió con Elba Esther Gordillo hacia 2006. Y ambos aparecieron de nueva cuenta en el peñismo: Santiago como abogado general de la CFE y Virgilio, como ya vimos, en la SFP.

Decía arriba que Virgilio Junior fue fiel a sus orígenes priístas, contrario a Ugalde –que terminó por favorecer al PAN de Calderón. La revisión atenta de la prensa de aquellos días que parecen tan lejanos (hace casi cuatro lustros) nos muestra que el impacto de la transición de 2000 en la presidencia de la República había afectado las coordenadas y las brújulas de muchas personas en las élites. Durante el debate de 2003 nadie imaginaba que Gordillo y Madrazo romperían a los pocos meses. Y, así las cosas, los cuatro consejeros propuestos por el PRI terminaron jugando de manera inesperada en el Consejo General del IFE. Virgilio Andrade Martínez tenía razones para ser fiel al PRI. Había sido asesor en la Secretaría de Gobernación bajo Santiago Ramírez y Patrocinio González Garrido. Esta asociación lo ligó a la línea dura (represora) que terminó de provocar, en 1994, la Rebelión de Año Nuevo en Chiapas. (Si mal no recuerdo, en aquellos días Virgilio leía con atención a Karl Schmidt y subrayaba la necesidad de la “gobernabilidad”.) Esto nos parecía extraño a quienes le conocimos en sus tiempos de estudiante universitario, cuando Andrade Martínez se alineaba al lado de personajes más abiertos y que procuraban debatir en términos menos ásperos que Patrocinio o César Augusto –como Luis Videgaray Caso. Los acontecimientos de 2012-2018 demuestran que Virgilio mantuvo ambas conexiones y que la última era más fuerte.

No todos en la élite priísta fueron fieles. Cuando en 1999 Francisco Labastida Ochoa se fue a hacer campaña presidencial, su sustituto en la Secretaría de Gobernación fue Diódoro Carrasco Altamirano (n.1954), quien había gobernado Oaxaca entre 1992-1998, es decir, bajo Salinas de Gortari y durante la crisis causada por la rebelión neozapatista de 1994. Carrasco Altamirano debió administrar el cambio de estafeta entre Zedillo y Fox en diciembre de 2000. En el sexenio foxista ocupó cargos partidistas en el tricolor, desde los cuales apoyó en 2005 las aspiraciones presidenciales del senador Enrique Jackson Ramírez (n.1945) –como parte del grupo denominado Todos contra Madrazo (TUCOM). Cuando Jackson fue eliminado, Carrasco se retiró al PAN y en 2006, junto con varios otros priístas, apoyó abiertamente la candidatura de Felipe Calderón Hinojosa. Carrasco llega a San Lázaro como diputado del PAN –adonde presidió la importante Comisión de Gobernación entre 2006 y 2009.

Carrasco no es el único priísta que se volvió panista en esos años confusos para las élites y convulsos para la ciudadanía. Rafael Moreno-Valle Rosas (1968-2018) hijo de un gobernador priísta de Puebla (Rafael Moreno Valle, 1969-1972) fue Secretario de Finanzas del gobernador poblano (priísta) Melquiades Morales entre 1999 y 2003, para luego ser diputado federal (por el PRI) entre 2003 y 2006. Siendo diputado poblano por el PRI en 2006, Moreno-Valle se pasó al PAN y cinco años más tarde fue electo gobernador de su Estado para el periodo 2011-2017 encabezando una coalición del PAN, PRD, Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) y Nueva Alianza (el partido de Elba Esther).

La quintanarroense Addy Joaquín Coldwell (n.1939) también se volvió panista y obtuvo una curul blanquiazul en 2006. Addy, hay que recordar, es hermana del gobernador del Estado en el periodo 1981-1987, el priísta Pedro Joaquín Coldwell (n.1950). Pedro y Addy son medios hermanos de Carlos Manuel Joaquín González (n.1965), actual gobernador de Quintana Roo (2016-2022) quien, pese a ser priísta hasta 2016 (diputado de 2009 a 2012, subsecretario de Turismo con Peña Nieto entre 2012 y 2016), fue postulado por la coalición PAN-PRD.

Aquí inserto, como te prometí, lectora, el caso del consejero del IFE 2003 Rodrigo Morales Manzanares (n.1959). Aunque fue propuesto por el PAN, su biografía nos dice que en la década de los 1990 fue subdirector de la revista Voz y Voto, fundada por Jorge Alcocer Villanueva (n.1955) quien fuera representante del Partido Comunista Mexicano (PCM) ante la Comisión Federal Electoral (la antecesora del IFE) entre 1986 y 1991. (Uno de mis recuerdos de 1988 es la valentía con la que Alcocer defendió las posiciones del FDN y de la insurgencia electoral neocardenista en el famoso Salón Juárez de Bucareli.) Alcocer fue fundador del PRD en 1989 pero renunció al año siguiente. Colaboró con Jorge Carpizo en las reformas electorales que llevaron al legendario “primer IFE” de 1996 –pero luego fue Subsecretario de Gobernación con Labastida (secretario) y Zedillo (presidente) en 1998 y 1999. Así las cosas, que Morales Manzanares no se alinease con el PAN no era extraño, pues –al menos en parte– su trayectoria estaba a izquierdas del blanquiazul. La presencia de Morales en la conformación del “segundo IFE” nos indica que ya desde los 1990 un sector pequeño de las izquierdas estaba dispuesta a jugar con los partidos de derechas (PRI-PAN).

En vista de este alucinante escenario en que los altos lores de la política mexicana cambian de partido, hasta parece extraño de Virgilio Andrade Martínez se haya mantenido fiel al PRI. Pero no te confundas, lectora. El caos que te he descrito con todos estos ejemplos de chaqueteo tiene un orden cierto y concreto. La lógica de todas y todos los actores mencionados es permanecer en el poder haciendo lo mismo que siempre habían hecho: mandar y sostener el privilegio de los pocos. Como puedes apreciar, la actual Alianza por México que impulsan el PRI, PAN y PRD tiene ya rato de estarse formando.

Nada de qué espantarse. Este caos de las élites sucede “hasta en las mejores familias”. Allá del otro lado del Atlántico, en la alegre Inglaterra (esa a la que le admiramos como Madre de los Parlamentos, bastión del Estado moderno de derechos y del Rule of Law), ocurrió lo que sigue: En el Año del Señor 1482, en los campos de Bosworth, al norte de Londres, las tropas de Henry Tudor y Ricardo III York se enfrentaron a muerte. Nadie sabía quién ganaría la batalla. Al lado de los combates, dos hermanos, Thomas y William Stanley, comandaban tropas que podían inclinar la balanza a cualquiera de los lados. Pese a que Thomas había apoyado a Tudor antes de la batalla, decidió no intervenir (su excusa: que Ricardo había tomado a su hijo como rehén). Pese a que William había apoyado por años a los York, en la batalla traicionó a Ricardo y así le dio el triunfo al Tudor. De esta miserable doble traición nació la más famosa de las dinastías británicas. El viejo historiador Whig (liberal), George Macaulay Trevelyan tenía muy presente que las guerras de “las rosas” fueron crueles querellas de una nobleza irresponsable, inconsciente y traicionera. Se necesitó una Revolución (1640-1660) para que el pueblo inglés tomase en sus manos las riendas de su destino.

Federico Anaya-Gallardo
Federico Anaya-Gallardo

Abogado y politólogo. Defensor de derechos humanos. Ha trabajado en Chiapas, San Luis Potosí y Ciudad de México. Correo electrónico: agallardof@hotmail.com

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