AMLO, récord mundial de conferencias presidenciales. Autor: Iván Uranga

200 mil espectadores
La moral y la liturgia mañanera
Incongruencia presidencial
Cartilla Moral Alternativa llamada Constitución

Después de 80 días de gobierno, Andrés Manuel López Obrador acumula este lunes 18 de febrero 65 conferencias presidenciales con lo que iguala lo que hizo el presidente de Estados Unidos Barack Obama en ocho años de gobierno, aunque el Presidente de México lo hace en menos de tres meses y con seguridad de que pasará a la historia mundial como el presidente con más conferencias de prensa de cualquier país en toda la historia de la humanidad con las más de mil quinientas conferencias presidenciales esperadas durante su mandato. Otro acontecimiento que debemos festejar como mexicanos es que el público al cual van dirigidas estas conferencias no sólo son los desmañanados periodistas presentes, la conferencia es escuchada y vista diariamente por más de 200 mil espectadores; hecho que ya fue reconocido por YouTube, que destaca al canal del Ejecutivo como su canal estrella al contar diariamente con más de 120 mil espectadores, más los que la observan por televisión abierta en los canales 11 y 14 de la televisión gubernamental, las estaciones de radio e internet y las repetidoras de otros canales de YouTube.

Ningún líder, de ningún pueblo, en ninguna época, se dirigirá tantas veces a tanta gente. Ni los emperadores, ni lo zares, ni los césares, ni el nacionalismo alemán, ni los papas, habrán tenido tantas conferencias, tantos discursos como el Presidente de México; este esfuerzo sólo es comparable con la misa diaria en las religiones, para un público numéricamente más modesto y seguro que con diferentes redentores, porque si sumamos las 65 conferencias a razón de 200 mil espectadores por cada una, AMLO se ha dirigido en estos 80 días a 13 millones de personas sin contar los eventos en los estados, que también han tenido cobertura televisiva. Tantas conferencias de prensa no son cosa menor, si no fuera por sus contenidos tan repetitivos.

Durante sus más de 12 años de campaña presidencial, su mandato pre-presidencial después del 1 de julio y su corto periodo presidencial, López Obrador nos ha llenado de conceptos morales que han ido desde la república amorosa hasta la Cartilla Moral remasterizada de Alfonso Reyes pensada para el México de hace 70 años, en este documento el maestro Reyes intenta aportar a las complicaciones valorativas de aquella época, desde su limitada percepción sobre la complejidad, los valores sociales de una sociedad como la mexicana. Este documento que no sirvió en su momento, para un México de 25 millones de habitantes, lo distribuye actualmente el gobierno de la república a 8.5 millones de familias y se pretende en los más de 120 millones de mexicanos actualmente “una reflexión nacional sobre los principios y valores que pueden contribuir a que en nuestras comunidades, haya convivencia armónica y respeto a la pluralidad y a la diversidad”.

Nada nos daría más gusto que todos los mexicanos compartiéramos la estructura social valorativa propuesta por Alfonso Reyes, que aunque incipiente, sería un buen principio para comenzar a construir una sociedad fundada en el respeto. Pero la iniciativa presenta varias complicaciones, la primera es que la estructura moral base que se requiere para apropiarse del contenido del documento, no existe más en nuestra sociedad; el contexto y el pensamiento social sí existía en el México de Reyes, pero en la actualidad el contexto está plagado de corrupción, huachicoleo, de narcocultura, del síndrome de enajenación televisiva, del inmediatismo tecnológico y de una sociedad que lee menos que la de hace 70 años. Pregunto a los millones de seguidores de la llamada 4ta. Transformación ¿quién ha leído ya la Cartilla Moral? y lo pregunto porque es este sector en las redes sociales el que no comparte y no promulga con sus acciones el contenido de este documento, y no pierden la oportunidad de irrespetar y ofender a quien piensa diferente, sin entender que la existencia del pensamiento opuesto es la única garantía para evitar el totalitarismo y es la garantía para el crecimiento, la evolución de la ideas y la convivencia humana.

