Andrés en el País de las Maravillas. Autor: Sebastián González Hermosillo

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Algunas veces he creído hasta seis cosas imposibles antes del desayuno.
Lewis Carroll.

En días como hoy siento que ese fragmento de la más conocida obra de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas, es un texto que podremos usar para marcar un episodio clave de la historia reciente de México.

Resulta difícil, para un experto en casi nada como yo, estar completamente seguro de cualquier cosa. No obstante, hay cosas de las que estoy seguro. Si arrojo una piedra hacia arriba, unos segundos después golpeará el suelo. Si consumo grandes cantidades de azúcar y no me ejercito, aumentará mi riesgo de desarrollar diabetes.

No soy físico, pero he verificado la primera miles de veces de forma experimental. Una física tal vez podría asegurarme que, siendo estrictos, la probabilidad de que la piedra salga disparada fuera de la atmósfera no es cero. Sería pues posible que el proyectil se alejara miles de metros por encima de mi cabeza tras aventarlo. Sin embargo, dudo que ella me aconsejara lanzar una pedrada a un corredor en el parque, confiada en que no lo lastimaré, ya que es posible que mi lanzamiento llegue a la estratósfera.

La segunda es más complicada. Nunca la he verificado personalmente mediante un experimento, pues eso tiene potenciales consecuencias graves e irreversibles. ¿Cómo entonces puedo estar seguro? Hay una enorme cantidad de evidencia disponible que la sustenta. Una multitud de investigadores han dedicado años al estudio del sistema endocrino y los resultados de su trabajo, al alcance de cualquier persona con acceso a internet, han ayudado a desarrollar tratamientos y políticas de salud, mejorando enormemente nuestra calidad de vida. El consenso que existe en la comunidad médica acerca de la relación entre alimentación, ejercicio y diabetes es abrumador. ¿Puede que tantos investigadores estén en un error? Sí, supongo que es posible. Pero actuar asumiendo que es así requiere de evidencia muy sólida, al menos si uno quiere mantener la apariencia de que se está siendo razonable.

Así, si bien una dosis de escepticismo es no sólo recomendable sino necesaria, hay que tener en cuenta nuestras limitaciones y, cuando varias voces que podríamos llamar “calificadas” dicen algo que choca con alguna idea en la que creemos, al menos hay que detenerse a pensar si estamos en un error. Esto es particularmente cierto cuando somos nosotros quienes acudimos en busca del consejo de esos expertos. Es irresponsable ignorarlos bajo la hipótesis de que todo lo que va en contra de nuestras creencias es resultado de una conspiración. El que no arriesga no gana, pero si vamos a jugar a la ruleta rusa hay que estar seguros de que no estamos usando una granada.

Este jueves por la mañana, el presidente Andrés Manuel nos informó que se declaró desierta la licitación para elegir la firma encargada de gerenciar el proyecto para construir la refinería de Dos Bocas. De las varias decisiones del actual régimen que, desde mi punto de vista, han sido equivocadas, la de hoy me parece la que mejor refleja los riesgos que describí: confiar en que algo ocurrirá simplemente porque es posible y confiar en que aquellos que nos contradicen necesariamente están equivocados.

Hace ya varias semanas, la titular de la Secretaría de Energía, Rocío Nahle, se refirió a las cuatro empresas que participarían en la licitación como “las mejores del mundo” y las que “más experiencia tienen en la construcción de refinerías”. De sus historiales respecto a la corrupción dijo que, si bien no eran impecables, sí eran “las mejores para el trabajo”. El presidente defendió el proceso diciendo que cada una de las empresas participantes había construido más de 100 refinerías, además de que no había la experiencia suficiente en las empresas mexicanas para construir Dos Bocas. De estos cuatro consorcios, tres presentaron propuestas, que fueron rechazadas pues, en palabras del mismo AMLO, “estaban pidiendo mucho”. La cuarta empresa retiró su propuesta. Pareciera que estos gigantes de la construcción de refinerías nos han dado a entender que lo que se pide no es factible. A juzgar por lo sucedido, podemos decir que la combinación costo-tiempo requerida por el gobierno mexicano simplemente no podía cumplirse.

Solamente unos segundos después del anuncio sobre la licitación nos informaron que Pemex y Sener se harían cargo de lograr lo que otros, a quienes se acudió precisamente por su experiencia en el área, decidieron no intentar: construir la refinería cumpliendo con los requerimientos del gobierno mexicano. Pemex y Sener harán algo que parece imposible. Uno más de esos objetivos de los que oímos casi cada mañana y que a más de alguno le parecen casi imposibles de lograr.

Es verdad que la humanidad ha logrado hazañas que parecían posibles sólo en la ficción: un humano viajó de la Tierra a la Luna poco más de un siglo después que Verne nos entregara su fabuloso texto en el que imaginaba justamente eso. Pero no olvidemos que usualmente tenemos más presentes las proezas que los tropiezos. Eso sí, los errores que recordamos, por lo general catastróficos, son espectros que nunca se desvanecen.

En días como hoy siento que ese fragmento de la más conocida obra de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas, es un texto que podremos usar para marcar un episodio clave de la historia reciente de México. Ojalá que logre volverse el epígrafe en la autobiografía de AMLO al final de su mandato y no el epitafio en la lápida de un proyecto de infraestructura que acabó siendo uno de esos fracasos que siempre recordaremos.

@dosmasdoses

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