Durante la conferencia de prensa que da el Ejecutivo todas las mañanas durante más de hora y media, se presenta información por no más de 15 minutos reales (contados) y se pide a la prensa presente que participe con preguntas que no llevan más de 15 minutos reales (contados); los otros 60 minutos es la voz del señor presidente, que bajo el pretexto de contestar las preguntas de los reporteros, comienza una retórica muy repetitiva de los preceptos morales que dan sustento a su propuesta de Nación que van del “me canso ganso” a “el pueblo se cansa de tanta pinche transa”; en el intermedio menciona que “ya no hay corrupción”, que “nadie está por encima de la ley”, que “la gente se debe portar bien”, que “ya nadie tiene necesidad de robar”, que “no es un cambio de gobierno, es un cambio de régimen”, que “no sólo de pan vive el hombre”, que “amor con amor se paga”, “amor al prójimo”, “amor al pueblo”, “amor y paz”. Enumera cada día sus logros, virtudes y por lo menos una vez al día se dice “vamos bien” y dedica una buena parte para denostar a sus detractores con calificativos como: fifís, neofascistas, chayoteros, mezquinos, canallas, mafias, conservadores, neoliberales y neoporfiristas, entre otros, actitud que nada aporta al respeto social y que como él bien dice, el problema viene desde arriba. Si el Presidente no respeta y agrede con calificativos a sus contrarios, ¿cómo puede esperar que sus seguidores lo hagan? y esta sí es una severa contradicción entre lo que se dice y lo que se hace.

La moral planteada por Alfonso Reyes y promovida por Andrés Manuel López Obrador pretende hombres íntegros (se les olvidaron las mujeres) que respeten a la persona humana, a la familia, a la sociedad, la diversidad, las culturas y a la naturaleza, pretensiones que pierden todo su valor al encontrarnos con un gobierno que prioriza el cuidado de los combustibles fósiles por encima del cuidado de las personas, que defiende las inversiones del capitalismo criminal por encima de las economías comunitarias, que pone por encima al turismo que a la biodiversidad, que prefiere producir electricidad que cuidar la calidad de vida de sus habitantes, que por cumplir compromisos deja la educación, la cultura y la ciencia de una nación en las manos equivocadas y quiere poner la seguridad y la vida de todos los mexicanos en manos de los torturadores, violadores y asesinos que han robado la tranquilidad y la paz de todo el país. Es un gobierno que nos habla de soberanía, cuando le sirve al gobierno norteamericano de policía migratoria y desarrolla cortinas económicas de contención de migrantes centroamericanos y acepta que deporten extranjeros a nuestro país usándonos como basurero de los deshechos humanos producidos por el propio capitalismo.

Esa es la peor de las incongruencias y debiera ser considerado un crimen de Estado, porque como él bien dice el ejemplo se pone desde arriba y ese es el ejemplo que está dando con hechos a todos los mexicanos. Lo único que educa es la congruencia y no servirán millones de cartillas, ni de liturgias mañaneras para cambiar el comportamiento de un pueblo que lo que ve es a un Presidente corrompiendo a lo más sagrado que es la vida, la paz y el respeto a la madre tierra.

El 13 de enero en el Valle de Chalco, el Presidente nos dio su definición de justicia: “el amor a la naturaleza, el amor a la patria, el amor a la familia, el amor al prójimo, eso es la justicia”, dijo, pero con sus acciones de gobierno y sus proyectos (recordemos que el Tren Maya nadie lo pidió, es un proyecto de él que impuso con su popularidad), la incongruencia de insistir con la termoeléctrica de Morelos, el apoyo incondicional a Nestlé y la Guardia Nacional Militar, no habrá justicia para los mexicanos y existe una “Cartilla Moral Alternativa” que se llama Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y que si la hace valer por igual, con todo el conjunto de sus leyes políticas, civiles, penales, fiscales, comerciales, etcétera, podríamos sentir justicia. Y que si esta no nos es suficiente debe convocar a una nueva constituyente en donde TODOS decidamos qué tipo de país, de gobierno y bajo qué principios queremos que emerja nuestra nueva nación.

Por lo pronto, festejemos hoy con el Ejecutivo su nuevo récord mundial de conferencias presidenciales, y bien podría regalarnos para festejar este día, el dejar de marearnos con sparrings de poca monta y hacer el anuncio de que veremos a Enrique Peña Nieto en un juicio por todo el daño que hizo al país. Cada día el Presidente menciona un nuevo agravio y pareciera que intencionalmente olvida mencionar a su antecesor como responsable directo de todas las desgracias y delitos que enumera como parte de su ya histórica liturgia mañanera, por supuesto que todo lo anterior está dicho “con mucho respeto”.

La vida es una construcción consciente.

Iván Uranga

@CompaRevolución

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